Evangelio del Hoy Padre Carlos Yepes
Para escuchar el evangelio de hoy Evangelio del día de hoy viernes 3 abril 2026 – padre Carlos Yepes y la reflexión puedes darle clic al siguiente video.
Lectura de hoy
Isaías (52, 13—53, 12)
He aquí que mi siervo prosperará, será engrandecido y exaltado, será puesto en alto. Muchos se horrorizaron al verlo, porque estaba desfigurado su semblante, que no tenía ya aspecto de hombre; pero muchos pueblos se llenaron de asombro. Ante él los reyes cerrarán la boca, porque verán lo que nunca se les había contado y comprenderán lo que nunca se habían imaginado. ¿Quién habrá de creer lo que hemos anunciado? ¿A quién se
le revelará el poder del Señor? Creció en su presencia como planta débil, como una raíz en
el desierto. No tenía gracia ni belleza. No vimos en él ningún aspecto atrayente; despreciado y rechazado por los hombres, varón de dolores, habituado al sufrimiento; como uno del cual se aparta la mirada, despreciado y desestimado. El soportó nuestros sufrimientos y aguantó nuestros dolores; nosotros lo tuvimos por leproso, herido por Dios y humillado, traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes. El soportó el castigo que nos trae la paz. Por sus llagas hemos sido curados. Todos andábamos errantes como ovejas, cada uno siguiendo su camino, y el Señor cargó sobre él todos nuestros crímenes. Cuando lo maltrataban, se humillaba y no abría la boca, como un cordero llevado a degollar; como oveja ante el esquilador, enmudecía y no abría la boca. Inicuamente y contra toda justicia se lo llevaron. ¿Quién se preocupó de su suerte? Lo arrancaron de la tierra de los vivos, lo hirieron de muerte por los pecados de mi pueblo, le dieron sepultura con los malhechores a la hora de su muerte, aunque no había cometido crímenes, ni hubo engaño en su boca. El Señor quiso triturarlo con el sufrimiento. Cuando entregue su vida como expiación, verá a sus descendientes, prolongará sus años y por medio de él prosperarán los designios del Señor. Por las fatigas de su alma, verá la luz y se saciará; con sus sufrimientos justificará mi siervo a muchos, cargando con los crímenes de ellos. Por eso le daré una parte entre los grandes, y con los fuertes repartirá despojos, ya que indefenso se entregó a la muerte y fue contado entre los malhechores, cuando tomó sobre sí las culpas de todos e intercedió por los pecadores. Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.
Salmo del día de hoy
Salmo 30
Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.
A ti, Señor, me acojo,
que no quede yo nunca
defraudado.
En tus manos encomiendo
mi espíritu
y tú, mi Dios leal, me librarás.
Padre, en tus manos
encomiendo mi espíritu.
Se burlan de mí mis enemigos,
mis vecinos y parientes
de mí se espantan,
los que me ven pasar
huyen de mí. Estoy en el olvido,
como un muerto,
como un objeto tirado
en la basura.
Padre, en tus manos
encomiendo mi espíritu.
Pero yo, Señor, en ti confío.
Tú eres mi Dios,
y en tus manos está mi destino.
Líbrame de los enemigos
que me persiguen.
Padre, en tus manos
encomiendo mi espíritu.
Vuelve, Señor,
tus ojos a tu siervo
y sálvame, por tu misericordia.
Sean fuertes
y valientes de corazón,
ustedes, los que esperan
en el Señor.
Padre, en tus manos
encomiendo mi espíritu.
Segunda lectura del día de hoy
Lectura de la carta a los hebreos (4, 14-16; 5, 7-9)
Hermanos: Jesús, el Hijo
de Dios, es nuestro sumo
sacerdote, que ha entrado
en el cielo. Mantengamos
firme la profesión de nuestra
fe. En efecto, no tenemos un
sumo sacerdote que no sea
capaz de compadecerse de
nuestros sufrimientos, puesto
que él mismo ha pasado
por las mismas pruebas que
nosotros, excepto el pecado.
Acerquémonos, por tanto, con
plena confianza al trono de la
gracia, para recibir misericordia,
hallar la gracia y obtener ayuda
en el momento oportuno.
Precisamente por eso, Cristo,
durante su vida mortal, ofreció
oraciones y súplicas, con
fuertes voces y lágrimas, a
aquel que podía librarlo de la
muerte, y fue escuchado por
su piedad. A pesar de que era
el Hijo, aprendió a obedecer
padeciendo, y llegado a su
perfección, se convirtió en la
causa de la salvación eterna
para todos los que lo obedecen.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Aclamación antes del Evangelio
Honor y gloria a ti,
Señor Jesús.
