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Evangelio De Hoy – Padre Carlos Yepes – domingo 10 abril 2022

Evangelio del día 

Para escuchar el evangelio y la reflexión puedes darle clic al video

Del libro de Isaías 50,4-17:

El Señor Dios me ha dado una lengua de discípulo; para saber decir al abatido una palabra de aliento. Cada mañana me espabila el oído, para que escuche como los iniciados.

El Señor Dios me abrió el oído; y no resistí ni me eché atrás. Ofrecí la espalda a los que me apaleaban, las mejillas a los que mesaban mi barba; no me tapé el rostro ante los ultrajes ni salivazos.

El Señor me ayuda, por eso no sentía los ultrajes; por eso endurecí el rostro como pedernal, sabiendo que no quedaría defraudado.

Palabra de Dios, te alabamos Señor.

Salmo (22) 21

Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

Al verme, se burlan de mí, hacen visajes, menean la cabeza: «Acudió al Señor, que lo ponga a salvo; que lo libre si tanto lo quiere». R.
Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

Me acorrala una jauría de mastines, me cerca una banda de malhechores;
me taladran las manos y los pies, puedo contar mis huesos. R.
Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

Se reparten mi ropa, echan a suertes mi túnica. Pero tú, Señor, no te quedes lejos; fuerza mía, ven corriendo a ayudarme. R.
Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

Contaré tu fama a mis hermanos, en medio de la asamblea te alabaré.
«Fieles del Señor, alábenlo; linaje de Jacob, glorifíquenlo; témanle, linaje de Israel». R.
Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

De la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 2,6-11:

Cristo, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos.

Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz.

Por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el «Nombre sobre todo nombre»; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

