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Laudes I oración de la mañana I domingo 12 septiembre 2021

Laudes

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¡Señor, abre mis labios!
¡Y mi boca proclamará tu alabanza!

Salmo 94:

Invitación a la alabanza divina

Pueblo del Señor, rebaño que él guía, venid, adorémosle. Aleluya.

Venid, aclamemos al Señor, demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias, aclamándolo con cantos.
Pueblo del Señor, rebaño que el guía, venid, adorémosle. Aleluya.

Porque el Señor es un Dios grande, soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra, son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo, la tierra firme que modelaron sus manos.
Pueblo del Señor, rebaño que el guía, venid, adorémosle. Aleluya.

Entrad, postrémonos por tierra, bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios, y nosotros su pueblo, el rebaño que él guía.
Pueblo del Señor, rebaño que el guía, venid, adorémosle. Aleluya.

Ojalá escuchéis hoy su voz: «No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Mása en el desierto; cuando vuestros padres me pusieron a prueba y me tentaron, aunque habían visto mis obras.
Pueblo del Señor, rebaño que el guía, venid, adorémosle. Aleluya.

Durante cuarenta años aquella generación me asqueó, y dije:
«Es un pueblo de corazón extraviado, que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera que no entrarán en mi descanso.»»
Pueblo del Señor, rebaño que el guía, venid, adorémosle. Aleluya.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.
Amén.

Pueblo del Señor, rebaño que el guía, venid, adorémosle. Aleluya.

Himno

Es la Pascua real, no ya la sombra, la verdadera Pascua del Señor; la sangre del, pasado es sólo un signo, la mera imagen de la gran unción.

En verdad, tú, Jesús, nos protegiste con tus sangrientas manos paternales;
envolviendo en tus alas nuestras almas, la verdadera alianza tú sellaste.

Y, en tu triunfo, llevaste a nuestra carne reconciliada con tu Padre eterno;
y, desde arriba, vienes a llevarnos a la danza festiva de tu cielo.

Oh gozo universal, Dios se hizo hombre para unir a los hombres con su Dios;
se rompen las cadenas del infierno, y en los labios renace la canción,

Cristo, Rey eterno, te pedimos, que guardes con tus manos a tu Iglesia,
que protejas y ayudes a tu pueblo, y que venzas con él a las tinieblas.
Amén.

Salmodia

Dad gracias al Señor, porque es eterna su misericordia. Aleluya.

Salmo 117:

Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia.

Diga la casa de Israel: eterna es su misericordia.

Diga la casa de Aarón: eterna es su misericordia.

Digan los fieles del Señor: eterna es su misericordia.

En el peligro grité al Señor, y me escuchó, poniéndome a salvo.

El Señor está conmigo: no temo; ¿qué podrá hacerme el hombre?
El Señor está conmigo y me auxilia, veré la derrota de mis adversarios.

Mejor es refugiarse en el Señor que fiarse de los hombres, mejor es refugiarse en el Señor que fiarse en los magnates.

Todos los pueblos me rodeaban, en el nombre del Señor los rechacé;
me rodeaban cerrando el cerco, en el nombre del Señor los rechacé;
me rodeaban como avispas, ardiendo como fuego en las zarzas,
en el nombre del Señor los rechacé.

Empujaban y empujaban para derribarme, pero el Señor me ayudó;
el Señor es mi fuerza y mi energía, Él es mi salvación.

Escuchad: hay cantos de victoria en las tiendas de los justos: «la diestra del Señor es poderosa, la diestra del Señor es excelsa, la diestra del Señor es poderosa.»

No he de morir, viviré para contar las hazañas del Señor. Me castigó, me castigó el Señor, pero no me entregó a la muerte.

Abridme las puertas del triunfo, y entraré para dar gracias al Señor.

-Ésta es la puerta del Señor: los vencedores entrarán por ella.

-Te doy gracias porque me escuchaste y fuiste mi salvación.

La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente.

Éste es el día en que actuó el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo.
Señor, danos la salvación; Señor, danos prosperidad.

-Bendito el que viene en nombre del Señor, os bendecimos desde la casa del Señor; el Señor es Dios, Él nos ilumina.

-Ordenad una procesión con ramos hasta los ángulos del altar.

Tú eres mi Dios, te doy gracias; Dios mío, yo te ensalzo.

Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.
Amén.

Dad gracias al Señor, porque es eterna su misericordia. Aleluya.

Aleluya. Criaturas todas del Señor, bendecid al Señor. Aleluya

Cántico evangélico

Daniel 3,52-57:

Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres: a ti gloria y alabanza por los siglos.

Bendito tu nombre, santo y glorioso: a El gloria y alabanza por los siglos.

Bendito eres en el templo de tu santa gloria: a ti gloria y alabanza por los siglos.

Bendito eres sobre el trono de tu reino: a ti gloria y alabanza por los siglos.

Bendito eres tú, que sentado sobre querubines sondeas los abismos:
a ti gloria y alabanza por los siglos.

Bendito eres en la bóveda del cielo: a ti honor y alabanza por los siglos.

Criaturas todas del Señor, bendecid al Señor, ensalzadlo con himnos por los siglos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. ´
Amén.

Aleluya. Criaturas todas del Señor, bendecid al Señor. Aleluya

Todo ser que alienta, alabe al Señor. Aleluya.

Salmo 150:

Alabad al Señor en su templo, alabadlo en su fuerte firmamento.
Alabadlo por sus obras magníficas, alabadlo por su inmensa grandeza.

Alabadlo tocando trompetas, alabadlo con arpas y cítaras,

alabadlo con tambores y danzas, alabadlo con trompas y flautas,

alabadlo con platillos sonoros, alabadlo con platillos vibrantes.

Todo ser que alienta alabe al Señor.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Todo ser que alienta, alabe al Señor. Aleluya.

Lectura breve

2Tm 2,8.11-13

Acuérdate de Cristo Jesús, del linaje de David, que vive resucitado de entre los muertos. Verdadera es la sentencia que dice: Si hemos muerto con Él, viviremos también con Él. Si tenemos constancia en el sufrir, reinaremos también con Él. Si rehusamos conocerle, también Él nos rechazará. Si le somos infieles, él permanece fiel. No puede Él desmentirse a sí mismo.

Responsorio Breve

V/. Te damos gracias, oh, Dios, invocando tu nombre.
R/. Te damos gracias, oh, Dios, invocando tu nombre.
V/. Pregonando tus maravillas.
R/. Invocando tu nombre.
V/. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
R/. Te damos gracias, oh, Dios, invocando tu nombre.

Cántico Evangélico

El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga.

Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo, suscitándonos una fuerza de salvación en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo, por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos odian; realizando la misericordia que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

Para concedernos que, libres de temor, arrancados de la mano de los enemigos, le sirvamos con santidad y justicia, en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos, anunciando a su pueblo la salvación, el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.
Amén.

El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga.

Preces
Dios nos ama y sabe lo que nos hace falta; aclamemos, pues, su poder y su bondad, abriendo, gozosos, nuestros corazones a la alabanza:

Te alabamos, Señor, y confiamos en ti.

Te bendecimos, Dios todopoderoso, Rey del universo, porque a nosotros, injustos y pecadores, nos has llamado al conocimiento de la verdad; haz que te sirvamos con santidad y justicia.
Te alabamos, Señor, y confiamos en ti.

Vuélvete hacia nosotros, oh, Dios, tú que has querido abrirnos la puerta de tu misericordia, y haz que nunca nos apartemos del camino que lleva a la vida.
Te alabamos, Señor, y confiamos en ti.

Ya que hoy celebramos la resurrección del Hijo de tu amor, haz que este día transcurra lleno de gozo espiritual.
Te alabamos, Señor, y confiamos en ti.

Da, Señor, a tus fieles el espíritu de oración y de alabanza, para que en toda ocasión te demos gracias.
Te alabamos, Señor, y confiamos en ti.

Movidos ahora todos por el mismo Espíritu que nos da Cristo resucitado, acudamos a Dios, de quien somos verdaderos hijos, diciendo:

Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. No nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.

Oración final

Oh, Dios, creador y dueño de todas las cosas, míranos y, para que sintamos el efecto de tu amor, concédenos servirte de todo corazón. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
Amén.

El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

Amén.

Salve Reina de los cielos y Señora de los ángeles;
Salve raíz, salve puerta, que dio paso a nuestra luz,
Alégrate, Virgen Gloriosa, entre todas la más bella,
Salve agraciada doncella, ruega a Cristo por nosotros.