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Novena de Navidad – sexto día

Novena de Navidad 2022

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

Oración para todos los días

Benignísimo Dios de infinita caridad, que tanto amasteis a los hombres, que les disteis en vuestro Hijo la mejor prenda de vuestro amor para que hecho hombre en las entrañas de una Virgen, naciese en un pesebre para nuestra salud y remedio; yo, en nombre de todos los mortales, os doy infinitas gracias por tan soberano beneficio.

En torno a él os ofrezco la pobreza, la humildad y las demás virtudes de vuestro hijo humanado; suplicándoos por sus divinos méritos, por las incomodidades con que nació
y por las tiernas lágrimas que derramó en el pesebre, que dispongáis nuestros corazones
con humildad profunda, con amor encendido, con total desprecio de todo lo terreno,
para que Jesús recién nacido tenga en ellos su cuna y more eternamente.
Amén.

Gloria al Padre,
Gloria al Hijo,
Gloria al Espíritu Santo.
Como era en un principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.
Amen

Día sexto

Consideración

Jesús había sido concebido en Nazaret, domicilio de José y María, y allí era de creerse que había de nacer, según todas las probabilidades.

Más Dios lo tenía dispuesto de otra manera, y los profetas habían anunciado que el Mesías nacería en Belén de Judá, ciudad de David.

Para que se cumpliese esta predicción, Dios se sirvió de un medio que no parecía tener ninguna relación con este objeto, a saber: la orden dada por el emperador Augusto de que todos los súbditos del imperio romano se empadronasen en el lugar de donde eran originarios.

María y José como descendientes que eran de David, estaban obligados a ir a Belén.

No ignoraba Jesús en qué lugar debía nacer y así inspira a sus padres que se entreguen a la Providencia, y que de esta manera concurran a la ejecución de sus designios.

Almas interiores, observad este manejo del Divino Niño, porque es el más importante de la vida espiritual: aprended que el que se haya entregado a Dios ya no ha de pertenecer a sí mismo, ni ha de querer si no lo que Dios quiera para él.

Oración a la Santísima Virgen

Soberana María, que por tus grandes virtudes y especialmente por tu humildad, mereciste que todo un Dios te escogiera por madre suya, te suplico que tu misma prepares y dispongas mi alma, y la de todos los que en este tiempo hagan esta novena, para el nacimiento espiritual de tu adorado Hijo.

¡Oh dulcísima Madre! Comunícame algo del profundo recogimiento y divina ternura con la que aguardaste tu, para que nos hagas menos indignos de verle, amarle y adorarle por toda la eternidad.
Amén.

(Se reza tres veces el Avemaría)

Oración a San José

¡Oh Santísimo San José! Esposo de María y padre adoptivo de Jesús.

Infinitas gracias doy a Dios porque te escogió para tan altos ministerios y te adornó con todos los dones proporcionados a tan excelente grandeza.

Te ruego, por el amor que tuviste al Divino Niño, me abrases en fervorosos deseos de verle y recibirle sacramentalmente, mientras en su divina esencia le veo y le gozo en el cielo.
Amén.

(Se reza el Padrenuestro, el Avemaría y el Gloria).

Aspiraciones para la venida del Niño Dios

                   (Gozos)

Dulce Jesús mío, mi niño adorado,

¡Ven a nuestras almas!
¡Ven no tardes tanto!

¡Oh sapiencia suma del Dios soberano,
que al nivel de un niño te hayas rebajado!

¡Oh Divino Niño, ven para enseñarnos
la prudencia que hace verdaderos sabios!

¡Ven a nuestras almas!
¡Ven no tardes tanto!

¡Oh, Adonaí potente que, a Moisés hablando,
de Israel al pueblo disteis los mandatos!

¡Ah! ven prontamente para rescatarnos.
Y que un niño débil muestre fuerte brazo!

¡Ven a nuestras almas!
¡Ven no tardes tanto!

¡Oh raíz sagrada de Jesé, que en lo alto
presentan al orbe tu fragante nardo!

¡Dulcísimo Niño que has sido llamado lirio
de los valles bella flor del campo!

¡Ven a nuestras almas!
¡Ven no tardes tanto!

¡Llave de David que abre al desterrado
las cerradas puertas del regio palacio!

¡Sácanos, Oh Niño, con tu blanda mano,
de la cárcel triste que labró el pecado!

¡Ven a nuestras almas!
¡Ven no tardes tanto!

¡Oh lumbre de Oriente sol de eternos rayos,
que entre las tinieblas tu esplendor veamos!

¡Niño tan preciado, dicha del cristiano,
luzca la sonrisa de tus dulces labios!

¡Ven a nuestras almas!
¡Ven no tardes tanto!

¡Espejo sin mancha Santo de los santos,
sin igual imagen del Dios soberano!

¡Borra nuestras culpas, salva al desterrado
y, en forma de Niño da al mísero amparo!

¡Ven a nuestras almas!
¡Ven no tardes tanto!

¡Rey de las naciones, Emmanuel preclaro,
de Israel anhelo, pastor del rebaño!

¡Niño que apacientas con suave cayado
ya la oveja arisca, ya el cordero manso!

¡Ven a nuestras almas!
¡Ven no tardes tanto!

¡Ábranse los cielos y llueva de lo alto
Bienhechor rocío, como riego santo!

¡Ven hermoso Niño! Ven Dios humanado luce,
hermosa estrella, brota flor del campo.

¡Ven a nuestras almas!
¡Ven no tardes tanto!

¡Ven que ya María previene sus brazos
do su niño vean, en tiempo cercano!

¡Ven, que ya José, con anhelo sacro,
se dispone a hacerse de tu amor sagrario!

¡Ven a nuestras almas!
¡Ven no tardes tanto!

¡Del débil auxilio del doliente amparo,
consuelo del triste, luz del desterrado!

¡Vida de mi vida, mi dueño adorado,
mi constante amigo, mi divino hermano!

¡Ven a nuestras almas!
¡Ven no tardes tanto!

Véante mis ojos, de ti enamorados!
Bese ya tus plantas, bese ya tus manos!

Prosternado en tierra te tiendo los brazos,
y aún más que mis frases te dice mi llanto!

¡Ven a nuestras almas!
¡Ven no tardes tanto!

Ven, Salvador nuestro,
por quien suspiramos,

Ven a nuestras almas,
ven no tardes tanto!

Oración al Niño Jesús

Acordados ¡Oh dulcísimo Niño Jesús! que dijiste a la Venerable Margarita
del Santísimo Sacramento, y en persona suya a todos tus devotos, estas palabras tan consoladoras para nuestra pobre humanidad agobiada y doliente:

“Todo lo que quieras pedir, pídelo por los méritos de mi infancia y nada te será negado”.

Llenos de confianza en Tí ¡Oh Jesús, que eres la misma verdad! Venimos a exponerte toda nuestra miseria.

Ayudadnos a llevar una vida santa, para conseguir una eternidad bienaventurada.

Concédenos, por los méritos de tu encarnación y de tu infancia, la gracia de la cual necesitamos tanto.

Hacemos un momento de silencio para pedir la gracia…

Nos entregamos a Tí ¡Oh Niño omnipotente! Seguros de que no quedará frustrada
nuestra esperanza, y de que en virtud de tu divina promesa, acogerás y despacharas
favorablemente nuestra súplica
Amén.