Inicio / Evangelio / Evangelio De Hoy l Padre Carlos Yepes I domingo 19 diciembre 2021
Generic filters

Filtro

Evangelio De Hoy l Padre Carlos Yepes I domingo 19 diciembre 2021

Evangelio del día 

Para escuchar el evangelio y la reflexión puedes darle clic al video

Miqueas 5,1-4a:

Así dice el Señor: «Pero tú, Belén de Efrata, pequeña entre las aldeas de Judá, de ti saldrá el jefe de Israel. Su origen es desde lo antiguo, de tiempo inmemorial. Los entrega hasta el tiempo en que la madre dé a luz, y el resto de sus hermanos retornará a los hijos de Israel.

En pie, pastoreará con la fuerza del Señor, por el nombre glorioso del Señor, su Dios. Habitarán tranquilos, porque se mostrará grande hasta los confines de la tierra, y éste será nuestra paz.»

Salmo (80)

Oh, Dios, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve.

Pastor de Israel, escucha, tú que te sientas sobre querubines, resplandece. Despierta tu poder y ven a salvarnos.
Oh, Dios, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve.

Dios de los ejércitos, vuélvete: mira desde el cielo, fíjate, ven a visitar tu viña, la cepa que tu diestra plantó y que tú hiciste vigorosa.
Oh, Dios, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve.

Que tu mano proteja a tu escogido, al hombre que tú fortaleciste, no nos alejaremos de ti; danos vida, para que invoquemos tu nombre.
Oh, Dios, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve.

Hebreos 10,5-10:

Cuando Cristo entró en el mundo, dijo «Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, pero me has preparado un cuerpo; no aceptas holocaustos ni víctimas expiatorias. Entonces yo dije lo que está escrito en el libro: «Aquí estoy, oh, Dios para hacer tu voluntad.»»

Primero dice: «No quieres ni aceptas sacrificios ni ofrendas, holocaustos ni víctimas expiatorias», que se ofrecen según la ley. Después añade: «Aquí estoy yo para hacer tu voluntad.»

Niega lo primero, para afirmar lo segundo. Y conforme a esa voluntad todos quedamos santificados por la oblación del cuerpo de Jesucristo, hecha una vez para siempre.

Palabra de Dios, te alabamos Señor.

San Lucas 1,39-45:

En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías, y saludó a Isabel.

En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo, y dijo a voz en grito: – ¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre!

¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. ¡Dichosa tú, que has creído! Porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.

Ideas centrales del evangelio por el padre Carlos Yepes

Los Evangelios de estos últimos días del Adviento, justo antes de la Navidad, tienen un profundo acento Mariano.

Es que no podemos entender la Navidad del Niño, del Hijo, sin la maternidad de la madre, de María.
Claramente la carta a los hebreos en el capítulo 10, hoy nos habla de la obediencia irrestricta de Jesús a la voluntad del Padre, obediencia que también reproduce María, a la voluntad del Padre Dios.

Los hebreos nos dirán: “primero tú dices que no quieres sacrificios, ni ofrendas y holocaustos, después añades, he aquí que vengo para hacer tu voluntad”, dígalo primero, los sacrificios, los holocaustos, las víctimas expiatorias, para afirmar lo segundo.

Nos quiere mostrar que para Dios lo más importante no es la ritualidad religiosa, sino que la mayor ofrenda espiritual y de nuestra vida que podemos hacer a Dios, es el consentimiento a su proyecto, la obediencia de nuestra voluntad.

No fue otra, la actitud de la Virgen Santísima según lo relata el evangelista Lucas, cuando María después de ser anunciada como la Madre del Señor, como la llena del Espíritu Santo nos dice Lucas, se levanta en una actitud de estar en plena disposición; se pone en camino, lo propio de cualquier discípulo, lo hace aprisa, (esto es con toda la fuerza de su corazón), y se encamina a las montañas de Aim Karem dónde Zacarías e Isabel.

Hoy reconozcamos: que María es modelo de respuesta, en el llamado, en la misión que Dios nos encomienda a cada uno de nosotros.