Laudes

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¡Señor, abre mis labios!

¡Y  mi boca proclamará tu alabanza!

Salmo 66:

¡Qué todos los pueblos alaben al Señor!

Ojalá escuchéis, hoy, la voz del Señor; no endurezcáis vuestro corazón.

El Señor tenga piedad y nos bendiga, ilumine su rostro sobre nosotros;

conozca la tierra tus caminos, todos los pueblos tu salvación.

Ojalá escuchéis, hoy, la voz del Señor; no endurezcáis vuestro corazón.

¡Oh Dios!, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben.

Ojalá escuchéis, hoy, la voz del Señor; no endurezcáis vuestro corazón.

Que canten de alegría las naciones, porque riges el mundo con justicia,

riges los pueblos con rectitud y gobiernas las naciones de la tierra.

Ojalá escuchéis, hoy, la voz del Señor; no endurezcáis vuestro corazón.

¡Oh Dios!, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben.

Ojalá escuchéis, hoy, la voz del Señor; no endurezcáis vuestro corazón.

La tierra ha dado su fruto, nos bendice el Señor, nuestro Dios.

Que Dios nos bendiga; que le teman hasta los confines del orbe.

Ojalá escuchéis, hoy, la voz del Señor; no endurezcáis vuestro corazón.

¡Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo!

¡Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos!

¡Amén!

Ojalá escuchéis, hoy, la voz del Señor; no endurezcáis vuestro corazón.

Himno:

Cuando vuelto hacia ti de mi pecado iba pensando en confesar sincero el dolor desgarrado y verdadero del delito de haberte abandonado.

Cuando pobre volvime a ti humillado, me ofrecí como inmundo pordiosero; cuando, temiendo tu mirar severo bajé los ojos, me sentí abrazado.

Sentí mis labios por tu amor sellados y ahogarse entre, tus lágrimas divinas la triste confesión de mis pecados.

Llenóse el alma en luces matutinas, y, viendo ya mis males perdonados, quise para mi frente tus espinas.

¡Amén!

Salmodia:

¡Tu luz, Señor, nos hace ver la luz!

Salmo 35:

El malvado escucha en su interior un oráculo del pecado: No tengo miedo a Dios, ni en su presencia. Porque se hace la ilusión de que su culpa no será descubierta ni aborrecida.

Las palabras de su boca son maldad y traición, renuncia a ser sensato y a obrar bien; acostado medita el crimen, se obstina en el mal camino, no rechaza la maldad.

Señor, tu misericordia llega al cielo, tu fidelidad hasta las nubes; tu justicia hasta las altas cordilleras, tus sentencias son como el océano inmenso.

Tú socorres a hombres y animales; ¡qué inapreciable es tu misericordia, oh Dios!, los humanos se acogen a la sombra de tus alas.

Se nutren de lo sabroso de tu casa, les das a beber del torrente de tus delicias, porque en ti está la fuente viva, y tu luz nos hace ver la luz. Prolonga tu misericordia con los que te reconocen, tu justicia con los rectos de corazón; que no me pisotee el pie del soberbio, que no me eche fuera la mano del malvado.

Han fracasado los malhechores; derribados, no se pueden levantar.

¡Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo!

¡Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos!

¡Amén!

¡Tu luz, Señor, nos hace ver la luz!

¡Señor, tú eres grande, tu fuerza es invencible!

Cántico:

Judit 16, 2-3.15-19:

¡Alabad a mi Dios con tambores, elevad cantos al Señor con cítaras, ofrecedle los acordes de un salmo de alabanza, ensalzad e invocad su nombre! Porque el Señor es un Dios quebrantador de guerras, su nombre es el Señor.

Cantaré a mi Dios un cántico nuevo: Señor, tú eres grande y glorioso, admirable en tu fuerza, invencible.

Que te sirva toda la creación, porque tú lo mandaste, y existió; enviaste tu aliento, y la construiste, nada puede resistir a tu voz.

Sacudirán las olas los cimientos de los montes, las peñas en tu presencia se derretirán como cera, pero tú serás propicio a tus fieles.

¡Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo!

¡Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos!

¡Amén!

¡Señor, tú eres grande, tu fuerza es invencible!

¡Aclamad a Dios con gritos de júbilo!

