Santa Inés, Virgen y Mártir, memoria obligatoria.

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Laudes

¡Señor abre mis labios!

R/: ¡Y mi boca proclamará tu alabanza!

Salmo 66:

Que todos los pueblos alaben al Señor.

¡Venid, adoremos al Señor, rey de los mártires!

El Señor tenga piedad y nos bendiga, ilumine su rostro sobre nosotros;

conozca la tierra tus caminos, todos los pueblos tu salvación.

R/: ¡Venid, adoremos al Señor, rey de los mártires!

¡Oh Dios!, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben.

R/: ¡Venid, adoremos al Señor, rey de los mártires!

Que canten de alegría las naciones, porque riges el mundo con justicia,

riges los pueblos con rectitud y gobiernas las naciones de la tierra.

R/: ¡Venid, adoremos al Señor, rey de los mártires!

¡Oh Dios!, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben.

R/: ¡Venid, adoremos al Señor, rey de los mártires!

La tierra ha dado su fruto, nos bendice el Señor, nuestro Dios.

Que Dios nos bendiga; que le teman hasta los confines del orbe.

R/: ¡Venid, adoremos al Señor, rey de los mártires!

¡Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo!

R/: ¡Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos!, ¡Amén!

¡Venid, adoremos al Señor, rey de los mártires!

Himno:

«Quien entrega su vida por amor,  la gana para siempre», dice el Señor.

Aquí el bautismo proclama su voz de gloria y de muerte.

Aquí la unción se hace fuerte  contra el cuchillo y la llama.

Mirad cómo se derrama, mi sangre por cada herida.

Si Cristo fue mi comida, dejadme ser pan y vino,

en el lagar y en el molino donde me arrancan la vida.

Salmodia:

¡Mi Señor Jesucristo ha puesto en mi dedo el anillo nupcial y ha colocado sobre mi cabeza la corona de esposa!

Salmos 62, versículos 2 al 9.

¡Oh Dios!, tú eres mi Dios, por ti madrugo,

Mi alma está sedienta de ti, mi carne tiene ansia de ti,

Como tierra reseca, agostada, sin agua.

¡Cómo te contemplaba en el santuario viendo tu fuerza y tu gloria!

Tu gracia vale más que la vida, te alabarán mis labios.

Toda mi vida te bendeciré y alzaré las manos invocándote.

Me saciaré  como de enjundia y de manteca, y mis labios te alabarán jubilosos.

En el lecho me acuerdo de ti y velando medito en ti, porque fuiste mi auxilio,

Y a la sombra de tus alas canto con júbilo,

Mi alma esta unidad y tu diestra me sostiene.

¡Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo!

R/: ¡Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos!, ¡Amén!

¡Mi Señor Jesucristo ha puesto en mi dedo el anillo nupcial y ha colocado sobre mi cabeza la corona de esposa!

¡Estoy desposada con aquel a quien sirven los ángeles y cuya belleza admiran el sol y la luna!

Daniel, capítulo 3, versículos 57 al 88 y 56.

Criaturas todas del Señor, bendecid al Señor, ensalzadlo con himnos por los siglos.

Ángeles del Señor, bendecid al Señor; cielos, bendecid al Señor.

Aguas del espacio, bendecid al Señor; ejércitos del Señor, bendecid al Señor.

Sol y luna, bendecid al Señor; astros del cielo, bendecid al Señor.

Lluvia y rocío, bendecid al Señor; vientos todos, bendecid al Señor.

Fuego y calor, bendecid al Señor; fríos y heladas, bendecid al Señor.

Rocío y nevadas, bendecid al Señor; témpanos y hielos, bendecid al Señor.

Escarchas y nieves, bendecid al Señor; noche y día, bendecid al Señor.

Luz y tinieblas, bendecid al Señor; rayos y nubes, bendecid al Señor.

Bendiga la tierra al Señor, ensálcelo con himnos por los siglos.

Montes y cumbres, bendecid al Señor; cuanto germina en la tierra, bendiga al Señor.

Manantiales, bendecid al Señor; mares y ríos, bendecid al Señor.

Cetáceos y peces, bendecid al Señor; Aves del cielo, bendecid al Señor.

Fieras y ganados, bendecid al Señor; ensalzadlo con himnos por los siglos.

Hijos de los hombres, bendecid al Señor; bendiga Israel al Señor.

Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor; siervos del Señor, bendecid al Señor.

Almas y espíritus justos, bendecid al Señor; Santos y humildes de corazón, bendecid al Señor.

Ananías, Azarías y Misael, bendecid al Señor; ensalzadlo con himnos por los siglos.

Bendigamos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, ensalcémoslo con himnos por los siglos.

Bendito el Señor en la bóveda del cielo, alabado y glorioso y ensalzado por los siglos.