Cristo se humilló por nosotros
y por obediencia aceptó incluso
la muerte y una muerte de cruz.
Por eso Dios lo exaltó sobre
todas las cosas y le otorgó el
nombre que está sobre todo
nombre.
Honor y gloria a ti,
Señor Jesús.
Evangelio del día de hoy
Evangelio
† Pasión de nuestro Señor
Jesucristo, según San Juan
(18, 1—19, 42)
Apresaron a Jesús y lo ataron
C. En aquel tiempo, Jesús fue
con sus discípulos al otro lado
del torrente Cedrón, donde había
un huerto, y entraron allí él y
sus discípulos. Judas, el traidor,
conocía también el sitio, porque
Jesús se reunía a menudo allí
con sus discípulos.
Entonces Judas tomó un
batallón de soldados y guardias
de los sumos sacerdotes y de
los fariseos y entró en el huerto
con linternas, antorchas y armas.
Jesús, sabiendo todo lo que
iba a suceder, se adelantó
y les dijo:
†. “¿A quién buscan?”
C. Le contestaron:
S. “A Jesús, el nazareno”.
C. Les dijo Jesús:
†. “Yo soy”.
C. Estaba también con ellos
Judas, el traidor. Al decirles ‘Yo
soy’, retrocedieron y cayeron
a tierra. Jesús les volvió a
preguntar:
†. “¿A quién buscan?”
C. Ellos dijeron:
S. “A Jesús, el nazareno”.
C. Jesús contestó:
†. “Les he dicho que soy yo.
Si me buscan a mí, dejen que
éstos se vayan”.
C. Así se cumplió lo que Jesús
había dicho: ‘No he perdido a
ninguno de los que me diste’.
Entonces Simón Pedro, que
llevaba una espada, la sacó
e hirió a un criado del sumo
sacerdote y le cortó la oreja
derecha. Este criado se llamaba
Malco. Dijo entonces Jesús a
Pedro:
†. “Mete la espada en la vaina.
¿No voy a beber el cáliz que me
ha dado mi Padre?”
C. El batallón, su comandante
y los criados de los judíos
apresaron a Jesús, lo ataron y
lo llevaron primero ante Anás,
porque era suegro de Caifás,
sumo sacerdote aquel año.
Caifás era el que había dado
a los judíos este consejo:
‘Conviene que muera un solo
hombre por el pueblo’.
Simón Pedro y otro discípulo
iban siguiendo a Jesús. Este
discípulo era conocido del sumo
sacerdote y entró con Jesús en
el palacio del sumo sacerdote,
mientras Pedro se quedaba
fuera, junto a la puerta. Salió el
otro discípulo, el conocido del
sumo sacerdote, habló con la
portera e hizo entrar a Pedro. La
portera dijo entonces a Pedro:
S. “¿No eres tú también uno de
los discípulos de ese hombre?”
C. El dijo:
S. “No lo soy”.
C. Los criados y los guardias
habían encendido un brasero,
porque hacía frío, y se
calentaban. También Pedro
estaba con ellos de pie,
calentándose.
El sumo sacerdote interrogó a
Jesús acerca de sus discípulos y
de su doctrina. Jesús le contestó:
†. “Yo he hablado abiertamente
al mundo y he enseñado
continuamente en la sinagoga y
en el templo, donde se reúnen
todos los judíos, y no he dicho
nada a escondidas. ¿Por qué me
interrogas a mí? Interroga a los
que me han oído, sobre lo que
les he hablado. Ellos saben lo
que he dicho”.
C. Apenas dijo esto, uno de los
guardias le dio una bofetada a
Jesús, diciéndole:
S. “¿Así contestas al sumo
sacerdote?”
C. Jesús le respondió:
†. “Si he faltado al hablar,
demuestra en qué he faltado;
pero si he hablado como se
debe, ¿por qué me pegas?”
C. Entonces Anás lo envió atado
a Caifás, el sumo sacerdote.
¿No eres tú también uno de sus
discípulos? No lo soy
C. Simón Pedro estaba de pie,
calentándose, y le dijeron:
S. “¿No eres tú también uno
de sus discípulos?”
C. El lo negó diciendo:
S. “No lo soy”.
C. Uno de los criados del
sumo sacerdote, pariente de
aquel a quien Pedro le había
cortado la oreja, le dijo:
S. “¿Qué no te vi yo con él en
el huerto?”
C. Pedro volvió a negarlo y
enseguida cantó un gallo.
¿De qué acusan a este hombre?
Mi Reino no es de este mundo
C. Llevaron a Jesús de casa
de Caifás al pretorio. Era muy
de mañana y ellos no entraron
en el palacio para no incurrir en
impureza y poder así comer la
cena de Pascua.
