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Virgen de los Dolores

Especial, Nuestra Señora de los Dolores


«María acompaña, intercede, da fuerza para afrontar las adversidades y seguir a Cristo»

La Iglesia hoy hace memoria litúrgica, de Nuestra Señora, la Virgen de los Dolores, justo un día después de la exaltación de la Santa Cruz, celebrada en el mundo entero, que no en Colombia; la Iglesia nos propone meditar el misterio del dolor de la Virgen Santísima, junto a la Cruz de Jesús.

Es que María tuvo muchos momentos en los cuales experimentó el dolor y la angustia, según el evangelista Lucas: “la misión de Jesús fue para Ella, como una espada que atravesó su corazón”, debido a que le exigía afrontar con valentía y fidelidad, el momento de la Cruz de su Hijo.

Para una madre, no hay nada más doloroso que ver el maltrato físico, psicológico y existencial, que otros le hacen a su hijo. Para María como para otras madres, este dolor fue de lo más profundo y más todavía, pues Ella fue testigo de la ejecución de su Hijo.

Sin embargo, a pesar de este dolor, María no olvidó la promesa del Señor, y optó por no desesperarse y leer lo que estaba pasando con la mirada de la Fe, con los ojos de Dios.

María no es una mujer que huye cuando las cosas se tornan difíciles y peligrosas, al contrario, se mantiene en pie de lucha, para estar con su Hijo hasta el final.

Hoy recordamos, ese pasaje precioso de Juan 19, 25, cuando nos dice: “junto a la Cruz de Jesús estaban su Madre y la hermana de su Madre, María, mujer de Cleofás y María Magdalena”. Pero hagamos un poco de historia, y recordemos en un primer momento, que el Papa Pio VII, estableció la fiesta de nuestra Señora de los Dolores, para el 15 de septiembre como ya lo decíamos, un día después de la exaltación de la Santa Cruz, que se celebra en el mundo el 14 de septiembre y en Colombia el 3 de mayo.

En un segundo momento reconocemos, que la fiesta de Nuestra Señora de los Dolores nos recuerda los sufrimientos por los que pasó María a todo lo largo de su vida, por haber aceptado su altísima misión de ser la Madre del Salvador.
En un tercer momento, dentro de este recorrido histórico descubrimos, que por obediencia, contribuyó a la vida y aceptó la voluntad de Dios, a diferencia de lo que hizo la primera mujer Eva, que por su desobediencia, trajo la muerte al mundo.
También miremos como desde el siglo XIII, los escritores eclesiásticos ya hablaban de la compasión de la Virgen María, refiriéndose precisamente a la participación de la Madre de Dios, en los dolores de la crucifixión de su hijo.

Hoy reconocemos, que el sufrimiento de la Virgen de los Dolores nos enseña: a tener fortaleza, Fe y esperanza, ante las grandes pruebas y sufrimientos de la vida. Es que Ella, María, nos acompaña, intercede, y nos da la fuerza necesaria para enfrentar las adversidades, y seguir adelante en la vida, más allá de cualquier situación de dolor.

