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Laudes – oración de la mañana – Jueves 22 diciembre 2022

Laudes

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V/ Señor, abre mis labios.
R/ Y mi boca proclamará tu alabanza.

Ant. El Señor está cerca, venid adorémosle.

Salmo 66

El Señor tenga piedad y nos bendiga, ilumine su rostro sobre nosotros; conozca la tierra tus caminos, todos los pueblos tu salvación.
Ant. El Señor está cerca, venid adorémosle

¡Oh Dios!, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben.
Ant. El Señor está cerca, venid adorémosle

Que canten de alegría las naciones, porque riges al mundo con justicia, riges los pueblos con rectitud y gobiernas las naciones de la tierra.
Ant. El Señor está cerca, venid adorémosle

¡Oh Dios!, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben.
Ant. El Señor está cerca, venid adorémosle

La tierra ha dado su fruto, nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga, que le teman hasta los confines del orbe.
Ant. El Señor está cerca, venid adorémosle

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. El Señor está cerca, venid adorémosle.

Himno: Que viene cristo repiten.

Que viene Cristo repiten con su clamor los profetas, previniendo que la gracia de la redención se acerca.

Se anuncia nuestro mañana, los corazones se alegran, anunciadores de gloria miles de voces resuenan.

Fue el primer advenimiento no de castigo ni de pena, sino por curar heridas salvando a quién pereciera.

Mas que ha de venir de nuevo su venida nos alerta, a coronar a los justos y a darles la recompensa.

Luz perenne se nos brinda, la salvación centellea, y un resplandor nos convoca a las mansiones etéreas.

Oh Cristo, anhelamos verte cual Dios en visión perpetua, porque este gozo será bienaventuranza eterna. Amén.

Salmodia

Ant 1. A ti, Señor, levanto mi alma; ven y líbrame, Señor, que en ti confío.

Salmo 142, 1-11 Lamentación y súplica ante la angustia

Señor, escucha mi oración; tú que eres fiel, atiende a mi súplica; tú que eres justo, escúchame.

No llames a juicio a tu siervo, pues ningún hombre vivo es inocente frente a ti.
El enemigo me persigue a muerte, empuja mi vida al sepulcro, me confina a las tinieblas como a los muertos ya olvidados.

mi aliento desfallece, mi corazón dentro de mí está yerto.
Recuerdo los tiempos antiguos, medito todas tus acciones, considero las obras de tus manos y extiendo mis brazos hacia ti: tengo sed de ti como tierra reseca.

Escúchame en seguida, Señor, que me falta el aliento.
No me escondas tu rostro, igual que a los que bajan a la fosa.

En la mañana hazme escuchar tu gracia, ya que confío en ti; indícame el camino que he de seguir, pues levanto mi alma a ti.

Líbrame del enemigo, Señor, que me refugio en ti.
Enséñame a cumplir tu voluntad, ya que tú eres mi Dios.
Tu espíritu, que es bueno, me guíe por tierra llana.

Por tu nombre, Señor, consérvame vivo; por tu clemencia, sácame de la angustia.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. A ti, Señor, levanto mi alma; ven y líbrame, Señor, que en ti confío.

Ant 2. Da su paga, Señor, a los que esperan en ti, para que tus profetas sean hallados veraces.

Cántico: Consuelo y gozo para la ciudad santa. Is 66, 10-14a

Festejad a Jerusalén, gozad con ella, todos los que la amáis, alegraos de su alegría, los que por ella llevasteis luto; a su pecho seréis alimentados y os saciaréis de sus consuelos y apuraréis las delicias de sus pechos abundantes.

Porque así dice el Señor: «Yo haré derivar hacia ella como un río la paz, como un torrente en crecida, las riquezas de las naciones.

Llevarán en brazos a sus criaturas y sobre las rodillas las acariciarán; como a un niño a quien su madre consuela, así os consolaré yo y en Jerusalén seréis consolados.

Al verlo se alegrará vuestro corazón y vuestros huesos florecerán como un prado.»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Da su paga, Señor, a los que esperan en ti, para que tus profetas sean hallados veraces.

Ant 3. Vuélvete, Señor, a nosotros y no tardes más en venir.

Salmo 146 Poder y bondad del Señor.

Alabad al Señor, que la música es buena; nuestro Dios merece una alabanza armoniosa.

El Señor reconstruye Jerusalén, reúne a los deportados de Israel; él sana los corazones destrozados, venda sus heridas.

Cuenta el número de las estrellas, a cada una la llama por su nombre.
Nuestro Señor es grande y poderoso, su sabiduría no tiene medida.
El Señor sostiene a los humildes, humilla hasta el polvo a los malvados.

Entonad la acción de gracias al Señor, tocad la cítara para nuestro Dios, que cubre el cielo de nubes, preparando la lluvia para la tierra; que hace brotar hierba en los montes, para los que sirven al hombre; que da su alimento al ganado, y a las crías de cuervo que graznan.

No aprecia el vigor de los caballos, no estima los músculos del hombre: el Señor aprecia a sus fieles, que confían en su misericordia.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Vuélvete, Señor, a nosotros y no tardes más en venir.

Lectura Is 45, 8

Cielos, destilad el rocío; nubes, derramad al Justo; ábrase la tierra y brote la salvación, y con ella germine la justicia.

Responsorio

V. Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor.
R. Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor.

V. Su gloria aparecerá sobre ti.
R. Amanecerá el Señor.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor.

Cántico Evangélico

En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Aleluya.

Cántico de Zacarías. El mesías y su precursor Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo. suscitándonos una fuerza de salvación en la casa de David, su siervo, según lo había predicho desde antiguo por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos odian; ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor, arrancados de la mano de los enemigos, le sirvamos con santidad y justicia, en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán Profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor a preparar sus caminos, anunciando a su pueblo la salvación, el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tiniebla y en sombra de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Aleluya.

Preces

Imploremos, hermanos, a Dios Padre, que ha enviado a su Hijo para salvar al mundo, y digámosle suplicantes:

Muéstranos, Señor, tu misericordia.

-Padre lleno de amor, no permitas que nuestra vida y nuestras obras rechacen a Cristo, tu enviado, pues nuestra lengua lo proclama con fe plena.

Muéstranos, Señor, tu misericordia.

-Tú que enviaste a tu Hijo para salvación de los hombres, aleja de nuestra nación y del mundo entero toda desgracia y todo dolor.

Muéstranos, Señor, tu misericordia.

-Que la tierra entera que se alegra por la venida de tu Hijo, experimente más aún cada día el júbilo de poseerte plenamente.

Muéstranos, Señor, tu misericordia.

-Concédenos, por tu misericordia, llevar ya desde ahora una vida sobria, honrada y religiosa, mientras aguardamos la dichosa esperanza, la aparición gloriosa de Jesucristo.

Muéstranos, Señor, tu misericordia.
Dejemos que el Espíritu de Dios que ha sido derramado en nuestros corazones se una a nuestro espíritu para clamar.

Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. No nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.

Oración

Dios nuestro, que, compadecido del hombre caído y sentenciado a muerte, quisiste redimirlo con la venida de tu Hijo, concede a los que en esta Navidad han de postrarse ante él con humildad, para adorarlo hecho niño en Belén, que merezcan gozar eternamente de la compañía de su redentor. Él, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén

Conclusión
El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna. Amén.