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Laudes I oración de la mañana I domingo 12 diciembre 2021

Laudes

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¡Señor, abre mis labios!
¡Y mi boca proclamará tu alabanza!

Salmo 23

Entrada solemne de Dios en su templo

Al Rey que viene, al Señor que se acerca, venid, adorémosle.
Del Señor es la tierra y cuanto la llena, el orbe y todos sus habitantes: Él la fundó sobre los mares, Él la afianzó sobre los ríos.
Al Rey que viene, al Señor que se acerca, venid, adorémosle.

¿Quién puede subir al monte del Señor? ¿Quién puede estar en el recinto sacro?
Al Rey que viene, al Señor que se acerca, venid, adorémosle.

El hombre de manos inocentes y puro corazón, que no confía en los ídolos ni jura contra el prójimo en falso. Ese recibirá la bendición del Señor, le hará justicia el Dios de salvación.
Al Rey que viene, al Señor que se acerca, venid, adorémosle.

Este es el grupo que busca al Señor, que viene a tu presencia, Dios de Jacob.
Al Rey que viene, al Señor que se acerca, venid, adorémosle.
¡Portones!, alzad los dinteles, levantaos, puertas antiguas: va a entrar el Rey de la gloria.
Venid, adoremos al Señor, Dios grande.

¿Quién es ese Rey de la gloria? el Señor, héroe valeroso; el Señor, héroe de la guerra.
Al Rey que viene, al Señor que se acerca, venid, adorémosle.

¡Portones!, alzad los dinteles, levantaos, puertas antiguas: va a entrar el Rey de la gloria.
Al Rey que viene, al Señor que se acerca, venid, adorémosle.

¿Quién es ese Rey de la gloria? El Señor, Dios de los ejércitos. Él es el Rey de la gloria.
Al Rey que viene, al Señor que se acerca, venid, adorémosle.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo,
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.
Amén.

Al Rey que viene, al Señor que se acerca, venid, adorémosle.

Himno

Una clara voz resuena que las tinieblas repudia, el sueño pesado ahuyentase,
Cristo en el cielo fulgura.

Despierte el alma adormida y sus torpezas sacuda, que para borrar los males
un astro nuevo relumbra.

De arriba llega el Cordero que ha de lavar nuestras culpas; con lágrimas imploremos el perdón que nos depura, porque en su nueva venida que aterroriza y conturba, no tenga que castigarnos, más con piedad nos acuda.

Al Padre eterno la gloria, loor al Hijo en la altura, y al Espíritu Paráclito por siempre alabanza suma.
Amén.

Salmodia

Vendrá el Señor y no tardará: iluminará lo escondido en las tinieblas y se manifestará a todos los hombres. Aleluya.

Salmo 92

El Señor reina, vestido de majestad, el Señor, vestido y ceñido de poder: así está firme el orbe y no vacila.

Tu trono está firme desde siempre, y Tú eres eterno.

Levantan los ríos, Señor, levantan los ríos su voz, levantan los ríos su fragor;
pero más que la voz de aguas caudalosas, más potente que el oleaje del mar,
más potente en el cielo es el Señor.

Tus mandatos son fieles y seguros; la santidad es el adorno de tu casa, Señor, por días sin término.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.
Amén.

Vendrá el Señor y no tardará: iluminará lo escondido en las tinieblas y se manifestará a todos los hombres. Aleluya.

Los montes y las colinas se abajarán, lo torcido se enderezará y lo escabroso se igualará; ven, Señor, no tardes. Aleluya.

Cántico

Daniel 3,57-88.56

Criaturas todas del Señor, bendecid al Señor, ensalzadlo con himnos por los siglos.

Ángeles del Señor, bendecid al Señor; cielos, bendecid al Señor.

Aguas del espacio, bendecid al Señor; ejércitos del Señor, bendecid al Señor.
Sol y luna, bendecid al Señor; astros del cielo, bendecid al Señor.

Lluvia y rocío, bendecid al Señor; vientos todos, bendecid al Señor.

Fuego y calor, bendecid al Señor; fríos y heladas, bendecid al Señor.

Rocíos y nevadas, bendecid al Señor; témpanos y hielos, bendecid al Señor.

Escarchas y nieves, bendecid al Señor; noche y día, bendecid al Señor.

Luz y tinieblas, bendecid al Señor; rayos y nubes, bendecid al Señor.

Bendiga la tierra al Señor, ensálcelo con himnos por los siglos.

Montes y cumbres, bendecid al Señor; cuanto germina en la tierra, bendiga al Señor.

Manantiales, bendecid al Señor; mares y ríos, bendecid al Señor.

Cetáceos y peces, bendecid al Señor; aves del cielo, bendecid al Señor.

Fieras y ganados, bendecid al Señor, ensalzadlo con himnos por los siglos.

