Laudes

¡Señor, abre mis labios!

¡Y mi boca proclamará tu alabanza!

Salmo 99

¡Alegría de los que entran en el templo!

¡Venid adoremos a Cristo, el Señor, que por nosotros fue tentado y por nosotros murió!

Aclama al Señor tierra entera, servid al Señor con alegría; entrad en su presencia con aclamaciones.

¡Venid adoremos a Cristo, el Señor,  que por nosotros fue tentado y por nosotros murió!

Sabed que el Señor es Dios, que él nos hizo y somos suyos, su pueblo y ovejas de su rebaño.

¡Venid adoremos a Cristo, el Señor,  que por nosotros fue tentado y por nosotros murió!

Entrad por sus puertas con acción de gracias,  por sus atrios con himnos dándole gracias y bendiciendo su nombre.

¡Venid adoremos a Cristo, el Señor,  que por nosotros fue tentado y por nosotros murió!

El Señor es bueno, su misericordia es eterna, su fidelidad por todas las edades.

¡Venid adoremos a Cristo, el Señor,  que por nosotros fue tentado y por nosotros murió!

¡Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo!,

¡Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos!

¡Amén!

¡Venid adoremos a Cristo, el Señor,  que por nosotros fue tentado y por nosotros murió!

Himno:

Los hombros traigo cargados de graves culpas, mi Dios;

dadme esas lágrimas, vos, y tomad estos pecados.

Yo soy quien ha de llorar, por ser acto de flaqueza;

que no hay en naturaleza más flaqueza que el pecar.

Y, pues andamos trocados, que yo peco y lloráis vos,

dadme esas lágrimas, vos, y tomad estos pecados.

Vos sois quien cargar se puede estas mis culpas mortales,

que la menor de estas tales a cualquier peso excede.

Y, pues que son tan pesados aquestos yerros, mi Dios,

dadme esas lágrimas vos y tomad estos pecados.

Al Padre, al Hijo, al amor, alegres cantad, criaturas,

y resueno en las alturas toda gloria y todo honor.

¡Amén!

Salmodia:

¡Me adelanto a la aurora pidiendo auxilio!

Salmo 118, 145 – 152

Te invoco de todo corazón:

respóndeme, Señor, y guardaré tus leyes;

a ti grito: sálvame,

y cumpliré tus decretos;

me adelanto a la aurora pidiendo auxilio,

esperando tus palabras.

Mis ojos se adelantan a las vigilias,

meditando tu promesa;

escucha mi voz por tu misericordia,

con tus mandamientos dame vida;

ya se acercan mis inicuos perseguidores,

están lejos de tu voluntad.

Tú, Señor, estás cerca,

y todos tus mandatos son estables;

hace tiempo comprendí que tus preceptos

los fundaste para siempre.

¡Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo!,

¡Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos!

¡Amén!

¡Me adelanto a la aurora pidiendo auxilio!

¡Mi fuerza y mi poder es el Señor, él fue mi salvación!

Cántico:

Éxodo 15, 1 al 4, 8 al 13, 17 al 18.

Cantaré al Señor, sublime es su victoria,

caballos y carros ha arrojado en el mar.

Mi fuerza y mi poder es el Señor,

él fue mi salvación.

Él es mi Dios: yo lo alabaré;

el Dios de mis padres: yo lo ensalzaré.

El Señor es un guerrero,

su nombre es el Señor.

Los carros del Faraón los lanzó al mar,

ahogó en el mar Rojo a sus mejores capitanes.

Al soplo de tu nariz, se amontonaron las aguas,

las corrientes se alzaron como un dique,

las olas se cuajaron en el mar.

Decía el enemigo: Los perseguiré y alcanzaré,

repartiré el botín, se saciará mi codicia,

empuñaré la espada, los agarrará mi mano.

Pero sopló tu aliento, y los cubrió el mar,

se hundieron como plomo en las aguas formidables.

¿Quién como tú, Señor, entre los dioses?

¿Quién como tú, terrible entre los santos,

temible por tus proezas, autor de maravillas?

Extendiste tu diestra: se los tragó la Tierra; guiaste con misericordia a tu pueblo rescatado,

los llevaste con tu poder hasta tu santa morada.

Lo introduces y lo plantas en el monte de tu heredad,

lugar del que hiciste tu trono, Señor;

santuario, Señor, que fundaron tus manos.

