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Evangelio De Hoy l Padre Carlos Yepes I jueves 19 agosto 2021

Evangelio del día 

Para escuchar el evangelio y la reflexión puedes darle clic al video

Jueces 11, 29-39a:

En aquellos días, el Espíritu del Señor vino sobre Jefté. Jefté atravesó Galaad y Manasés, pasó a Atalaya de Galaad, de allí marchó contra los amonitas, e hizo un voto al Señor: -Si entregas a los amonitas en mi poder, el primero que salga a recibirme a la puerta de mi casa cuando vuelva victorioso de la campaña contra los amonitas, será para el Señor, y lo ofreceré en holocausto. Luego marchó a la guerra contra los amonitas. El Señor se los entregó: los derrotó desde Arcer hasta la entrada de Minit, veinte pueblos y hasta Prado-viñas. Fue una gran derrota, y los amonitas quedaron sujetos a Israel. Jefté volvió a su casa de Atalaya. Y fue precisamente su hija quien salió a recibirlo, con panderos y danzas; su hija única, pues Jefté no tenía más hijos o hijas. En cuanto la vio se rasgó la túnica, gritando: – ¡Ay, hija mía, ¡qué desdichado soy! Tú eres mi desdicha, porque hice una promesa al Señor y no puedo volverme atrás. Ella le dijo: -Padre, si hiciste una promesa al Señor, cumple lo que prometiste, ya que el Señor te ha permitido vengarte de tus enemigos. Y le pidió a su padre: -Dame este permiso: déjame andar dos meses por los montes, llorando con mis amigas, porque quedaré virgen. Su padre le dijo: -Vete. Y la dejó marchar dos meses, y anduvo con sus amigas por los montes, llorando porque iba a quedar virgen. Acabado el plazo de los dos meses, volvió a casa, y su padre cumplió con ella el voto que había hecho.

Salmo 40

Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.

Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor, y no acude a los idólatras que se extravían con engaños.

Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, y en cambio me abriste el oído; no pides sacrificio expiatorio entonces yo digo: «Aquí estoy.»

-Como está escrito en mi libro- «para hacer tu voluntad». Dios mío, lo quiero,
y llevo tu ley en las entrañas.

He proclamado tu salvación ante la gran asamblea; no he cerrado los labios:
Señor, tú lo sabes.

San Mateo 22, 1-14:

En aquel tiempo, volvió a hablar Jesús en parábolas a los sumos sacerdotes y a los senadores del pueblo, diciendo: “El Reino de los Cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo. Mandó criados para que avisaran a los convidados, pero no quisieron ir. Volvió a mandar criados encargándoles que les dijeran: -tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas y todo está a punto. Venid a la boda. Los convidados no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios, los demás les echaron mano a los criados y los maltrataron hasta matarlos. El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad. Luego dijo a sus criados: -La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos, y a todos los que encontréis, convidadlos a la boda. Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales. Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo: -Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin vestirte de fiesta? El otro no abrió la boca. Entonces el rey dijo a los camareros: -Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes. Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos”.

Ideas centrales del evangelio por el padre Carlos Yepes

Dios no se cansa de llamar, de invitar al hombre al gran banquete de la vida, al Reino de los Cielos, significado en el banquete de bodas en la parábola evangélica que hoy se nos presenta. Dios no se cansa de buscar al hombre, a través de personas, a través de situaciones, unas positivas, otras muchas difíciles y dolorosas.

Sin embargo, el hombre se mantiene tan atareado, tan metido en su mundo de negocios, de asuntos terrenales, que se descubre incapaz de responder al llamado de Dios, lo constatamos en los convidados al banquete de bodas, que uno a uno y de manera sucesiva fueron sacando el cuerpo, aplazando o claramente rehusando la invitación al banquete.

La salvación no se ofrece a los importantes, a los reconocidos, a los ocupados de esta tierra, sino aquellos sencillos, enfermos, tullidos, paralíticos, en efecto, el banquete, el gran salón del banquete de bodas se llena con nuevos invitados, con nuevas personas, probablemente muchos de ellos, los pequeños de Dios.