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Evangelio De Hoy l Padre Carlos Yepes l viernes 16 julio 2021

Evangelio del día 

Para escuchar el evangelio y la reflexión puedes darle clic al video

Éxodo 11,10-12,14:

En aquellos días, Moisés y Aarón hicieron muchos prodigios en presencia del Faraón; pero el Señor hizo que el Faraón se empeñara en no dejar marchar a los israelitas de su tierra. Dijo el Señor a Moisés y a Aarón en tierra de Egipto: -Este mes será para vosotros el principal de los meses; será para vosotros el primer mes del año. Decid a toda la asamblea de Israel: el diez de este mes cada uno procurará un animal para su familia, uno por casa. Si la familia es demasiado pequeña para comérselo, que se junte con el vecino de casa, hasta completar el número de personas y cada uno comerá su parte hasta terminarlo. Será un animal sin defecto, macho, de un año, cordero o cabrito. Lo guardaréis hasta el día catorce del mes y toda la asamblea de Israel lo matará al atardecer. Tomaréis la sangre y rociaréis las dos jambas y el dintel de la casa donde lo hayáis comido. Esa noche comeréis la carne, asada a fuego, y comeréis panes sin fermentar y verduras amargas. No comeréis de ella nada crudo, ni cocido en agua, sino asado a fuego: con cabeza, patas y tripas. No dejaréis restos para la mañana siguiente; y si sobra algo, lo quemaréis. Y lo comeréis así: la cintura ceñida, las sandalias en los pies, un bastón en la mano; y os lo comeréis a toda prisa, porque es la Pascua, el Paso del Señor. Yo pasaré esta noche por la tierra de Egipto y heriré a todos los primogénitos del país de Egipto, desde los hombres hasta los ganados, y me tomaré justicia de todos los dioses de Egipto. Yo, el Señor. La sangre será vuestra señal en las casas donde habitáis. Cuando yo vea la sangre, pasaré de largo ante vosotros, y no habrá entre vosotros plaga exterminadora, cuando yo hiera al país de Egipto. Este será un día memorable para vosotros y lo celebraréis como fiesta en honor del Señor, de generación en generación. Decretaréis que sea fiesta para siempre.

Salmo 115:

R/. Alzaré la copa de la salvación, invocando el nombre del Señor.

¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho? Alzaré la copa de la salvación,
invocando su nombre. R/.

Mucho le cuesta al Señor la muerte de sus fieles. Señor, yo soy tu siervo, hijo de tu esclava; rompiste mis cadenas. R/.

Te ofreceré un sacrificio de alabanza, invocando tu nombre, Señor. Cumpliré al Señor mis votos en presencia de todo el pueblo. R/.

Lectura del santo evangelio según san Mateo 12,1-8:

Un sábado de aquellos, Jesús atravesaba un sembrado; los discípulos, que tenían hambre, empezaron a arrancar espigas y a comérselas. Los fariseos, al verlo, le dijeron: -Mira, tus discípulos están haciendo una cosa que no está permitida en sábado. Les replicó: -¿No habéis leído lo que hizo David, cuando él y sus hombres sintieron hambre? Entró en la casa de Dios y comieron de los panes presentados, cosa que no les estaba permitida ni a él ni a sus compañeros, sino sólo a los sacerdotes. ¿Y no habéis leído en la ley que los sacerdotes pueden violar el sábado en el templo sin incurrir en culpa? Pues os digo que aquí hay uno que es más que el templo. Si comprendierais lo que significa quiero misericordia y no sacrificio, no condenaríais a los que no tienen culpa. Porque el Hijo del Hombre es señor del sábado.

Ideas centrales del evangelio por el padre Carlos Yepes

Hoy reconocemos que muchas veces se antepone a la justicia, se antepone al servicio y a la misma humanidad, que, nos debe caracterizar con los sufrientes, se anteponen políticas institucionales, leyes, mandatos, rigores y rigideces que, en no pocas ocasiones, se vuelven inhumanas.

¿cuántas injusticias?, ¿cuántos atropellos?, ¿cuántas arbitrariedades se pueden cometer?, pero no hablamos solamente de una ley penal, una ley civil, una ley comercial, una ley tributaria; hablemos también de la ley religiosa. Tenemos que decirlo con alguna vergüenza, que, en la Iglesia, a veces predicamos más la caridad y la misericordia que practicarla en obras y en acciones concretas con necesitados.

Hoy, el paso de los siglos, la madurez de la vida y una experiencia más profunda de Dios nos tiene que enseñar, que, ciertamente las leyes son necesarias, que las sociedades, las instituciones, los grupos humanos se organizan en torno a normas aceptadas y asumidas universalmente, pero aún esas leyes deben ser suavizadas, atemperadas cuando se trata de practicar la misericordia, la bondad, el servicio y en último término, la justicia frente a alguien.