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Evangelio de hoy l padre Carlos Yepes l viernes 12 de febrero 2021

Génesis 3, 1-8

La serpiente era más astuta que las demás bestias del campo que el Señor había hecho. Y dijo a la mujer: «¿Conque Dios les ha dicho que no coman de ningún árbol del jardín?».

La mujer contestó a la serpiente: «Podemos comer los frutos de los árboles del jardín; pero del fruto del árbol que está en mitad del jardín nos ha dicho Dios: «No coman de él ni lo toquen, de lo contrario morirán»». La serpiente replicó a la mujer: «No, no morirán; es que Dios sabe que el día en que coman de él se les abrirán los ojos, y serán como Dios en el conocimiento del bien y el mal» Entonces la mujer se dio cuenta de que el árbol era bueno de comer, atrayente a los ojos y deseable para lograr inteligencia; así que tomó de su fruto y comió. Luego se lo dio a su marido, que también comió. Se les abrieron los ojos a los dos y descubrieron que estaban desnudos; y entrelazaron hojas de higuera y se las ciñeron. Cuando oyeron la voz del Señor Dios que se paseaba por el jardín a la hora de la brisa. Adán y su mujer se escondieron de la vista del Señor Dios entre los árboles del jardín.

Salmo 32(31), 1-2. 5. 6. 7

Dichoso el que está absuelto de su culpa.

Dichoso el que está absuelto de su culpa, a quien le han sepultado su pecado: dichoso el hombre a quien el Señor no le apunta el delito y en cuyo espíritu no hay engaño. R.

Había pecado, lo reconocí, no te encubrí mi delito; propuse: «Confesaré al Señor mi culpa», y tú perdonaste mi culpa y mi pecado R.

Por eso, que todo fiel te suplique en el momento de la desgracia; la crecida de las aguas caudalosas no lo alcanzará. R

Tú eres mi refugio, me libras del peligro, me rodeas de cantos de liberación. R.

Marcos 7, 31-37

En aquel tiempo, dejando Jesús el territorio de Tiro, pasó por Sidón, camino del mar de Galilea, atravesando la Decápolis. Y le presentaron un sordo, que, además, apenas podía hablar; y le piden que le imponga la mano. Él, apartándolo de la gente, a solas, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua. Y mirando al cielo, suspiró y le dijo: «Effetá» (esto es, «ábrete»). Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y hablaba correctamente. ÉL les mandó que no lo dijeran a nadie; pero, cuanto más se lo mandaba, con más insistencia lo proclamaban ellos. Y en el colmo del asombro decían: «Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablara los mudos».

Fragmento de reflexión del evangelio, padre Carlos Yepes

Reconocemos que el mal obra en nuestra mente, actúa sobre nuestros sentidos con astucia infinita; a veces somos demasiado ingenuos pensando que el mal no existe, que es una invención humana; basta mirar un portal digital de noticias y ver la violencia, la corrupción, la manipulación, la mentira, para que nos demos cuenta de que el mal es una realidad que habita el mundo y que no nos podemos, ingenuamente, sustraer a él, que siempre trabaja sobre todas las personas de manera particular, sobre aquellas que quieren ser fieles al proyecto de Dios. Y precisamente lo que busca el mal: ¡apartarnos, desviarnos, separarnos del proyecto de felicidad, del proyecto de verdad que Dios ha trazado desde siempre sobre nuestra vida!

Escucha la reflexión completa dando clic al video arriba