Hijos de los hombres, bendecid al Señor bendiga Israel al Señor.

Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor; siervos del Señor, bendecid al Señor.

Almas y espíritus justos, bendecid al Señor; santos y humildes de corazón, bendecid al Señor.

Ananías, Azarías y Misael, bendecid al Señor, ensalzadlo con himnos por los siglos.

Bendigamos al Padre y al Hijo con el Espíritu Santo, ensalcémoslo con himnos por los siglos.

Bendito el Señor en la bóveda del cielo, alabado y glorioso y ensalzado por los siglos.

Los montes y las colinas se abajarán, lo torcido se enderezará y lo escabroso se igualará; ven, Señor, no tardes. Aleluya.

Salmo 148:

Salvaré a Sión y mostraré mi gloria en Jerusalén. Aleluya.

Alabad al Señor en el cielo, alabad al Señor en lo alto.

Alabadlo, todos sus ángeles; alabadlo, todos sus ejércitos.

Alabadlo, sol y luna; alabadlo, estrellas lucientes.

Alabadlo, espacios celestes y aguas que cuelgan en el cielo.

Alaben el nombre del Señor, porque él lo mandó, y existieron.

Les dió consistencia perpetua y una ley que no pasará.

Alabad al Señor en la tierra, cetáceos y abismos del mar,

rayos, granizo, nieve y bruma, viento huracanado que cumple sus órdenes,

montes y todas las sierras, árboles frutales y cedros,

fieras y animales domésticos, reptiles y pájaros que vuelan.

Reyes y pueblos del orbe, príncipes y jefes del mundo,

los jóvenes y también las doncellas, los viejos junto con los niños,

alaben el nombre del Señor, el único nombre sublime.

Su majestad sobre el cielo y la tierra; Él acrece el vigor de su pueblo.

Alabanza de todos sus fieles, de Israel, su pueblo escogido.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.
Amén.

Salvaré a Sión y mostraré mi gloria en Jerusalén. Aleluya.

Lectura breve

Rm 13,11b-12

Ya es hora de despertaros del sueño, porque ahora nuestra salvación está más cerca que cuando empezamos a creer. La noche está avanzada, el día se echa encima: dejemos las actividades de las tinieblas, y pertrechémonos con las armas de la luz.

Responsorio breve

V/. Cristo, Hijo de Dios vivo, ten piedad de nosotros.
R/. Cristo, Hijo de Dios vivo, ten piedad de nosotros.
V/. Tú que has de venir al mundo
R/. Ten piedad de nosotros.
V/. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
R/. Cristo, Hijo de Dios vivo, ten piedad de nosotros.

Cántico Evangélico

Juan, habiendo oído en la cárcel las obras de Cristo, le mandó a preguntar por medio de dos de sus discípulos: «¿Eres tú el que ha de venir, o tenemos que esperar a otro?»

Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo, suscitándonos una fuerza de salvación en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo, por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos odian; realizando la misericordia que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

Para concedernos que, libres de temor, arrancados de la mano de los enemigos, le sirvamos con santidad y justicia, en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos, anunciando a su pueblo la salvación, el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Juan, habiendo oído en la cárcel las obras de Cristo, le mandó a preguntar por medio de dos de sus discípulos: «¿Eres tú el que ha de venir, o tenemos que esperar a otro?»

Preces

Oremos a Dios Padre, que nos concede la gracia de esperar la revelación de nuestro Señor Jesucristo, y digámosle confiados:

Muéstranos, Señor, tu misericordia

Santifica, Señor, todo nuestro espíritu, alma y cuerpo,
y guárdanos sin reproche hasta el día de la venida de tu Hijo.
Muéstranos, Señor, tu misericordia

Haz que durante este día caminemos en santidad,
y llevemos una vida sobria, honrada y religiosa.
Muéstranos, Señor, tu misericordia

Ayúdanos a vestirnos del Señor Jesucristo,
y a llenarnos del Espíritu Santo.
Muéstranos, Señor, tu misericordia

Haz, Señor, que estemos preparados
el día de la manifestación gloriosa de tu Hijo.
Muéstranos, Señor, tu misericordia

Por Jesús hemos sido hechos hijos de Dios; por esto, nos atrevemos a decir:

Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. No nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.

Oración final

Estás viendo, Señor, cómo tu pueblo espera con fe la fiesta del nacimiento de tu Hijo; concédenos llegar a la Navidad, fiesta de gozo y salvación, y poder celebrarla con alegría desbordante. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
Amén.

Dulce Madre no te alejes,
tú vista de nosotros no apartes,
ven con nosotros a todas partes
y solos nunca nos dejes
y ya que nos amas tanto
como verdadera madre que eres
has que nos bendiga el Padre, Hijo y el Espíritu Santo.
Amen.