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Evangelio De Hoy l Padre Carlos Yepes l miércoles 26 mayo 2021

Para escuchar el evangelio y la reflexión puedes darle clic al video

Eclesiástico 36,1-2a.5-6.13-19

Ten piedad de nosotros, Dueño soberano, Dios de todas las cosas, y mira, infunde tu temor a todas las naciones. Levanta tu mano contra las naciones extranjeras y que ellas vean tu dominio. Renueva los signos y repite las maravillas, glorifica tu mano y tu brazo derecho. Despierta tu furor y derrama tu ira, suprime al adversario y extermina al enemigo. Llena a Sión de alabanzas por tu triunfo, y a tu pueblo, cólmalo de tu gloria. Da testimonio a favor de los que tú creaste en el principio, y cumple las profecías anunciadas en tu nombre. Dales la recompensa a los que te aguardan, y que se compruebe la veracidad de tus profetas. Escucha, Señor, la oración de los que te suplican, conforme a la bendición de Aarón sobre tu pueblo, para que todos los que viven en la tierra reconozcan que tú eres el Señor, el Dios eterno.
El estómago asimila toda clase de alimentos, pero hay unos mejores que otros. El paladar distingue los manjares y el corazón inteligente descubre las mentiras.

Salmo 79

R/.Muéstrame, Señor, la luz de tu misericordia.

No recuerdes para nuestro mal las culpas de otros tiempos; compadécete pronto de nosotros,
porque estamos totalmente abatidos. R/

Ayúdanos, Dios salvador nuestro, por el honor de tu Nombre; líbranos y perdona nuestros pecados,
a causa de tu Nombre. R/

Llegue hasta tu presencia el lamento de los cautivos, preserva con tu brazo poderoso a los que están condenados a muerte. R/

Y nosotros, que somos tu pueblo y las ovejas de tu rebaño, te daremos gracias para siempre,
y cantaremos tus alabanzas por todas las generaciones. R/

San Marcos 10,32-45

Mientras iban de camino para subir a Jerusalén, Jesús se adelantaba a sus discípulos; ellos estaban asombrados y los que lo seguían tenían miedo. Entonces reunió nuevamente a los Doce y comenzó a decirles lo que le iba a suceder: «Ahora subimos a Jerusalén; allí el Hijo del hombre será entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas. Lo condenarán a muerte y lo entregarán a los paganos: ellos se burlarán de él, lo escupirán, lo azotarán y lo matarán. Y tres días después, resucitará». Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, se acercaron a Jesús y le dijeron: «Maestro, queremos que nos concedas lo que te vamos a pedir». Él les respondió: «¿Qué quieren que haga por ustedes?». Ellos le dijeron: «Concédenos sentarnos uno a tu derecha y el otro a tu izquierda, cuando estés en tu gloria». Jesús les dijo: «No saben lo que piden. ¿Pueden beber el cáliz que yo beberé y recibir el bautismo que yo recibiré?». «Podemos», le respondieron. Entonces, Jesús agregó: «Ustedes beberán el cáliz que yo beberé y recibirán el mismo bautismo que yo. En cuanto a sentarse a mi derecha o a mi izquierda, no me toca a mí concederlo, sino que esos puestos son para quienes han sido destinados». Los otros diez, que habían oído a Santiago y a Juan, se indignaron contra ellos.
Jesús los llamó y les dijo: «Ustedes saben que aquellos a quienes se considera gobernantes, dominan a las naciones como si fueran sus dueños, y los poderosos les hacen sentir su autoridad. Entre ustedes no debe suceder así. Al contrario, el que quiera ser grande, que se haga servidor de ustedes; y el que quiera ser el primero, que se haga servidor de todos. Porque el mismo Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por una multitud».

Ideas centrales del evangelio por el Padre Carlos Yepes

Jesús, como nadie, es consciente: del cáliz, de la prueba del destino de sufrimiento que le espera, pero no se arredra, no se amilana, no se acobarda porque sabe que este sufrimiento, aunque en lo humano resulta escandalizador, es parte del plan del proyecto misterioso y salvador de Dios sobre toda la humanidad.

Hoy Jesús ratifica una enseñanza universal: el servicio y solo el servicio, la entrega con sencillez y humildad, la donación con amor de la propia vida es el único camino para ser grandes y, si se quiere, para ser fuertes ante Dios; de hecho, él ratifica que como Hijo del hombre no ha venido a ser servido por los hombres, sino a servir y a dar su vida: en rescate, en liberación, en salvación por muchos.

 

 

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