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Evangelio De Hoy l Padre Carlos Yepes l jueves 25 de marzo 2021

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La anunciación del Señor

Isaías 7

En aquel tiempo, el Señor habló a Acaz: Pide una señal al Señor, tu Dios: en lo hondo del abismo o en lo alto del cielo. Respondió Acaz: No la pido, no quiero tentar al Señor. Entonces dijo Dios: Escucha, casa de David: ¿No les basta cansar a los hombres, que cansan incluso a mi Dios? Pues el Señor, por su cuenta, les dará una señal. Miren: la Virgen está encinta y da a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa: Dios con nosotros.

Salmo 40:

Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.

Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, y, en cambio, me abriste el oído: no pides sacrificio expiatorio, entonces yo digo: Aquí estoy. R.

Como está escrito en mi libro para hacer tu voluntad. Dios mío, lo quiero, y llevo tu ley en las entrañas. R.

He proclamado tu salvación ante la gran asamblea: no he cerrado los labios: Señor, tú lo sabes. R.

No me he guardado en el pecho tu defensa, he contado tu fidelidad y tu salvación, no he negado tu misericordia y tu lealtad ante la gran asamblea. R.

Carta a los Hebreos 10, 4-10

Hermanos: Es imposible que la sangre de los toros y de los machos cabríos quite los pecados. Por eso, cuando Cristo entró en el mundo dijo: Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, pero me has preparado un cuerpo; no aceptas holocaustos ni víctimas expiatorias. Entonces yo dije lo que está escrito en el libro: «Aquí estoy, oh Dios, para hacer tu voluntad”. Primero dice: No quieres ni aceptas sacrificios ni ofrendas, holocaustos ni victimas expiatorias, que se ofrecen según la Ley. Después añade: Aquí estoy yo para hacer tu voluntad. Niega lo primero, para afirmar lo segundo. Y conforme a esa voluntad todos quedamos santificados por la oblación del cuerpo de Jesucristo, hecha una vez para siempre.

San Lucas 1, 26-38

A los seis meses, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María. E ángel, entrando en su presencia, dijo: Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo. Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél. E ángel le dijo: No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin. Y María dijo al ángel: ¿cómo será eso, pues no conozco a varón?, El ángel le contestó: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra: por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible. María contestó: Aquí está la esclava del Señor: hágase en mí según tu palabra. Y la dejó el ángel.

Ideas centrales del evangelio por el padre Carlos Yepes

El Señor no abandona al hombre cuando, desde lo humano, se formula interrogantes y es aquí donde nosotros tenemos que reconocer que la fe, la de María y la de cualquiera de nosotros, tiene momentos de prueba. Allí, podemos preguntar a Dios y él nos responde: ¡él no abandona!

Que todos podamos decir como María ¡aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra!