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Laudes I oración de la mañana I lunes 23 agosto 2021

Laudes

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¡Señor, abre mis labios!
¡Y mi boca proclamará tu alabanza!

Salmo 66

Que todos los pueblos alaben al Señor.

Venid, adoremos al Señor, rey de las vírgenes.

El señor tenga piedad y nos bendiga, ilumine su rostro sobre nosotros,
conozca la tierra tus caminos, todos los pueblos tu salvación.

Venid, adoremos al Señor, rey de las vírgenes.

Oh, Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben.

Venid, adoremos al Señor, rey de las vírgenes.

Que canten de alegría las naciones porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud y gobiernas las naciones de la tierra.

Venid, adoremos al Señor, rey de las vírgenes.

Oh, Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben.

Venid, adoremos al Señor, rey de las vírgenes.

La tierra ha dado su fruto nos bendice el Señor nuestro Dios, que Dios nos bendiga, que le teman hasta los confines del orbe.

Venid, adoremos al Señor, rey de las vírgenes.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.
Amén.

Venid, adoremos al Señor, rey de las vírgenes.

Himno

Cuando, Señor, en quieta lontananza se encienden los fulgores de este día,
no dejes de avivar nuestra esperanza, atiende al corazón que en ti confía.

Van a pasar por manos laboriosas los granos de un rosario de ilusiones,
acógelas, Señor, que son hermosas, amor y don de nuestros corazones.

Mujer llena de Dios, oh, santa Rosa, vivir para el Señor, para el Amado,
fue el ansia de tu amor, gracia divina, llevada de su fuerza y de su mano.

No olvides los que vamos de camino siguiendo en el desierto tus pisadas,
aboga ante el Señor favor divino seguir como seguiste sus llamadas.

Proclamen nuestros labios la grandeza del Padre que en el Hijo nos dio gozo, y, siendo nuestra herencia la pobreza, nos colma de su amor el Fuego Santo.
Amén.

Salmodia

Libremente confieso a Cristo, de Cristo está sedienta mi alma; deseo estar por siempre con Cristo.

Salmo 62

¡Oh, Dios!, tú eres mi Dios, por ti madrugo, mi alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansias de ti, como tierra reseca, agostada, sin agua.

¡Cómo te contemplaba en el santuario viendo tu fuerza y tu gloria!
Tu gracia vale más que la vida, te alabarán mis labios.

Toda mi vida te bendeciré y alzaré las manos invocándote. Me saciaré de manjares exquisitos, y mis labios te alabarán jubilosos.

En el lecho me acuerdo de ti y velando medito en ti, porque fuiste mi auxilio, y a las sombras de tus alas canto con júbilo; mi alma está unida a ti,
y tu diestra me sostiene.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.
Amén.

Libremente confieso a Cristo, de Cristo está sedienta
mi alma; deseo estar por siempre con Cristo.

Vírgenes del Señor, bendecid al Señor; el que sembró en vosotras el deseo de la virginidad ha coronado ya su obra.

Cántico evangélico

Dn. 3,57-88. 56

Criaturas todas del Señor, bendecid al Señor, ensalzadlo con himnos por los siglos.

Ángeles del Señor, bendecid al Señor; cielos, bendecid al Señor.

Aguas del espacio, bendecid al Señor; ejércitos del Señor bendecid al Señor.

Sol y luna, bendecid al Señor; astros del cielo, bendecid al Señor.

Lluvia y rocío, bendecid al Señor; vientos todos, bendecid al Señor.

Fuego y calor, bendecid al Señor; fríos y heladas, bendecid al Señor.

Rocíos y nevadas bendecid al Señor; témpanos y hielos, bendecid al Señor.

Escarchas y nieve, bendecid al Señor; noche y día, bendecid al Señor.

Luz y tinieblas, bendecid al Señor; rayos y nubes, bendecid al Señor.

Bendiga la tierra al Señor, ensálcelo con himnos por los siglos.

Montes y cumbres, bendecid al Señor; cuanto germina en la tierra, bendiga al Señor.

Manantiales, bendecid al Señor; mares y ríos, bendecid al Señor.

Cetáceos y peces, bendecid al Señor; aves del cielo, bendecid al Señor.

Fieras y ganados, bendecid al Señor, ensalzadlo con himnos por los siglos.

Hijos de los hombres, bendecid al Señor; bendiga Israel al Señor.

Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor; siervos del Señor, bendecid al Señor.

Almas y espíritus justos, bendecid al Señor; santos y humildes de corazón, bendecid al Señor.