Salió entonces Pilato a donde
estaban ellos y les dijo:
S. “¿De qué acusan a este
hombre?”
C. Le contestaron:
S. “Si éste no fuera un
malhechor, no te lo hubiéramos
traído”.
C. Pilato les dijo:
S. “Pues llévenselo y júzguenlo
según su ley”.
C. Los judíos le respondieron:
S. “No estamos autorizados
para dar muerte a nadie”.
C. Así se cumplió lo que había
dicho Jesús, indicando de qué
muerte iba a morir.
Entró otra vez Pilato en el
pretorio, llamó a Jesús y le dijo:
S. “¿Eres tú el rey de los
judíos?”
C. Jesús le contestó:
†. “¿Eso lo preguntas por tu
cuenta o te lo han dicho otros?”
C. Pilato le respondió:
S. “¿Acaso soy yo judío?
Tu pueblo y los sumos
sacerdotes te han entregado a
mí. ¿Qué es lo que has hecho?”
C. Jesús le contestó:
†. “Mi Reino no es de este
mundo. Si mi Reino fuera de
este mundo, mis servidores
habrían luchado para que no
cayera yo en manos de los
judíos. Pero mi Reino no es de
aquí”.
C. Pilato le dijo:
S. “¿Conque tú eres rey?”
C. Jesús le contestó:
†. “Tú lo has dicho. Soy rey.
Yo nací y vine al mundo para
ser testigo de la verdad.
Todo el que es de la verdad,
escucha mi voz”.
C. Pilato le dijo:
S. “¿Y qué es la verdad?”
C. Dicho esto, salió otra vez a
donde estaban los judíos y les
dijo:
S. “No encuentro en él
ninguna culpa. Entre ustedes
es costumbre que por Pascua
ponga en libertad a un preso.
¿Quieren que les suelte al rey de
los judíos?”
C. Pero todos ellos gritaron:
S. “¡No, a ése no! ¡A Barrabás!”
C. (El tal Barrabás era un
bandido).
C. Entonces Pilato tomó a
Jesús y lo mandó azotar. Los
soldados trenzaron una corona
de espinas, se la pusieron en
la cabeza, le echaron encima
un manto color púrpura, y
acercándose a él, le decían:
S. “¡Viva el rey de los judíos!”,
C. y le daban de bofetadas.
Pilato salió otra vez afuera y
les dijo:
S. “Aquí lo traigo para que
sepan que no encuentro en él
ninguna culpa”.
C. Salió, pues, Jesús,
llevando la corona de espinas
y el manto color púrpura.
Pilato les dijo:
S. “Aquí está el hombre”.
C. Cuando lo vieron los sumos
sacerdotes y sus servidores,
gritaron:
S. “¡Crucifícalo, crucifícalo!”
C. Pilato les dijo:
S. “Llévenselo ustedes y
crucifíquenlo, porque yo no
encuentro culpa en él”.
C. Los judíos le contestaron:
S. “Nosotros tenemos una ley
y según esa ley tiene que morir,
porque se ha declarado Hijo de
Dios”.
C. Cuando Pilato oyó estas
palabras, se asustó aún más, y
entrando otra vez en el pretorio,
dijo a Jesús:
S. “¿De dónde eres tú?”
C. Pero Jesús no le respondió.
Pilato le dijo entonces:
S. “¿A mí no me hablas? ¿No
sabes que tengo autoridad
para soltarte y autoridad para
crucificarte?”
C. Jesús le contestó:
†. “No tendrías ninguna
autoridad sobre mí, si no te la
hubieran dado de lo alto. Por
eso, el que me ha entregado a ti
tiene un pecado mayor”.
C. Desde ese momento Pilato
trataba de soltarlo, pero los
judíos gritaban:
S. “¡Si sueltas a ése, no eres
amigo del César!; porque todo
el que pretende ser rey, es
enemigo del César”.
C. Al oír estas palabras,
Pilato sacó a Jesús y lo sentó
en el tribunal, en el sitio que
llaman “el Enlosado” (en hebreo
Gábbata).
Era el día de la preparación de la
Pascua, hacia el mediodía.
Y dijo Pilato a los judíos:
S. “Aquí tienen a su rey”.
C. Ellos gritaron:
S. “¡Fuera, fuera! ¡Crucifícalo!”
C. Pilato les dijo:
S. “¿A su rey voy a crucificar?”
C. Contestaron los sumos
sacerdotes:
S. “No tenemos más rey que el
César”.
C. Entonces se lo entregó para
que lo crucificaran.
