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Evangelio De Hoy l Padre Carlos Yepes I sábado 25 diciembre 2021

Evangelio del día 

Para escuchar el evangelio y la reflexión puedes darle clic al video

Isaías 52, 7-10

¡Qué alegría ver venir por las montañas al mensajero que anuncia la paz, que trae la buena nueva, que pregona la victoria, que dice a Sion: ¡Ya reina tu Dios! Tus centinelas, Sion, alzan la voz, todos a una gritan de alegría, porque están viendo con sus propios ojos cómo vuelve el Señor a tu ciudad. Lancen gritos de júbilo, ruinas de Jerusalén, porque el Señor dejó a su pueblo aspirar la libertad, y rescató a Jerusalén. Desplegó el poder de su santo brazo a la vista de todas las naciones; y hasta en el último rincón de la tierra verán la victoria de nuestro Dios.

Salmo 98

La tierra entera ha contemplado la bondad de nuestro Dios.

Canten al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas: su diestra le ha dado la victoria, su santo brazo. /R.
La tierra entera ha contemplado la bondad de nuestro Dios.

El Señor da a conocer su victoria, revela a las naciones su justicia: se acordó de su misericordia y su fidelidad en favor de la casa de Israel. /R.
La tierra entera ha contemplado la bondad de nuestro Dios.

Los confines de la tierra han contemplado la salvación de nuestro Dios. Aclama al Señor, tierra entera; griten, vitoreen, toquen. /R.
La tierra entera ha contemplado la bondad de nuestro Dios.

Hebreos 1, 1-6

En muchas ocasiones y de diversas maneras había hablado Dios en tiempo pasados a nuestros padres por medio de los profetas. Ahora, al final, nos ha hablado por su Hijo, por medio del cual creó el universo. Él es el resplandor de la gloria de Dios y la impronta de su ser, y con su palabra poderosa sostiene el universo. Él nos purificó de nuestros pecados, y se sentó en el cielo a la derecha de la divina Majestad, tanto más encumbrado sobre los ángeles, cuanto menos común es el título que ha recibido. En efecto, a ningún ángel dijo nunca Dios: «Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy», ni tampoco: «Yo seré para él un Padre, y él será para mí un Hijo.» Y además, al introducir a su Hijo primogénito en la tierra, dice: «Que lo adoren todos los ángeles de Dios».

Del santo Evangelio según San Juan 1, 1-5.9-14

En el principio existía la Palabra. Y la Palabra estaba junto a Dios, más aún, era Dios. Desde el comienzo estaba con Dios. Todo lo hizo Dios por medio de ella, y sin ella nada hizo de cuanto existe.

En la Palabra había vida, y esa vida ha sido luz de los hombres; luz que sigue brillando en las tinieblas, ya que las tinieblas no pudieron eclipsarla. La verdadera luz era la Palabra, que al venir a este mundo ilumina a toda la humanidad. Estaba en el mundo, un mundo que por medio de ella hizo Dios, pero el mundo no quiso saber nada de ella.

Vino a su propia casa, y los de su casa no la recibieron. Pero hubo algunos que la recibieron, y a ellos, por creer y confesar su nombre, les concedió la gracia de ser hijos de Dios, no como nacen los seres humanos, ni por voluntad natural y humana, sino porque Dios les da la vida.

La Palabra se hizo hombre y se estableció entre nosotros; y nosotros contemplamos su gloria, gloria que recibe del Padre por ser Hijo único, lleno de la gracia y la verdad.

Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.

Ideas centrales del evangelio por el padre Carlos Yepes

Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres y mujeres que ama el Señor.
Hoy es, el gran día de navidad, hoy la palabra se ha hecho carne y a acampado entre nosotros, y hemos contemplado su gloria como nos dice el prólogo del Evangelio de san juan, presente en la liturgia de este día, en el capítulo primero de dicho evangelista.

Hoy reconocemos, que hay fiesta, porque la vida nueva, la vida de paz, la vida de esperanza, la vida de amor que Cristo vino a traer al mundo, irrumpe en el torrente de la historia humana, el año cero de la era cristiana.

Hoy reconocemos: que es también la fiesta de la familia, porque este Niño nace de una mujer madre, María, y de un padre adoptivo, san José.

Hoy amemos, hoy recibamos la paz y la esperanza que trae el Niño Jesús, hoy descubramos el encanto de la vida simple, de la vida elemental, hoy desafiemos y desconfiemos, del estilo de vida de las grandes ciudades, del ruido tecnológico, de idealizar momentos supremos en la vida, y aprendamos a disfrutar de aquellas circunstancias simples, donde Dios nos habla cotidianamente.