Pasión de nuestro Señor Jesucristo según San Lucas 22, 14-23, 56

Yo no encuentro en este hombre razón alguna para condenarlo.
-Todos los que estaban reunidos se levantaron e hicieron comparecer a Jesús ante Pilato. Y allí empezaron a acusarlo diciendo:
-Hemos averiguado que este hombre está revolucionando nuestra nación; dice que no hay que pagar impuestos al emperador y que él es el Mesías, y por consiguiente rey.
-Pilato entonces le preguntó: -¿Eres tú el rey de los judíos?
– Él le respondió: -Tú mismo lo dices.
– Pilato dijo a los sumos sacerdotes y a la multitud:
-Yo no encuentro en este hombre razón alguna para con­denarlo.
– Pero ellos insistían:
– Anda por todo el territorio judío agitando al pueblo con sus enseñanzas. Comenzó en Galilea y ha llegado hasta aquí.
– Pilato, al oír esto, preguntó si el hombre era galileo. Y cuando se enteró de que era súbdito de Herodes Antipas, se lo remitió, ya que también Herodes se encontraba por estos días en Jerusalén.
– Herodes se alegró mucho de ver a Jesús, pues como había oído hablar de él, desde hacía mucho tiempo tenía deseos de conocerlo y esperaba verlo hacer algún milagro. Le hizo, pues, muchas preguntas, pero Jesús no le contestó nada.
Los sumos sacerdotes y los escribas se quedaron allí acusándolo violentamente. Y Herodes lo trató con desprecio, lo mismo que sus soldados; le puso un manto reluciente para burlarse de él, y lo remitió de nuevo a Pilato. Ese día se hicieron amigos Herodes y Pilato, que hasta entonces eran enemigos.
– Entonces Pilato llamó a los sumos sacerdotes, a los jefes civiles y al pueblo, y les dijo:
– Ustedes me trajeron a este hombre, alegando que alborota al pueblo. Pero yo lo interrogué delante de ustedes, y en ninguna de las acusaciones que presentan contra él he encontrado razón para condenarlo. Herodes tampoco, porque nos lo devolvió. Veo, pues, que no ha hecho nada por lo que merezca la pena de muerte. De manera que voy a castigarlo y después lo dejaré en libertad.
– Pero todo el mundo empezó a gritar:
– ¡Condena a este y déjanos libre a Barrabás!
– Al tal Barrabás lo habían metido en la cárcel por una revuelta que había ocurrido en la ciudad, y por asesinato. Pilato volvió a hablarles con intención de dejar libre a Jesús. Pero la gente seguía gritando:
– ¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!
– Todavía les dijo Pilato por tercera vez:
– ¿Y qué crimen ha cometido este hombre? Yo no he encontrado ninguna razón para condenarlo. De manera que lo voy a castigar, y después lo dejaré libre.
– Pero ellos insistían a grandes gritos y pedían que lo mandara crucificar, y el griterío se hacía cada vez más fuerte. Al fin Pilato decidió hacer lo que le pedían. Dejó libre al hombre que estaba en la cárcel por la revuelta y el asesinato, tal como se lo pedían, y les entregó a Jesús, para que hicieran con Él lo que quisieran.
– Entonces se lo llevaron. En el camino obligaron a un tal Simón de Cirene, que llegaba del campo, a cargar la cruz, para que la llevara detrás de Jesús. Lo seguía también un gran gentío y en especial mujeres que lo compadecían dándose golpes de pecho y lanzando lamentos. Jesús se volvió a ellas y les dijo:
-Mujeres de Jerusalén, no lloren por mí. Lloren, más bien, por ustedes mismas y por sus hijos, porque están para llegar días en que se dirá: ¡Felices las mujeres estériles y las que no han dado a luz ni han tenido que criar hijos! Entonces la gente deseará que las montañas les caigan encima y que las colinas los sepulten. Porque si esto hacen con el árbol verde, ¿qué no harán con el seco?
– Llevaban también a dos malhechores para ajusticiarlos con Jesús.
– Y cuando llegaron al lugar llamado La Calavera, crucificaron a Jesús con los malhechores, uno a su derecha y otro a su izquierda. Pero Jesús decía:
-Padre, perdónalos, que no saben lo que hacen.
– Y se repartieron su ropa echándola a suerte.
– El pueblo permanecía allí mirando. Por su parte, los jefes empezaron a comentar con sorna:
– Si salvó a otros, que se salve a sí mismo, puesto que es el Mesías escogido por Dios.
– Los soldados también se acercaron y se burlaron de él. Le ofrecían vino ácido y le decían:
– ¡Si tú eres el rey de los judíos, sálvate!
– En efecto, encima de él había un letrero que decía: «Este es el rey de los judíos.»
– Uno de los malhechores crucificados lo insultó diciendo:
– ¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros.
– Pero el otro lo reprendió diciéndole:
– Sufriendo la misma pena que él ¿no tienes temor de Dios? Nosotros la sufrimos justamente, porque recibimos el castigo merecido, pero él no ha hecho nada malo.
– Y añadió:
– Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino.
– Él le respondió:
-Yo te aseguro: hoy estarás conmigo en el paraíso.
– Era alrededor del mediodía. El sol dejó de brillar, y se oscureció toda la tierra hasta las tres de la tarde. El velo del templo se rasgó por medio. Y Jesús, con voz potente, dijo:
-Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.
– Y dicho esto expiró.
– El centurión, al ver lo sucedido, dio gloria a Dios diciendo:
– Este hombre era de veras inocente.
– Y toda la muchedumbre que había acudido a semejante espec­táculo, al ver lo que había pasado, regresaba dándose golpes de pecho. Todos los conocidos de Jesús se quedaron a distancia; y de lejos miraban también las mujeres que lo habían acompañado desde Galilea.
– Llegó entonces un miembro del sanedrín, llamado José, originario de la ciudad judía de Arimatea, hombre recto y justo, que esperaba el reinado de Dios y no había estado de acuerdo con la decisión y con la conducta de los otros; y fue a ver a Pilato para pedirle el cuerpo de Jesús.
Y después de bajarlo, lo envolvió en una sábana y lo colocó en un sepulcro cavado en la roca, donde nadie había sido sepultado. Era víspera del sábado, y brillaba ya el lucero de la tarde.
Entonces las mujeres que habían acompañado a Jesús desde Galilea bajaron con José y vieron el sepulcro y la forma como colocaron el cuerpo, y luego se retiraron a preparar perfumes y ungüentos. Y el sábado guardaron el descanso mandado por la Ley.

Ideas centrales del evangelio por el padre Carlos Yepes

El Domingo de Ramos es el reflejo de la condición humana:

1) Gratitud vs. Ingratitud.
2) Alabanza vs. Crucifixion.
3) Desconcierto vs. Firmeza para hacer el Bien.