Hoy, la Iglesia católica conmemora en dos momentos a la Virgen de los Dolores: durante la Semana Santa y especialmente el viernes anterior, el viernes de pasión, en la llamada semana de pasión.
Y en un día como hoy 15 de septiembre pidámosle a la Virgen, que los siete dolores, que la piedad popular ha reflexionado a lo largo de los siglos, sea un llamado, para que cada uno de nosotros, encuentre en las pruebas de la vida, un camino de superación personal y de santificación, para alcanzar el Reino de los Cielos.
Pero ustedes me preguntarán, ¿Cuáles son esos siete dolores que la iglesia nos invita a meditar, y que sufrió precisamente la Santísima Virgen María?
Los recordamos en este día, el primer dolor: es la profecía del anciano y santo Simeón, en la presentación del niño Jesús en el templo de Jerusalén, cuando le dice proféticamente a la Virgen María: “a ti una espada te atravesará el alma”. El segundo dolor: es la huida a Egipto con Jesús y con José, como la sagrada familia de Nazaret, en medio de la noche, dejando su historia, sus bienes, abandonándolo todo, huyen a un país lejano, porque el niño Jesús es amenazado de muerte.
Un tercer dolor: nuevo sufrimiento de la Virgen María, es la pérdida del adolescente Jesús, cuando yendo a la ciudad de Jerusalén, a la fiesta judía más importante la de Pascua, el adolescente se extravía y no viene en la caravana de regreso, de los peregrinos hacia Nazaret.
Por eso ellos tornan, y lo encuentran en medio de los doctores de la ley, haciéndoles preguntas.
El cuarto dolor o preocupación de la Virgen Santísima, meditado por siglos en la iglesia, es el encuentro de Jesús con la Cruz a cuestas, camino del calvario.
Pensamos, y hacemos composición del lugar, ¿Qué sentiría la Madre de Dios María Santísima, viendo a su Hijo, azotado, humillado, desnudado, cargando su Cruz, camino a su propia ejecución?
En un quinto dolor, la iglesia siempre ha meditado la crucifixión y la agonía de Jesús, en esas pocas horas en que estuvo colgado del madero maldito, en lo alto de la colina del Gólgota.
Cuanto dolor, como esta alma de la Madre, la Virgen Santísima, fue transida de dolor, un dolor inenarrable, el inocente, el justo por excelencia, es ejecutado.
En un sexto dolor: la iglesia nos ha invitado a meditar, como la lanzada del soldado romano, del descendimiento del cuerpo de Jesús, ya yerto, ya muerto, es acogido según la piedad popular, por los brazos de su Santísima Madre.
Finalmente, nos ha enseñado la tradición y la piedad, a contemplar un séptimo dolor de María; el entierro de Jesús, dejándolo depositado en el sepulcro y la profunda soledad que acompañó a María, al ver que lo más querido por Ella, su único Hijo, el justo y el santo por excelencia, había entregado su vida por la arbitrariedad, las envidias y las intrigas de los poderosos de la época.

De todo este momento sublime la iglesia ha hecho poesía, sabemos que hay un himno que tiene más de mil años de existencia, escrito primero en lengua latina, bajo el nombre, “Stabat Mater”, estaba la Madre junto a la cruz.
Hay una traducción literal, precisamente de la versión latina, pero encontramos una bella traducción y versión del gran y reconocido literato Lope de Vega.
Concluyamos nuestra reflexión, con esta bellísima oración, poesía, secuencia, a propósito del dolor de la Santísima Virgen María, en la versión de Lope de Vega “Stabat Mater”:

“La madre piadosa parada
junto a la Cruz y lloraba,
mientras el Hijo pendía.

Cuya alma triste y llorosa,
traspasada y dolorosa,
fiero cuchillo tenía.

Oh, cuán triste y cual aflicta
se vio la Madre Bendita,
de tantos tormentos llena.

Cuando triste contemplaba
y dolorosa miraba
del Hijo amado la pena.

Y ¿cuál hombre no llorara
sí a la Madre contemplara
de Cristo en tanto dolor?

Y ¿quién no se entristeciera,
Madre piadosa, si os viera
sujeta a tanto rigor?

Por los pecados del mundo
Vio a Jesús en tan profundo
tormento la dulce Madre;

vio morir al Hijo amado,
que rindió, desamparado,
el espíritu a su Padre.

Oh dulce, fuente de amor,
hazme sentir tu dolor
para que llore contigo.

Y que, por mi Cristo amado,
mi corazón abrasado
más viva en él que conmigo.

Y porque amarle me anime
en mi corazón imprime
las llagas que tuvo en sí.

Y de tu Hijo, Señora,
divide conmigo ahora
las que padeció por mí.

Hazme contigo llorar
y de veras lastimar
de sus penas mientras vivo.

Porque acompañar deseo
en la Cruz, donde le veo
tu corazón compasivo.

Virgen de vírgenes santas,
llore ya con ansias tantas
que el llanto dulce me sea.

Porque tu pasión y muerte
tenga en mi alma de suerte
que siempre sus penas vea.

Haz que su Cruz me enamore;
y que en ella viva y more,
de mi fe y amor indicio.

Porque me inflame y encienda
y contigo me defienda
en el día del juicio.

Haz que me ampare la muerte
de Cristo, cuando en tan fuerte
trance vida y alma estén.

Porque cuando quede en calma
el cuerpo, vaya mi alma
a su eterna gloria.
Amén”.

Especial Nuestra Señora de los Dolores.