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Laudes I oración de la mañana I jueves 06 enero 2022

Laudes

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¡Señor, abre mis labios!
¡Y mi boca proclamará tu alabanza!

Salmo 23

Entrada solemne de Dios en su templo

A Cristo, que se nos ha manifestado, venid, adorémosle.
Del Señor es la tierra y cuanto la llena, el orbe y todos sus habitantes:
Él la fundó sobre los mares, Él la afianzó sobre los ríos.
A Cristo, que se nos ha manifestado, venid, adorémosle.

¿Quién puede subir al monte del Señor? ¿Quién puede estar en el recinto sacro?
A Cristo, que se nos ha manifestado, venid, adorémosle.

El hombre de manos inocentes y puro corazón, que no confía en los ídolos
ni jura contra el prójimo en falso. Ese recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.
A Cristo, que se nos ha manifestado, venid, adorémosle.

Este es el grupo que busca al Señor, que viene a tu presencia, Dios de Jacob.
A Cristo, que se nos ha manifestado, venid, adorémosle.
¡Portones!, alzad los dinteles, levantaos, puertas antiguas: va a entrar el Rey de la gloria.
A Cristo, que se nos ha manifestado, venid, adorémosle.

¿Quién es ese Rey de la gloria? el Señor, héroe valeroso; el Señor, héroe de la guerra.
A Cristo, que se nos ha manifestado, venid, adorémosle.

¡Portones!, alzad los dinteles, levantaos, puertas antiguas: va a entrar el Rey de la gloria.
A Cristo, que se nos ha manifestado, venid, adorémosle.

¿Quién es ese Rey de la gloria? El Señor, Dios de los ejércitos.
Él es el Rey de la gloria.
A Cristo, que se nos ha manifestado, venid, adorémosle.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo,
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.
Amén.

A Cristo, que se nos ha manifestado, venid, adorémosle.

Himno:

Estrella nunca vista se aparece a los remotos magos orientales, y, al juzgar de los fuegos celestiales, otra lumbre mayor los esclarece.

Nacido sacro Rey se les ofrece, con nuevas maravillas y señales, para que reverentes y leales la obediencia le den como merece.

Parten llevados de la luz y el fuego, del fuego de su amor; luz que los guía
con claridad ardiente y soberana.

Subió al trono de Dios el pío ruego, y, llenos de firmísima alegría, vieron la luz de Dios por nube humana.

Gloria y loores por la eternidad tribútense a la Santa Trinidad.
Amén.

Salmodia

Despierta tu poder, Señor, y ven a salvarnos.

Salmo 79:

Pastor de Israel, escucha, tú que guías a José como a un rebaño; tú que te sientas sobre querubines, resplandece ante Efraín, Benjamín y Manasés; despierta tu poder y ven a salvarnos.

Oh, Dios, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve.

Señor, Dios de los ejércitos, ¿hasta cuándo estarás airado mientras tu pueblo te suplica?

Les diste a comer llanto, a beber lágrimas a tragos; nos entregaste a las contiendas de nuestros vecinos, nuestros enemigos se burlan de nosotros.

Dios de los ejércitos, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve.

Sacaste una vid de Egipto, expulsaste a los gentiles, y la trasplantaste;
le preparaste el terreno, y echó raíces hasta llenar el país;

Su sombra cubría las montañas, y sus pámpanos, los cedros altísimos;
extendió sus sarmientos hasta el mar, y sus brotes hasta el Gran Río.

¿Por qué has derribado su cerca para que la saqueen los viandantes,
la pisoteen los jabalíes y se la coman las alimañas?

Dios de los ejércitos, vuélvete: mira desde el cielo, fíjate, ven a visitar tu viña,
la cepa que tu diestra plantó, y que tú hiciste vigorosa.

La han talado y le han prendido fuego; con un bramido hazlos perecer. Que tu mano proteja a tu escogido, al hombre que tú fortaleciste. No nos alejaremos de ti: danos vida, para que invoquemos tu nombre.

Señor, Dios de los ejércitos, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.
Amén.

Despierta tu poder, Señor, y ven a salvarnos.

Anunciad a toda la tierra que el Señor hizo proezas.

Cántico

Isaías 12, 1-6:

Te doy gracias, Señor, porque estabas airado contra mí, pero ha cesado tu ira y me has consolado.

Él es mi Dios y Salvador: confiaré y no temeré, porque mi fuerza y mi poder es el Señor, él fue mi salvación. Y sacaréis aguas con gozo de las fuentes de la salvación.

