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Mi fortaleza y mi debilidad

En Dios somos más que vencedores 

“Por eso me complazco en mis flaquezas, en las injurias, en las necesidades, en las persecuciones y las angustias sufridas por Cristo; pues cuando soy débil, es cuando soy fuerte”. II Corintios, 12

Y siento mi debilidad, porque no actúo como debiera hacerlo, no doy la medida a los que me aman, me equivoco, cometo el error que no quiero cometer, me salgo de la ropa, se me quiebra la voz cuando quiero mostrar valentía, miro con resentimiento y me topo con recuerdos que me recuerdan que aún no ha sanado el corazón, aún me falta perdonar, aún me falta la paz y la tranquilidad suficiente para estar bien cada día.

Reconozco que te debo buscar a diario, si ni lo hago, algo me falta, ir a tu altar me reconcilia, no con la vida, pero si con el hoy, este día, que es el único certero que tengo, porque del ayer sólo los recuerdos, son tantos que ya no son míos, los he compartido tanto que ya no me pertenecen, pertenecen a la historia que he vivido con el otro, que me ha legado parte de si, para darme lágrimas o sonrisas que ya no están, quedaron en fotografías, o quizás en letras, en documentos o a lo mejor en algo tangible, que se va borrando por el paso de los días.

 

fortaleza en Dios mirar al cielo

En mi debilidad te busco para reconciliarme con el hoy, porque el mañana tampoco existe, son deseos que, no sé, si se harán realidad, metas por cumplir que, no se, si coincidan con los planes que tienes para mí, proyectos que se chocan con mis miedos, mis inseguridades y mis incapacidades, ideales que quisiera, pero que no llegan porque cada logro tiene un precio, un sacrificio que a veces me cuesta, por que amanece y me siento débil.

Pero si te entrego mi debilidad, te encuentro mi Dios, dispuesto para mí, con la palabra precisa, por ejemplo, la del sacerdote en la eucaristía de hoy: “la fe implica sacrificio, hay que conquistarla, hay que lucharla, hay que merecerla, trabajarla a diario, así como lo hizo nuestro» Padre Abran

Mi debilidad eres tú, que eres mi fuerza, para las tareas más sencillas, pero también para las más importantes, en todas ellas, tu me comunicas, tu vida, tu amor, tu paz, tú te comunicas conmigo y siento tu amor.

¡Gracias Dios, te amo!