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Laudes I oración de la mañana I jueves 09 diciembre 2021

Laudes

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¡Señor, abre mis labios!
¡Y mi boca proclamará tu alabanza!

Salmo 66

Que todos los pueblos alaben al Señor

Al Rey que viene, al Señor que se acerca, venid, adorémosle.

El señor tenga piedad y nos bendiga, ilumine su rostro sobre nosotros, conozca la tierra tus caminos, todos los pueblos tu salvación.
Al Rey que viene, al Señor que se acerca, venid, adorémosle.
Oh, Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben.
Al Rey que viene, al Señor que se acerca, venid, adorémosle.
Que canten de alegría las naciones porque riges el mundo con justicia, riges los pueblos con rectitud y gobiernas las naciones de la tierra.
Al Rey que viene, al Señor que se acerca, venid, adorémosle.
Oh, Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben.
Al Rey que viene, al Señor que se acerca, venid, adorémosle.
La tierra ha dado su fruto nos bendice el Señor nuestro Dios, que Dios nos bendiga, que le teman hasta los confines del orbe.
Al Rey que viene, al Señor que se acerca, venid, adorémosle.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.
Amén.

Al Rey que viene, al Señor que se acerca, venid, adorémosle.

Himno

Preparemos los caminos -ya se acerca el Salvador- y salgamos, peregrinos,
al encuentro del Señor.

Ven, Señor, a libertarnos, ven, tu pueblo a redimir; purifica nuestras vidas
y no tardes en venir.

El rocío de los cielos sobre el mundo va a caer, el Mesías prometido,
hecho niño, va a nacer.

De los montes la dulzura, de los ríos leche y miel, de la noche será aurora
la venida de Emmanuel.

Te esperamos anhelantes y sabemos que vendrás; deseamos ver tu rostro
y que vengas a reinar.

Consolaos y alegraos, desterrados de Sión, que ya viene, ya está cerca,
él es nuestra salvación.
Salmodia

Despierta tu poder, Señor, y ven a salvarnos.

Salmo 79

Pastor de Israel, escucha, Tú que guías a José como a un rebaño; Tú que te sientas sobre querubines, resplandece ante Efraín, Benjamín y Manasés; despierta tu poder y ven a salvarnos.

Oh, Dios, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve.

Señor, Dios de los ejércitos, ¿hasta cuándo estarás airado mientras tu pueblo te suplica?

Les diste a comer llanto, a beber lágrimas a tragos; nos entregaste a las contiendas de nuestros vecinos, nuestros enemigos se burlan de nosotros.

Dios de los ejércitos, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve.

Sacaste una vid de Egipto, expulsaste a los gentiles, y la trasplantaste;
le preparaste el terreno, y echó raíces hasta llenar el país;

Su sombra cubría las montañas, y sus pámpanos, los cedros altísimos;
extendió sus sarmientos hasta el mar, y sus brotes hasta el Gran Río.

¿Por qué has derribado su cerca para que la saqueen los viandantes,
la pisoteen los jabalíes y se la coman las alimañas?

Dios de los ejércitos, vuélvete: mira desde el cielo, fíjate, ven a visitar tu viña,
la cepa que tu diestra plantó, y que tú hiciste vigorosa.

La han talado y le han prendido fuego; con un bramido hazlos perecer. Que tu mano proteja a tu escogido, al hombre que tú fortaleciste. No nos alejaremos de ti: danos vida, para que invoquemos tu nombre.

Señor, Dios de los ejércitos, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.
Amén.

Despierta tu poder, Señor, y ven a salvarnos.

Anunciad a toda la tierra que el Señor hizo proezas.

Cántico

Isaías 12, 1-6:

Te doy gracias, Señor, porque estabas airado contra mí, pero ha cesado tu ira y me has consolado.

Él es mi Dios y Salvador: confiaré y no temeré, porque mi fuerza y mi poder es el Señor, él fue mi salvación. Y sacaréis aguas con gozo de las fuentes de la salvación.

Aquel día diréis: «Dad gracias al Señor, invocad su nombre, contad a los pueblos sus hazañas, proclamad que su nombre es excelso.

Tañed para el Señor, que hizo proezas, anunciadlas a toda la tierra; gritad jubilosos, habitantes de Sión: «Qué grande es en medio de ti el Santo de Israel.»»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.
Amén.

