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Evangelio De Hoy l Padre Carlos Yepes l jueves 24 junio 2021

Evangelio del día 

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Isaías 49,1-6:

Escuchadme, islas; atended, pueblos lejanos: Estaba yo en el vientre, y el Señor me llamó; en las entrañas maternas, y pronunció mi nombre. Hizo de mi boca una espada afilada, me escondió en la sombra de su mano; me hizo flecha bruñida, me guardó en su aljaba y me dijo: Tú eres mi siervo, de quien estoy orgulloso. Mientras yo pensaba: En vano me he cansado, en viento y en nada he gastado mis fuerzas, en realidad mi derecho lo llevaba el Señor, mi salario lo tenía mi Dios. Y ahora habla el Señor, que desde el vientre me formó siervo suyo, para que le trajese a Jacob, para que le reuniese a Israel, tanto me honró el Señor,y mi Dios fue mi fuerza: Es poco que seas mi siervo y restablezcas las tribus de Jacob y conviertas a los supervivientes de Israel; te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra.

Salmo 139:

R/. Te doy gracias, porque me has escogido portentosamente.

Señor, tú me sondeas y me conoces: me conoces cuando me siento o me levanto, de lejos penetras mis pensamientos; distingues mi camino y mi descanso, todas mis sendas te son familiares. R/.

Tú has creado mis entrañas, me has tejido en el seno materno, porque son admirables tus obras. Te doy gracias porque me has escogido portentosamente. R/.

Conocías hasta el fondo de mi alma, no desconocías mis huesos. Cuando, en lo oculto, me iba formando y entretejiendo en lo profundo de la tierra. R/.

Hechos de los apóstoles 13, 22-26:

En aquellos días, Pablo dijo: Dios suscitó a David por rey; de quien hizo esta alabanza: Encontré a David, hijo de Jesé, hombre conforme a mi corazón, que cumplirá todos mis preceptos. De su descendencia, según lo prometido, sacó Dios un Salvador para Israel: Jesús. Juan, antes de que él llegara, predicó a todo el pueblo de Israel un bautismo de conversión; y cuando estaba para acabar su vida, decía:Yo no soy quien pensáis, sino que viene detrás de mí uno, a quien no merezco desatarle las sandalias. Hermanos, descendientes de Abraham y todos los que teméis a Dios: a vosotros se os ha enviado este mensaje de salvación.

San Lucas 1, 57-66.80:

A Isabel se le cumplió el tiempo y dio a luz un hijo. Se enteraron sus vecinos y parientes de que el Señor le había hecho una gran misericordia, y la felicitaban. A los ocho días fueron a circuncidar al niño, y lo llamaban Zacarías, como a su padre. La madre intervino diciendo: – ¡No! Se va a llamar Juan. Le replicaron: – Ninguno de tus parientes se llama así. Entonces preguntaban por señas al padre cómo quería que se llamase. El pidió una tablilla y escribió: Juan es su nombre. Todos se quedaron extrañados. Inmediatamente se le soltó la boca y la lengua y empezó a hablar bendiciendo a Dios. Los vecinos quedaron sobrecogidos, y corrió la noticia por toda la montaña de Judea. Y todos los que lo oían reflexionaban diciendo: – ¿Qué va a ser este niño? Porque la mano de Dios estaba con él. El niño iba creciendo y su carácter se afianzaba; vivió en el desierto hasta que se presentó a Israel.

Ideas centrales del evangelio por el padre Carlos Yepes

Con gran alegría, celebramos el nacimiento de Juan el Bautista, hablamos propiamente de uno de los grandes santos de la Iglesia. Pero, ¿quién es Juan el Bautista?, ¿Qué significa este profeta que es puente o bisagra entre el antiguo y el nuevo testamento?

Podríamos sintetizar toda su obra en tres sencillas palabras: la primera: Juan es un milagro de Dios. Donde era imposible, humanamente, pensarse en la concepción, Dios obra. Este niño que va a ser ciertamente el gran anunciador de Jesucristo;

Una segunda palabra: es el gran profeta de Jesús, el gran anunciador de aquel que él denomina: es la palabra por excelencia, “yo apenas soy una pobre voz”, dirá Juan el Bautista. Anuncia un cambio en la vida radical, anuncia una nueva forma de existir.

Finalmente, es el mártir que derrama su sangre; es el hombre que entrega y refrenda con el testimonio supremo de su sangre, de su vida entregada a ejemplo de Jesús lo que es el coraje de denunciar el pecado del hombre y anunciar la verdad suprema de Dios.