El Señor reina por siempre jamás.

¡Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo!,

¡Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos!

¡Amén!

¡Mi fuerza y mi poder es el Señor, él fue mi salvación!

¡Alabad al Señor, todas las naciones!

Salmo 116

Alabad al Señor, todas las naciones,

aclamadlo, todos los pueblos.

Firme es su misericordia con nosotros,

su fidelidad dura por siempre.

¡Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo!,

¡Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos!

¡Amén!

¡Alabad al Señor, todas las naciones!

Lectura breve:

Isaías 1, 16 – 18

Lavaos, purificaos, apartad de mi vista a vuestras malas acciones, cesad de obrar el mal,  aprended  a obrar el bien; buscad lo justo, dad sus derechos al oprimido, defender al huérfano; proteged a la viuda, entonces venid y litigaremos, dice el Señor: “aunque vuestros pecados fuesen como púrpura, blanquearan como nieve; aunque sean rojos como escarlata, quedarán como lana.

Responsorio breve:

Él me librará de la red del cazador.

Él me librará de la red del cazador.

Me cubrirá con sus plumas.

De la red del cazador.

¡Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo!

¡Él me librará de la red del cazador!

Cántico evangélico:

¡Rezad por los que os persiguen y calumnian, así seréis hijos de vuestro Padre, que está en el cielo, dice el Señor!

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

porque ha visitado y redimido a su pueblo,

suscitándonos una fuerza de salvación

en la casa de David, su siervo,

según lo había predicho desde antiguo

por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos

y de la mano de todos los que nos odian;

realizando la misericordia

que tuvo con nuestros padres,

recordando su santa alianza

y el juramento que juró a nuestro padre:  Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,

arrancados de la mano de los enemigos,

le sirvamos con santidad y justicia,

en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,

porque irás delante del Señor

a preparar sus caminos,

anunciando a su pueblo la salvación,

el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,

nos visitará el sol que nace de lo alto,

para iluminar a los que viven en tinieblas

y en sombra de muerte,

para guiar nuestros pasos

por el camino de la paz.

¡Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo!

¡Cómo era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos!

¡Amén!

¡Rezad por los que os persiguen y calumnian, así seréis hijos de vuestro Padre, que está en el cielo, dice el Señor!

Preces:

Glorifiquemos a Cristo, que para hacer de nosotros criaturas nuevas ha instituido el baño del bautismo y nos alimenta con su palabra y su cuerpo, y supliquémosle, diciendo:

Renuévanos con tu gracia, Señor.

Señor Jesús, tú que eres manso y humilde de corazón,

danos entrañas de misericordia, bondad y humildad.

Y haz que tengamos paciencia con todos.

Que sepamos ayudar a los necesitados y consolar a los que sufren.

para imitarte a ti, el buen Samaritano.

Que María, la Virgen Madre, interceda por las vírgenes que se han consagrado a tu servicio.

Para que vivan su virginidad en bien de la Iglesia.

Concédenos la abundancia de tu misericordia.

Y perdona la multitud de nuestros pecados y el castigo que por ellos merecemos.

Con la misma confianza que tienen los hijos con sus padres, acudamos nosotros a nuestro Dios, diciéndole: ¡Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo;

danos, hoy,  nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden, no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal!

Oración final:

Dios Padre eterno, vuelve hacia ti nuestros corazones para que, consagrados a tu servicio, no busquemos, si no a ti: lo único necesario, y nos entreguemos a la práctica de las obras de misericordia.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios por los siglos de los siglos.

¡Amén!

El Señor nos bendiga, y nos guarde de todo mal, y nos lleve a la vida eterna.

¡Amén!

Bajo tu amparo nos acogemos, santa Madre de Dios, no desprecies las oraciones que te dirigimos en nuestras necesidades, antes bien, líbranos de todo peligro, ¡oh Virgen gloriosa y bendita!

 

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Padre Carlos Yepes

El Padre Carlos Yepes es un sacerdote Colombiano reconocido por su labor evangelizadora en los medios de comunicación a través de los cuales hace:
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Oraciones diarias

Fundación Amén Comunicaciones

Es una productora Católica, dedicada a la evangelización digital y de televisión.
Su misión es anunciar el evangelio de manera clara, sencilla y existencial al hombre de hoy, tan necesitado de un mensaje de sabiduría, paz y esperanza para su vida.