Salmo 46

Pueblos todos, batid palmas, aclamad a Dios con gritos de júbilo; porque el Señor es sublime y terrible, emperador de toda la tierra.

Él nos somete los pueblos y nos sojuzga las naciones; él nos escogió por heredad suya: gloria de Jacob, su amado.

Dios asciende entre aclamaciones; el Señor, al son de trompetas: tocad para Dios, tocad, tocad para nuestro Rey, tocad.

Porque Dios es el rey del mundo: tocad con maestría. Dios reina sobre las naciones, Dios se sienta en su trono sagrado.

Los príncipes de los gentiles se reúnen con el pueblo del Dios de Abraham; porque de Dios son los grandes de la tierra, y él es excelso.

¡Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo!

¡Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos!

¡Amén!

¡Aclamad a Dios con gritos de júbilo!

Lectura breve:

Is 50,5-7

El Señor me abrió el oído; yo no me resistí ni me eché atrás; ofrecí la espalda a los que me apaleaban, las mejillas a los que mesaban mi barba, no me tapé el rostro ante ultrajes ni salivazos. El Señor me ayuda, por eso no sentía los ultrajes; por eso endurecí el rostro como pedernal, sabiendo que no quedaría defraudado.

Responsorio breve:

Él me librará de la red del cazador. Él me librará de la red del cazador.

Me cubrirá con sus plumas. De la red del cazador.

¡Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo! ¡Él me librará de la red del cazador!

Cántico evangélico:

Si os mantenéis en mi palabra, seréis en verdad discípulos míos, dice el Señor; conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.

Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo, suscitándonos una fuerza de salvación en la casa de David, su siervo, según lo había predicho desde antiguo por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos odian; realizando la misericordia que tuvo con nuestros padres, recordando su santa alianza y el juramento que juró a nuestro padre:  Abraham.

Para concedernos que, libres de temor, arrancados de la mano de los enemigos, le sirvamos con santidad y justicia, en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor a preparar sus caminos, anunciando a su pueblo la salvación, el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz.

¡Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo!

¡Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos!,

¡Amén!

Si os mantenéis en mi palabra, seréis en verdad discípulos míos, dice el Señor; conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.

Preces:

Bendigamos al Autor de nuestra salvación, que ha querido renovar en sí mismo todas las cosas, y digámosle:

Renuévanos Señor, por tu Espíritu Santo.

Señor, tú que nos has prometido un cielo nuevo y una tierra nueva, renuévanos sin cesar por tu Espíritu Santo.

Para que lleguemos a gozar eternamente de ti en la nueva Jerusalén.

 Que trabajemos, Señor, para que el mundo se impregne de tu Espíritu.

Y se logre así más eficazmente la justicia, el amor y la paz universal.

 Enséñanos, Señor, a corregir nuestra pereza y nuestra desidia.

Y a poner nuestro corazón en los bienes eternos.

 Líbranos del mal.

Y presérvanos de la fascinación de la vanidad, que oscurece la mente y oculta el bien.

Tal como nos enseñó el Señor, terminemos nuestra oración, diciendo:

¡Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo;

danos, hoy,  nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden, no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal!

Oración final:

Ilumina, Señor, el corazón de tus fieles, purificado por las penitencias de Cuaresma, y tú, que nos infundes el piadoso deseo de servirte, escucha paternalmente nuestras súplicas.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios por los siglos de los siglos.

¡Amén!

El Señor nos bendiga, y nos guarde de todo mal, y nos lleve a la vida eterna.

¡Amén!

Salve, Reina de los Cielos y Señora de los Ángeles; salve raíz, salve puerta que dio paso a nuestra luz; alégrate, Virgen Gloriosa, entre todas la más bella; salve, Agraciada Doncella,  ruega a  Cristo por nosotros.

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Padre Carlos Yepes

El Padre Carlos Yepes es un sacerdote Colombiano reconocido por su labor evangelizadora en los medios de comunicación a través de los cuales hace:
Reflexiones diarias del evangelio (Palabra de Vida)
Reflexiones para vivir con sentido
Oraciones diarias

Fundación Amén Comunicaciones

Es una productora Católica, dedicada a la evangelización digital y de televisión.
Su misión es anunciar el evangelio de manera clara, sencilla y existencial al hombre de hoy, tan necesitado de un mensaje de sabiduría, paz y esperanza para su vida.