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Evangelio De Hoy l Padre Carlos Yepes I lunes 23 agosto 2021

Evangelio del día 

Para escuchar el evangelio y la reflexión puedes darle clic al video

1 Corintios 7, 25-35

Hermanos: respecto al celibato no tengo órdenes del Señor, sino que doy mi parecer como hombre de fiar que soy, por la misericordia del Señor. Estimo que es un bien, por la necesidad actual: quiero decir que es un bien vivir así. ¿Estás unido a una mujer? No busques la separación. ¿Estás libre? No busques mujer; aunque, si te casas, no haces mal; y, si una soltera se casa, tampoco hace mal. Pero estos tales sufrirán la tribulación de la carne. Yo respeto sus razones. Digo esto, hermanos: que el momento es apremiante. Queda como solución que los que tienen mujer vivan como si no la tuvieran; los que lloran, como si no lloraran; los que están alegres, como si no lo estuvieran; los que compran, como si no poseyeran; los que negocian en el mundo, como si no disfrutaran de él: porque la representación de este mundo se termina. Quiero que se ahorren preocupaciones: el soltero se preocupa de los asuntos del Señor, buscando contentar al Señor; en cambio, el casado se preocupa de los asuntos del mundo, buscando contentar a su mujer, y anda dividido. Lo mismo, la mujer sin marido y la soltera se preocupan de los asuntos del Señor, consagrándose a ellos en cuerpo y alma; en cambio, la casada se preocupa de los asuntos del mundo, buscando contentar a su marido. Les digo todo esto para su bien, no para ponerles una trampa, sino para inducirlos a una cosa noble y al trato con el Señor sin preocupaciones.

Salmo 45

Llega el Esposo; salgan a recibir a Cristo, el Señor.

Escucha, hija, mira: inclina el oído, olvida tu pueblo y la casa paterna; prendado está el rey de tu belleza: póstrate ante él, que él es tu señor.

Ya entra la princesa, bellísima, vestida de perlas y brocado; la llevan ante el rey, con séquito de vírgenes, la siguen sus compañeras.

Las traen entre alegría y algazara, van entrando en el palacio real. A cambio de tus padres, tendrás hijos, que nombrarás príncipes por toda la tierra. R/.

Ven, esposa de Cristo, recibe la corona eterna que el Señor te tiene preparada.

San Mateo 19, 3-12

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos fariseos y le preguntaron, para ponerlo a prueba: ─ «¿Es lícito a uno despedir a su mujer por cualquier motivo?». Él les respondió: ─ «¿No han leído que el Creador, en el principio, “los creó hombre y mujer”, y dijo: “Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, ¿y serán los dos una sola carne”?
De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Pues lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre». Ellos insistieron: ─ «¿Y por qué mandó Moisés darle acta de repudio y divorciarse?». Él les contestó: ─ «Por lo tercos que son les permitió Moisés divorciarse de sus mujeres; pero, al principio, no era así. Ahora les digo yo que, si uno se divorcia de su mujer, no hablo de impureza y se casa con otra, comete adulterio». Los discípulos le replicaron: ─ «Si esa es la situación del hombre con la mujer, no trae cuenta casarse». Pero Él les dijo: ─ «No todos pueden con eso, solo los que han recibido ese don. Hay eunucos que salieron así del vientre de su madre, a otros los hicieron los hombres, y hay quienes se hacen eunucos por el Reino de los Cielos. El que pueda con esto, que lo haga».

Ideas centrales del evangelio por el padre Carlos Yepes

Muchos de nosotros frente a distintos mensajes de Jesucristo expresamos admiración, cierta luz interior, y encontramos una verdad profunda, pero tenemos que reconocer de alguna manera, sonrojándonos, que en otros casos, escuchando las exigencias evangélicas, pensamos en nuestro interior, “esto quién lo puede cumplir”.

Coloquemos ejemplos concretos que en nuestra práctica pastoral como sacerdotes escuchamos de las personas: “padre, no soy capaz de cumplir lo que dice Jesucristo sobre el perdón, no soy capaz de perdonar, no tengo ese corazón, hasta allí no me llega el mensaje cristiano, no puedo sencillamente perdonar”.

Otras personas te dicen: “padre, yo entiendo que hay que servir, que hay que ayudar a los demás, pero renunciar a mis bienes, darlo a los pobres y entregarme totalmente a Jesús, para mí es muy difícil, mi corazón no me da”.
Estas palabras sencillamente me escandalizan; otros también han dicho: “padre, la fidelidad es una exigencia inhumana, el ser ha sido creado para abrirse en distintas relaciones, frente a personas del otro sexo, para mí es muy difícil, concebir, y aceptar la fidelidad conyugal”.

Este tipo de ejemplos muestra cómo nosotros si nos escandalizamos con las palabras de Jesús y de alguna manera nos cuesta trabajo asumirlas, acogerlas, tal vez, la expresión más común, más corriente que escuchamos es esta: “ni que yo fuera un santo, para vivir de tal o cual manera”.

Nos parece que la santidad es de un club, de exclusivos, de perfectos, que no la entendemos como un llamado universal que Dios ha hecho a todos los hombres y mujeres de buena voluntad.

Con el pueblo de Israel di, “solo al Señor, Él que nos sacó de Egipto, Él que nos ha acompañado en la vida, Él que nos ha protegido, Él que nos ha liberado de nuestras esclavitudes personales, solo a Él serviremos, Él es nuestro Dios”.