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Sábado Santo 2022

¡Cristo ha resucitado!

Y con Él la alegría de ser cristianos

Por: Elena Restrepo 

Sábado Santo - Amen Comunicaciones 2022

El silencio del Sábado Santo nos remite al silencio primigenio del caos y de la nada que reinaba antes de que todo fuera creado. (Gen 1,2).

Durante este día Santo, experimentamos varios silencios: María a los pies de su hijo calla ante el más cruel y vil de los sucesos, ella en representación del género humano pone toda la esperanza en Dios en quien confía y entrega todo, incluso, a su hijo.

El Padre, quien lo ha dado todo, y ante el clamor de su hijo en Getsemaní, demuestra que el silencio es más elocuente que mil palabras porque la muerte no tiene la última palabra, pues, aunque después de haber enviado a sus mensajeros, y por último a su misma palabra hecha carne, “la humanidad se la ha devuelto muerta, la luz que fue enviada, no fue recibida” (Jn 3,19).

El silencio de los apóstoles que a lo lejos observaban y se preguntaban ¿cómo es posible que al que vieron sanar enfermos, perdonar pecados, levantar a los muertos, no haya hecho nada por él?, preguntas que se quedaban sin respuestas, por lo menos, frente a su lógica humana, dejándolos en la más vacía de las noches, en el mismo caos, donde solo hay angustia, oscuridad y temor. A los apóstoles solo les quedaba enseñanzas, recuerdos, en ocasiones culpa y solo para uno, la satisfacción de acompañar a Jesús hasta el final.

Sin embargo, Dios rompe el silencio y cumple su promesa, el Padre levanta a su hijo de la muerte y da inicio al día más gozoso del resto de nuestros días, la horrible noche había cesado, el cordero sale del sepulcro como el león que guiará a la humanidad regenerada, la misma creación es renovada y se une al canto jubiloso de la vida y la Resurrección, la piedra del sepulcro es removida uniéndose a aquellas piedras que el mismo Cristo dijo que no se callarían, piedras que en catedrales y templos anuncian hermosamente la Gloria del Resucitado.

Ya la victoria es de Cristo, y para que el gran milagro de la resurrección se cumpla en nosotros, debemos tener un corazón dilatado, para así llegar a un encuentro personal con el amor de los amores.

¿Qué puede impedir que Jesús pase por nuestra vida?

Si no nos abrimos a un encuentro personal con Dios nos sucede lo que le pasó a Pedro en el pasaje del Evangelio (Jn 20, 1- 9) donde se presenta a Pedro cansado, que aun con pasos rápidos Juan lo alcanza y llega primero a ver la gloria de Dios.

A Pedro no lo deja avanzar su negación, ha traicionado el amor de su maestro, dando la espalda al proyecto de Dios, siendo ligero de palabras y promesas, él no fue capaz de llegar con Jesús hasta las últimas consecuencias, lo máximo que ha hecho es seguirlo desde lejos, sin implicarse, y cuando tuvo que confirmar su lealtad, su fe tambaleo, y ahora no en las aguas del mar, ahora se hunde en su negación y aún más diciendo “no conozco a ese hombre” (Mt 26, 72) por esta razón, sus pasos son lentos, Pedro corre pero tiene el corazón endurecido.

Para entrar en una verdadera Resurrección debemos dejarnos abrazar por el amor que es Cristo para que veamos y creamos, y seamos como Juan, que llegó lleno de alegría, porque el amor siempre llega primero haciendo veloces nuestros pasos. Abrir el corazón de par en par a la obra de Cristo, nos lleva a experimentar lo que dice hermosamente el salmo “Este es el día en que actuó el Señor, sea nuestra alegría y nuestro gozo”.

En este día Dios ha estado grande, ha resucitado a Jesucristo y con él, nosotros a la vida; corramos al encuentro con el resucitado, abracémoslo por la fe, para que juntos y airosos proclamemos como los primeros testigos, que la vida ha vencido la muerte. La vida resucitada de Cristo vivifica la Iglesia, la resurrección confirma la autoridad de todas sus enseñanzas y el cumplimiento de las promesas de Dios. Creamos de verdad que Jesús ha vencido la muerte que en él y en nosotros la muerte no manda, él inaugura con esto una nueva vida para todos.

Verdaderamente, ¡ha resucitado!
Aleluya, aleluya, aleluya.
Felices pascuas…