Aquel día diréis: «Dad gracias al Señor, invocad su nombre, contad a los pueblos sus hazañas, proclamad que su nombre es excelso.

Tañed para el Señor, que hizo proezas, anunciadlas a toda la tierra; gritad jubilosos, habitantes de Sión: «Qué grande es en medio de ti el Santo de Israel.»»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.
Amén.

Anunciad a toda la tierra que el Señor hizo proezas.

Aclamad a Dios, nuestra fuerza.

Salmo 80

Aclamad a Dios, nuestra fuerza; dad vítores al Dios de Jacob: acompañad, tocad los panderos, las cítaras templadas y las arpas; tocad la trompeta por la luna nueva, por la luna llena, que es nuestra fiesta.

Porque es una ley de Israel, un precepto del Dios de Jacob, una norma establecida para José al salir de Egipto.

Oigo un lenguaje desconocido: «Retiré sus hombros de la carga, y sus manos dejaron la espuerta.

Clamaste en la aflicción, y te libré, te respondí oculto entre los truenos, te puse a prueba junto a la fuente de Meribá.

Escucha, pueblo mío, doy testimonio contra ti; ¡ojalá me escuchases Israel!

No tendrás un dios extraño, no adorarás un dios extranjero; yo soy el Señor, Dios tuyo, que te saqué del país de Egipto; abre tu boca y Yo la saciare.»

Pero mi pueblo no escuchó mi voz, Israel no quiso obedecer: los entregué a su corazón obstinado, para que anduviesen según sus antojos.

¡Ojalá me escuchase mi pueblo y caminase Israel por mi camino!: en un momento humillaría a sus enemigos y volvería mi mano contra sus adversarios; los que aborrecen al Señor te adularían, y su suerte quedaría fijada; te alimentaría con flor de harina, te saciaría con miel silvestre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.
Amén.

Aclamad a Dios, nuestra fuerza.

Lectura breve

Is 62, 11-12

Decid a la ciudad de Sión: «Mira a tu Salvador que llega, el premio de su victoria lo acompaña, su recompensa lo precede. Lo llamarán Pueblo mío Redimidos del Señor,»

Responsorio breve

V. Se postrarán ante Él todos los reyes.
R. Se postrarán ante Él todos los reyes.

V. Todos los pueblos le servirán.
R. Y todos los reyes.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Se postrarán ante Él todos los reyes.

Cántico Evangélico

Desde lejos vienen los pueblos, trayendo sus dones. Aleluya.

Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo, suscitándonos una fuerza de salvación en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos odian; ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres, recordando su santa alianza y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor, arrancados de la mano de los enemigos, le sirvamos con santidad y justicia, en su presencia, todos nuestros días

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos, anunciando a su pueblo la salvación, el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visistará el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tiniebla y en sombra de muerte, para guiar nuestro pasos por el camino de la paz

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en un principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Desde lejos vienen los pueblos, trayendo sus
dones. Aleluya.

Preces

Celebremos las maravillas de Dios que nos ha consolado con el nacimiento de su Hijo, y aclamémoslo, alegres, diciendo:

Gloria a Dios en el cielo.

Con los ángeles, con los patriarcas y con los profetas, te alabamos, Señor.
Gloria a Dios en el cielo.

Con María, la madre de tu Hijo, nuestra alma proclama, Señor, tu grandeza.
Gloria a Dios en el cielo.

Con los apóstoles y evangelistas, te damos gracias, Señor.
Gloria a Dios en el cielo.

Con todos los santos mártires, ofrecemos, Señor, nuestros cuerpos como sacrificio de alabanza.
Gloria a Dios en el cielo.

Porque Dios ha infundido en nuestros corazones un espíritu filial, nos atrevemos a decir:

Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. No nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.

Oración final

Señor Dios, que por medio de tu Hijo has hecho brillar la luz eterna de tu divinidad ante todas las naciones, haz que tu pueblo descubra plenamente el misterio de Cristo, su Redentor, para que, en virtud de este misterio, pueda llegar a gozar de aquella luz que no tiene ocaso. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
Amén.

El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
Amén.

Dulce Madre no te alejes,
tú vista de nosotros no apartes,
ven con nosotros a todas partes
y solos nunca nos dejes
y ya que nos amas tanto
como verdadera madre que eres
has que nos bendiga el Padre, Hijo y el Espíritu Santo.
Amen.