Ananías, Azarías y Misael, bendecid al Señor, ensalzadlo con himnos por los siglos.

Bendigamos al Padre y al Hijo, con el Espíritu Santo, Ensalcémoslo con himnos por los siglos.

Bendito el Señor en la bóveda del cielo, alabado y glorioso y ensalzadlo, por los siglos.

Vírgenes del Señor, bendecid al Señor; el que sembró en vosotras el deseo de la virginidad ha coronado ya su obra.

Que los santos se alegren en la gloria, pues han conseguido una brillante victoria sobre la carne
y la sangre.

Salmo 149

Cantad al Señor un cántico nuevo, resuene su alabanza en la asamblea de los fieles; que se alegre Israel por su creador, los hijos de Sion por su Rey.

Alabad su nombre con danzas, cantadle con tambores y cítaras; porque el Señor ama a su pueblo y adorna con la victoria a los humildes.

Que los fieles festejen su gloria y canten jubilosos en filas: con vítores a Dios en la boca y espadas de dos filos en las manos:

para tomar venganza de los pueblos y aplicar el castigo a las naciones,
sujetando a los reyes con argollas, a los nobles con esposas de hierro.

Ejecutar la sentencia dictada es un honor para todos sus fieles.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.
Amén.

Lectura breve

Ct 8,7

Las aguas torrenciales no podrían apagar el amor, ni anegarlo los ríos. Si alguien quisiera comprar el amor con todas las riquezas de su casa, se haría despreciable.

Responsorio breve

Oigo en mi corazón: buscad mi rostro. Oigo en mi corazón: buscad mi rostro.

Tú rostro buscaré, Señor. Buscad mi rostro

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Oigo en mi corazón: buscad mi rostro.

Cántico evangélico

Para mí la vida es Cristo y la muerte una ganancia;
he de gloriarme en la cruz de nuestro Señor Jesucristo.

Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo, suscitándonos una fuerza de salvación en la casa de David, su siervo, según lo había predicho desde antiguo, por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos odian; realizando la misericordia que tuvo con nuestros padres, recordando su santa alianza y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

Para concedernos que, libres de temor, arrancados de la mano de los enemigos, le sirvamos con santidad y justicia, en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos, anunciando a su pueblo la salvación, el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.
Amén.
Para mí la vida es Cristo y la muerte una ganancia;
he de gloriarme en la cruz de nuestro Señor Jesucristo.

Preces

Glorifiquemos a Cristo, esposo y corona de las vírgenes y supliquémosle diciendo:

Jesús, corona de las vírgenes, escúchanos.

Oh, Cristo, a quien las vírgenes amaron como a su único esposo, concédenos que nada nos aparte de tu amor.
Jesús, corona de las vírgenes, escúchanos.

Tú que coronaste a María como reina de las vírgenes, por su intercesión concédenos recibirte siempre con pureza de corazón.
Jesús, corona de las vírgenes, escúchanos.

Por intercesión de las santas vírgenes que te sirvieron siempre con fidelidad, para alcanzar la santidad en cuerpo y alma.
Jesús, corona de las vírgenes, escúchanos.

Ayúdanos, Señor, a que los bienes de este mundo que pasa no nos aparten de tu amor eterno.
Jesús, corona de las vírgenes, escúchanos.

Señor Jesús, esposo que has de venir y a quien las vírgenes prudentes esperaban, concédenos que aguardemos tu retorno glorioso con una esperanza activa.
Jesús, corona de las vírgenes, escúchanos.

Por intercesión de santa Rosa de Lima que fue virgen sensata y una de las prudentes, concédenos, Señor, la verdadera sabiduría y la pureza de costumbres.
Jesús, corona de las vírgenes, escúchanos.

Tal como nos lo enseñó el Señor, terminemos nuestra oración diciendo:

Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. No nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.

Oración final

Dios nuestro, que impulsaste a santa Rosa de Lima a apartarse de la vida del mundo por amor tuyo y a consagrarse sólo a ti, en la austeridad y en la penitencia, concédenos, por su intercesión, que sepamos seguir, en este mundo, el camino que conduce a la verdadera vida, para que lleguemos a gozar del torrente de tus delicias allá en el cielo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
Amén.

El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

Amén.

Bajo tu amparo nos acogemos Santa Madre de Dios, no desprecies las oraciones que te dirigimos en nuestras necesidades, antes bien libranos de todo peligro oh, Virgen Gloriosa y bendita.