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Evangelio De Hoy l Padre Carlos Yepes I martes 16 noviembre 2021

Evangelio del día 

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Macabeos 6,18-31

En aquellos días, Eleazar era uno de los principales maestros de la ley, hombre de edad avanzada y semblante muy digno. Le abrían la boca a la fuerza, para que comiera carne de cerdo. Pero él, prefiriendo una muerte honrosa a una vida de infamia, escupió la carne y avanzó voluntariamente al suplicio, como deben hacer los que son constantes en rechazar manjares prohibidos, aun a costa de la vida. Algunos de los encargados, viejos amigos de Eleazar, movidos por una compasión legítima, lo llevaron aparte y le propusieron que hiciera traer carne permitida, preparada por él mismo, y que la comiera haciendo como que comía la carne del sacrificio ordenado por el rey, para que así se librara de la muerte y, dada su antigua amistad, lo tratasen con consideración. Pero él, adoptando una actitud cortés, digna de sus años, de su noble ancianidad, de canas honradas e ilustres, de su conducta intachable desde niño y, sobre todo digna de la ley santa dada por Dios, respondió sin cortarse, diciendo en seguida: – ¡Enviadme al sepulcro!
No es digno de mí edad ese engaño. Van a creer los jóvenes que Eleazar a los noventa años ha apostatado, y si miento por un poco de vida que me queda se van a extraviar con mi mal ejemplo. Eso sería manchar e infamar mi vejez. Y aunque de momento me librase del castigo de los hombres, no me libraría de la mano del Omnipotente, ni vivo ni muerto. Si muero ahora como un valiente, me mostraré digno de mis años y legaré a los jóvenes un noble ejemplo, para que aprendan a arrostrar una muerte noble y voluntaria, por amor a nuestra santa y venerable ley. Dicho esto, se fue enseguida al suplicio. Los que le llevaban, considerando insensatas las palabras que acababa de pronunciar, cambiaron en dureza su actitud benévola de poco antes. Pero él, a punto de morir a causa de los golpes, dijo entre suspiros: -Bien sabe el Señor, dueño de la ciencia santa, que, pudiendo librarme de la muerte, aguanto en mi cuerpo los crueles dolores de la flagelación, y que en mi alma los sufro con gusto por temor de él. De esta manera terminó su vida, dejando no sólo a los jóvenes, sino también a toda la nación, un ejemplo memorable de heroísmo y de virtud.

Salmo 3:

El Señor me sostiene.

Señor, cuántos son mis enemigos, cuántos se levantan contra mí;
cuántos dicen de mí: «Ya no le protege Dios.»

Pero tú, Señor, eres mi escudo y mi gloria, Tú mantienes alta mi cabeza.
Si grito invocando al Señor, Él me escucha desde su monte santo.

Puedo acostarme y dormir y despertar: el Señor me sostiene. No temeré al pueblo innumerable que acampa a mi alrededor.

San Lucas 19,1-10

En aquel tiempo, entró Jesús en Jericó y atravesaba la ciudad. Un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de distinguir quién era Jesús, pero la gente se lo impedía, porque era bajo de estatura. Corrió más adelante y se subió a una higuera, para verlo, porque tenía que pasar por allí. Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y dijo: -Zaqueo, baja enseguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa. Él bajó en seguida, y lo recibió muy contento. Al ver esto, todos murmuraban diciendo: -Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador. Pero Zaqueo se puso en pie, y dijo al Señor: -Mira, la mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres; y si de alguno me he aprovechado, le restituiré cuatro veces más. Jesús le contestó: -Hoy ha sido la salvación de esta casa; también éste es hijo de Abrahán. Porque el Hijo del Hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido.

Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.

Ideas centrales del evangelio por el padre Carlos Yepes

Algún autor espiritual habla de tres niveles de conversión en la vida del hombre.
La primera: es la conversión que se da en su manera de pensar, recapacita por una luz que adquiere repentinamente, y se formula interrogantes de este tenor: ¿Qué he hecho de mi vida?, ¿Cómo he despilfarrado mi tiempo?, ¿Qué quiero hacer de mi existencia, en este presente, y en el futuro inmediato?
Es la conversión hacia Jesucristo, por una iluminación interior que me lleva a pensar: mi existencia, mi familia, mi trabajo, mi matrimonio de una manera distinta.

Como que reconocemos una equivocación, reconocemos una falta de claridad, en el norte u orientación de nuestra vida.
Pero luego hay un segundo nivel de conversión más profundo: es la conversión en el corazón, hay como un dolor, hay un arrepentimiento, hay una sensación de vacío, porque hemos construido nuestra vida, sin contar con Dios.

Pero habla este autor espiritual de un tercer nivel de conversión todavía más profundo, y ya no empieza solamente en la cabeza bajando 35 cm al corazón, sino que luego del corazón en línea oblicua baja 50 cm, al bolsillo. Es la llamada conversión de los bienes materiales.