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Evangelio De Hoy l Padre Carlos Yepes I martes 23 noviembre 2021

Evangelio del día 

Para escuchar el evangelio y la reflexión puedes darle clic al video

Daniel 2,31-45

En aquellos días, dijo Daniel a Nabucodonosor: -Tú, rey, viste una visión: una imagen majestuosa, una imagen gigantesca y de un brillo extraordinario; su aspecto era terrible. Tenía la cabeza de oro fino, el pecho y los brazos de plata, el vientre y los muslos de bronce, las piernas de hierro, y los pies, de hierro mezclado con barro. Mientras estabas mirando, una piedra se desprendió sin intervención humana, chocó con los pies de hierro y barro de la estatua y la hizo pedazos; del golpe se hicieron pedazos el hierro y el barro, el bronce, la plata y el oro, triturados como tamo de una era en verano, que el viento lo arrebata y desaparece sin dejar rastro. Y la piedra que había deshecho la estatua creció hasta hacerse una montaña enorme que ocupaba toda la tierra. Este era el sueño; ahora explicaremos al rey su sentido. Tú, oh rey, rey de reyes, a quien el Dios del cielo ha entregado el reino y el poder, y el dominio y la gloria a quien ha dado poder sobre los hombres dondequiera que vivan, sobre las bestias del campo y las aves del cielo, para que reines sobre todos ellos, tú, eres la cabeza de oro. Te sucederá un reino de plata, menos poderoso; después, un tercer reino de bronce, que dominará a todo el orbe. Vendrá después un cuarto reino, fuerte como el hierro; como el hierro destroza y machaca todo, así destrozará y triturará a todos. Los pies y los dedos que viste, de hierro mezclado con barro de alfarero, representan un reino dividido, aunque conservará algo del vigor del hierro, porque viste hierro mezclado con arcilla. Los dedos de los pies, de hierro y barro, son un reino a la vez poderoso y débil. Como viste el hierro mezclado con la arcilla, así se mezclarán los linajes, pero no llegarán a fundirse, lo mismo que no se puede alear el hierro con el barro. Durante ese reinado, el Dios del cielo suscitará un reino que nunca será destruido, ni su dominio pasará a otro, sino que destruirá y acabará con todos los demás reinos, y él durará por siempre. La piedra que viste desprendida del monte sin intervención humana, y que destrozó el hierro, el bronce, el barro, la plata y el oro, es el destino que el Dios poderoso comunica a su Majestad. El sueño tiene sentido, la interpretación es cierta.

Salmo

Ensalzadlo con himnos por los siglos.

Criaturas todas del Señor: bendecid al Señor.

Ángeles del Señor: bendecid al Señor.

Cielos: bendecid al Señor.

Aguas del espacio: bendecid al Señor.

Ejércitos del Señor: bendecid al Señor.

San Lucas 21,5-11

En aquel tiempo, algunos ponderaban la belleza del templo, por la calidad de la piedra y los exvotos. Jesús les dijo: -Esto que contempláis, llegará un día en que no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido. Ellos le preguntaron: -Maestro, ¿cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder? Él contestó: -Cuidado con que nadie os engañe. Porque muchos vendrán usando mí nombre, diciendo: «Yo soy», o bien «el momento está cerca»; no vayáis tras ellos. Cuando oigáis noticias de guerras y de revoluciones, no tengáis pánico. Porque eso tiene que ocurrir primero, pero el final no vendrá enseguida. Luego les dijo: -Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá grandes terremotos, y en diversos países epidemias y hambre. Habrá también espantos y grandes signos en el cielo.

Ideas centrales del evangelio por el padre Carlos Yepes

La ocasión del Evangelio que hoy se nos presenta, es la admiración que despierta en algunos, las decoraciones, la calidad de la piedra del templo de Jerusalén, orgullo nacional del pueblo de Israel hace 2000 años.

A propósito de esa belleza humana, o esa belleza pictórica, o esa belleza de las obras creadas por el hombre, que a veces nos deslumbra, Jesús hace una severa advertencia: “Esto que contempláis, llegará un día en que no quedará piedra sobre piedra”.

Jesús hace una seria advertencia: primero nos invita a estar despiertos, segundo, nos dice: “No nos dejemos engañar, vendrán muchos falsos profetas, diciendo, yo tengo la verdad, yo soy el elegido, yo tengo la razón, y aún con signos aparentemente poderosos, pretenderán convencernos a nosotros”.
Jesús advierte que muchos engañados, torpemente engañados, les seguirán a estos falsos profetas, y se perderán.