¡Estoy desposada con aquel a quien sirven los ángeles y cuya belleza admiran el sol y la luna!

¡Alegraos conmigo y felicitadme, porque he obtenido un trono resplandeciente en la asamblea de los santos!

Salmo 149:

Cantad al Señor un cántico nuevo, resuene su alabanza en la asamblea de los fieles;

Que se alegre Israel por su Creador, los hijos de Sión por su Rey.

Alabad su nombre con danzas, cantadle con tambores y cítaras;

Porque el Señor ama a su pueblo y adorna con la victoria a los humildes.

Que los fieles festejan su gloria y canten jubilosos en filas:

Con vítores a Dios en la boca y espadas de dos filos en las manos.

Para tomar venganza de los pueblos y aplicar el castigo a las naciones,

Sujetando a los reyes con argollas, a los nobles con esposas de hierro.

Ejecutar la sentencia dictada es un honor para todos sus fieles.

¡Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo!

R/: ¡Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos!, ¡Amén!

¡Alegraos conmigo y felicitadme, porque he obtenido un trono resplandeciente en la asamblea de los santos!

Lectura breve

2 Corintios, capítulo 1, versículos 3 al 5.

¡Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordia y Dios del consuelo!

Él nos alienta en nuestras luchas hasta el punto de poder nosotros alentar a los demás en cualquier lucha, repartiendo con ellos el ánimo que nosotros recibimos de Dios.

Si los sufrimientos de Cristo rebosan sobre nosotros, gracias a Cristo rebosa en proporción nuestro ánimo.

Responsorio breve:

Dios la socorre al despuntar la aurora.

Dios la socorre al despuntar la aurora.

Teniendo a Dios en medio no vacila.

Al despuntar la aurora.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Dios la socorre al despuntar la aurora.

Cántico Evangélico:

¡Al que deseé, ya lo veo; al que esperaba, ya lo poseo; estoy unida en el cielo con aquel que amé ardientemente en la tierra!

Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo,

Suscitándonos una fuerza de salvación en la casa de David, su siervo,

Según lo había predicho desde antiguo por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos odian;

Realizando la misericordia que tuvo con nuestros padres, recordando su santa alianza,

Y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor, arrancados de la mano de los enemigos,

Le sirvamos con santidad y justicia, en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor a preparar sus caminos,

Anunciando a su pueblo la salvación, el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto,

Para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz.

¡Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo!

R/: ¡Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos!, ¡Amén!

¡Al que deseé, ya lo veo; al que esperaba, ya lo poseo; estoy unida en el cielo con aquel que amé ardientemente en la tierra!

Preces:

Celebremos, amados hermanos, a nuestro Salvador, el testigo fiel, y, al recordar hoy a los santos mártires que murieron a causa de la palabra de Dios, aclamémoslo, diciendo:

¡Nos has comprado, Señor, con tu sangre!

Por la intercesión de los santos mártires, que entregaron libremente su vida como testimonio de la fe,

concédenos, Señor, la verdadera libertad de espíritu.

Por la intercesión de los santos mártires, que proclamaron la fe hasta derramar su sangre,

concédenos, Señor, la integridad y la constancia de la fe.

Por la intercesión de los santos mártires, que soportando la cruz, siguieron tus pasos,

concédenos, Señor, soportar con generosidad las contrariedades de la vida.

Por la intercesión de los santos mártires, que lavaron su manto en la sangre del Cordero,

concédenos, Señor, vencer las obras del mundo y de la carne.

Dirijamos ahora, todos juntos, nuestra oración al Padre, y digámosle:

Padre nuestro, que estás en el Cielo, santificado sea tu nombre,

Venga a nosotros tu Reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el Cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden,

No nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. ¡Amén!

Oración:

Dios todopoderoso y eterno, que eliges a los débiles para confundir a los fuertes de este mundo,

Concédenos a cuantos celebramos el triunfo de tu mártir santa Inés imitar la firmeza de su fe.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

Madre del Redentor, Virgen fecunda;

Puerta del cielo siempre abierta, Estrella del mar.

Ven a librar al pueblo que tropieza y se quiere levantar.

Ante la admiración de cielo y tierra,

Engendraste a tu Santo Creador y permaneces siempre Virgen.

Recibe el saludo del Ángel Gabriel y ten piedad de nosotros pecadores.

¡El Señor nos bendiga, nos guarde de todos mal y nos lleve a la vida eterna!

R/: ¡Amén!

 

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Padre Carlos Yepes

El Padre Carlos Yepes es un sacerdote Colombiano reconocido por su labor evangelizadora en los medios de comunicación a través de los cuales hace:
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Oraciones diarias

Fundación Amén Comunicaciones

Es una productora Católica, dedicada a la evangelización digital y de televisión.
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