C. Tomaron a Jesús y él,
cargando con la cruz, se
dirigió hacia el sitio llamado “la
Calavera” (que en hebreo se dice
Gólgota), donde lo crucificaron,
y con él a otros dos, uno de
cada lado, y en medio Jesús.
Pilato mandó escribir un letrero
y ponerlo encima de la cruz;
en él estaba escrito: ‘Jesús
nazareno, el rey de los judíos’.
Leyeron el letrero muchos judíos,
porque estaba cerca el lugar
donde crucificaron a Jesús y
estaba escrito en hebreo, latín
y griego. Entonces los sumos
sacerdotes de los judíos le
dijeron a Pilato:
S. “No escribas: ‘El rey de los
judíos’, sino: ‘Este ha dicho: Soy
rey de los judíos’ ”.
C. Pilato les contestó:
S. “Lo escrito, escrito está”.
Se repartieron mi ropa
C. Cuando crucificaron a
Jesús, los soldados cogieron
su ropa e hicieron cuatro
partes, una para cada soldado,
y apartaron la túnica. Era una
túnica sin costura, tejida toda
de una pieza de arriba a abajo.
Por eso se dijeron:
S. “No la rasguemos, sino
echemos suertes para ver a
quién le toca”.
C. Así se cumplió lo que dice
la Escritura: Se repartieron
mi ropa y echaron a suerte
mi túnica. Y eso hicieron los
soldados.
Ahí está tu hijo – Ahí está tu madre
C. Junto a la cruz de Jesús
estaban su madre, la hermana
de su madre, María la de
Cleofás, y María Magdalena. Al
ver a su madre y junto a ella al
discípulo que tanto quería, Jesús
dijo a su madre:
†. “Mujer, ahí está tu hijo”.
C. Luego dijo al discípulo:
†. “Ahí está tu madre”.
C. Y desde entonces el
discípulo se la llevó a vivir con él.
Inclinando la cabeza, entregó el espíritu
Todo está cumplido
C. Después de esto, sabiendo
Jesús que todo había llegado
a su término, para que se
cumpliera la Escritura dijo:
†. “Tengo sed”.
C. Había allí un jarro lleno de
vinagre. Los soldados sujetaron
una esponja empapada en
vinagre a una caña de hisopo y
se la acercaron a la boca. Jesús
probó el vinagre y dijo:
†. “Todo está cumplido”,
C. e inclinando la cabeza,
entregó el espíritu.
Aquí se arrodillan todos
y se hace una breve pausa.
Inmediatamente salió sangre
y agua
C. Entonces, los judíos,
como era el día de la
preparación de la Pascua,
para que los cuerpos de los
ajusticiados no se quedaran
en la cruz el sábado, porque
aquel sábado era un día muy
solemne, pidieron a Pilato que
les quebraran las piernas y
los quitaran de la cruz. Fueron
los soldados, le quebraron las
piernas a uno y luego al otro de
los que habían sido crucificados
con él. Pero al llegar a Jesús,
viendo que ya había muerto,
no le quebraron las piernas,
sino que uno de los soldados
le traspasó el costado con una
lanza e inmediatamente salió
sangre y agua.
El que vio da testimonio
de esto y su testimonio es
verdadero y él sabe que dice
la verdad, para que también
ustedes crean. Esto sucedió
para que se cumpliera lo que
dice la Escritura:
No le quebrarán ningún hueso;
y en otro lugar la Escritura dice:
Mirarán al que traspasaron.
Vendaron el cuerpo de Jesús
y lo perfumaron
Después de esto, José de
Arimatea, que era discípulo de
Jesús, pero oculto por miedo
a los judíos, pidió a Pilato que
lo dejara llevarse el cuerpo de
Jesús. Y Pilato lo autorizó. El fue
entonces y se llevó el cuerpo.
Llegó también Nicodemo, el
que había ido a verlo de noche,
y trajo unas cien libras de una
mezcla de mirra y áloe.
Tomaron el cuerpo de Jesús
y lo envolvieron en lienzos
con esos aromas, según se
acostumbra enterrar entre los
judíos. Había un huerto en el
sitio donde lo crucificaron,
y en el huerto, un sepulcro
nuevo, donde nadie había sido
enterrado todavía.
Y como para los judíos era el día
de la preparación de la Pascua
y el sepulcro estaba cerca,
allí pusieron a Jesús.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Gloria a ti, Señor, Jesús.
Reflexión del Evangelio de Hoy 3 abril de 2026
La Cruz:
1). Es la mayor escuela de crecimiento humano
2). No hay encuentro verdadero con Cristo, sino desde la cruz
3). Cristo no nos quita la cruz, pero nos ayuda a cargarla
Propósito: Señor, dame la gracia de no renegar de la Cruz

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