Anunciad a toda la tierra que el Señor hizo proezas.

Aclamad a Dios, nuestra fuerza.

Salmo 80:

Aclamad a Dios, nuestra fuerza; dad vítores al Dios de Jacob: acompañad, tocad los panderos, las cítaras templadas y las arpas; tocad la trompeta por la luna nueva, por la luna llena, que es nuestra fiesta.

Porque es una ley de Israel, un precepto del Dios de Jacob, una norma establecida para José al salir de Egipto.

Oigo un lenguaje desconocido: «Retiré sus hombros de la carga, y sus manos dejaron la espuerta.

Clamaste en la aflicción, y te libré, te respondí oculto entre los truenos,
te puse a prueba junto a la fuente de Meribá.

Escucha, pueblo mío, doy testimonio contra ti; ¡ojalá me escuchases Israel!

No tendrás un dios extraño, no adorarás un dios extranjero; yo soy el Señor, Dios tuyo, que te saqué del país de Egipto; abre la boca que te la llene.»

Pero mi pueblo no escuchó mi voz, Israel no quiso obedecer: los entregué a su corazón obstinado, para que anduviesen según sus antojos.

¡Ojalá me escuchase mi pueblo y caminase Israel por mi camino!: en un momento humillaría a sus enemigos y volvería mi mano contra sus adversarios; los que aborrecen al Señor te adularían, y su suerte quedaría fijada; te alimentaría con flor de harina, te saciaría con miel silvestre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.
Amén.

Aclamad a Dios, nuestra fuerza.

Lectura breve

Is 45,8

Cielos, destilad el rocío; nubes, derramad al Justo; ábrase la tierra y brote la salvación, y con ella germine la justicia.

Responsorio breve

V/. Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor.
R/. Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor.
V/. Su gloria aparecerá sobre ti.
R/. Amanecerá el Señor.
V/. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
R/. Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor.

Cántico Evangélico

«Yo te auxilié -dice el Señor-, y soy tu redentor, el Santo de Israel.»

Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo, suscitándonos una fuerza de salvación en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo, por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos odian; realizando la misericordia que tuvo con nuestros padres, recordando su santa alianza y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

Para concedernos que, libres de temor, arrancados de la mano de los enemigos, le sirvamos con santidad y justicia, en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos, anunciando a su pueblo la salvación, el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.
Amén.

«Yo te auxilié -dice el Señor-, y soy tu redentor, el Santo de Israel.»

Preces

Imploremos, hermanos, a Dios Padre, que ha enviado a su Hijo para salvar el mundo, y digámosle suplicantes:

Muéstranos, Señor, tu misericordia

Padre lleno de amor, no permitas que nuestra vida y nuestras obras rechacen a Cristo, tu enviado,
pues nuestra lengua lo proclama con fe plena.
Muéstranos, Señor, tu misericordia

Tú que enviaste a tu Hijo para salvación de los hombres,
aleja de nuestra nación y del mundo entero toda desgracia y todo dolor.
Muéstranos, Señor, tu misericordia

Que la tierra entera, que se alegra por la venida de tu Hijo,
experimente más aún el júbilo de poseerte plenamente.
Muéstranos, Señor, tu misericordia

Concédenos, por tu misericordia, llevar ya desde ahora una vida sobria, honrada y religiosa, mientras aguardamos la dichosa esperanza, la aparición gloriosa de Jesucristo.
Muéstranos, Señor, tu misericordia

Dirijamos ahora, todos juntos, nuestra oración al Padre, y digámosle:

Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. No nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.

Oración final

Despierta, Señor, nuestros corazones y muévelos a preparar los caminos de tu Hijo, para que por el misterio de su venida podamos servirte con pureza de espíritu. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
Amén.

El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
Amén.

¡Oh, Señora mía, oh, ¡Madre mía!
yo me ofrezco enteramente a vos
y, en prueba de mi filial afecto,
os consagro en este día
mis ojos, mis oídos, mi lengua, y mi corazón,
en una palabra, todo mi ser.
Ya que soy todo vuestro, ¡oh, madre de bondad!,
guardadme y defendedme
como hijo y posesión vuestra.
Amen.