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Laudes – oración de la mañana – miércoles 28 diciembre 2022

Laudes

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V/ Señor, abre mis labios.
R/ Y mi boca proclamará tu alabanza.

Ant: Venid, adoremos a Cristo, recién nacido, que ha coronado a los mártires Inocentes.

Salmo 94

Venid, aclamemos al Señor, demos vítores a la Roca que nos salva; entremos a su presencia dándole gracias, aclamándolo con cantos.

Porque el Señor es un Dios grande, soberano de todos los dioses: tiene en su mano las simas de la tierra, son suyas las cumbres de los montes; suyo es el mar, porque él lo hizo, la tierra firme que modelaron sus manos.

Venid, postrémonos por tierra, bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios, y nosotros su pueblo, el rebaño que él guía.

Ojalá escuchéis hoy su voz: «No endurezcáis el corazón como en Meribá, como el día de Masá en el desierto; cuando vuestros padres me pusieron a prueba y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.

Durante cuarenta años aquella generación me repugnó, y dije: Es un pueblo de corazón extraviado, que no reconoce mi camino; por eso he jurado en mi cólera que no entrarán en mi descanso»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant: Venid, adoremos a Cristo, recién nacido, que ha coronado a los mártires Inocentes.

Himno

Tanto al tirano le place hacer de su orgullo ley, que por deshacer a un Rey un millar de reyes hace.

Hace reyes de excelencia con cabezas coronadas, pues son coronas logradas el martirio y la inocencia.

Con los niños desvalidos hace de su fuerza alarde y, como es sólo un cobarde, no espera a verlos crecidos.

Por matar a un enemigo siembra de sangre Belén, y en Belén, casa del trigo, no muere un Rey, nacen cien.

Y así su cólera loca no puede implantar su ley, pues quiere matar a un Rey y corona a cuantas toca.

La furia del mal así no puede vencer jamás, pues, cuando me hiere a mí, estás tú, Señor, detrás.

Estás para convertir en corona ca da muerte, para decirnos que el fuerte es el que sabe morir. Amén.

Salmodia

Ant: «Caminarán conmigo, porque son dignos», dice el Señor

Salmo 62,2-9

Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo, mi alma está sedienta de ti; mi carne tiene ansia de ti, como tierra reseca, agostada, sin agua.

¡Cómo te contemplaba en el santuario viendo tu fuerza y tu gloria!
Tu gracia vale más que la vida, te alabarán mis labios.

Toda mi vida te bendeciré y alzaré las manos invocándote.
Me saciaré como de enjundia y de manteca, y mis labios te alabarán jubilosos.

En el lecho me acuerdo de ti y velando medito en ti, porque fuiste mi auxilio, y a la sombra de tus alas canto con júbilo; mi alma está unida a ti, y tu diestra me sostiene.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant: «Caminarán conmigo, porque son dignos», dice el Señor

Ant: Los niños alaban al Señor; muertos, proclaman lo que en la vida no pudieron decir.

Daniel 3,57-88.56:

Criaturas todas del Señor, bendecid al Señor, ensalzadlo con himnos por los siglos.

Ángeles del Señor, bendecid al Señor; cielos, bendecid al Señor. Aguas del espacio, bendecid al Señor; ejércitos del Señor, bendecid al Señor.
Sol y luna, bendecid al Señor; astros del cielo, bendecid al Señor.
Lluvia y rocío, bendecid al Señor; vientos todos, bendecid al Señor.
Fuego y calor, bendecid al Señor; fríos y heladas, bendecid al Señor.
Rocíos y nevadas, bendecid al Señor; témpanos y hielos, bendecid al Señor.
Escarchas y nieves, bendecid al Señor; noche y día, bendecid al Señor.
Luz y tinieblas, bendecid al Señor; rayos y nubes, bendecid al Señor.
Bendiga la tierra al Señor, ensálcelo con himnos por los siglos.
Montes y cumbres, bendecid al Señor; cuanto germina en la tierra, bendiga al Señor.

Manantiales, bendecid al Señor; mares y ríos, bendecid al Señor.
Cetáceos y peces, bendecid al Señor; aves del cielo, bendecid al Señor.
Fieras y ganados, bendecid al Señor, ensalzadlo con himnos por los siglos.
Hijos de los hombres, bendecid al Señor bendiga Israel al Señor.
Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor; siervos del Señor, bendecid al Señor.
Almas y espíritus justos, bendecid al Señor; santos y humildes de corazón, bendecid al Señor.

Ananías, Azarías y Misael, bendecid al Señor, ensalzadlo con himnos por los siglos.
Bendigamos al Padre y al Hijo con el Espíritu Santo, ensalcémoslo con himnos por los siglos.

Bendito el Señor en la bóveda del cielo, alabado y glorioso y ensalzado por los siglos.

Ant: Los niños alaban al Señor; muertos, proclaman lo que en la vida no pudieron decir.

Ant: De la boca de los niños de pecho has sacado una alabanza contra tus enemigos.

Salmo 149

Cantad al Señor un cántico nuevo, resuene su alabanza en la asamblea de los fieles; que se alegre Israel por su Creador, los hijos de Sión por su Rey.

Alabad su nombre con danzas, cantadle con tambores y cítaras; porque el Señor ama a su pueblo y adorna con la victoria a los humildes.

Que los fieles festejen su gloria y canten jubilosos en filas: con vítores a Dios en la boca y espadas de dos filos en las manos: para tomar venganza de los pueblos
y aplicar el castigo a las naciones, sujetando a los reyes con argollas, a los nobles con esposas de hierro.

Ejecutar la sentencia dictada es un honor para todos sus fieles.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant: De la boca de los niños de pecho has sacado una alabanza contra tus enemigos.

Lectura Jr 31,15
Una voz se escucha en Ramá: gemido y llanto amargo: Raquel está llorando a sus hijos, y no se consuela, porque ya no existen.

V/. Los santos y los justos viven eternamente.
R/. Los santos y los justos viven eternamente.

V/. Reciben de Dios su recompensa.
R/. Viven eternamente.

V/. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
R/. Los santos y los justos viven eternamente.

Cántico Evangélico

Ant: Niños inocentes murieron por Cristo. Por orden de un rey cruel, fueron ejecutados niños de pecho. Ahora siguen al Cordero sin mancha y cantan sin cesar: «Gloria a ti, Señor.»

Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo, suscitándonos una fuerza de salvación en la casa de David, su siervo, según lo había predicho desde antiguo, por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos odian; realizando la misericordia que tuvo con nuestros padres, recordando su santa alianza y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

Para concedernos que, libres de temor, arrancados de la mano de los enemigos, le sirvamos con santidad y justicia, en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor a preparar sus caminos, anunciando a su pueblo la salvación, el perdón de sus pecados.
Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant: Niños inocentes murieron por Cristo. Por orden de un rey cruel, fueron ejecutados niños de pecho. Ahora siguen al Cordero sin mancha y cantan sin cesar: «Gloria a ti, Señor.»

Preces

Celebremos la gloria de Cristo, que, sin escuadrones de hombres armados, sino sólo con una blanca milicia de niños, venció al tirano, y aclamémosle:

Te ensalza Señor, el blanco ejército de los mártires.

-Cristo, de quien los Inocentes, no de palabra, sino con su sangre, dieron testimonio,
concédenos confesarte, de palabra y de obra, ante los hombres.

-Tú que hiciste dignos del laurel de la victoria a los que aún no estaban preparados para la lucha, no nos dejes caer a los que hemos recibido tanta ayuda para vencer.

-Tú que lavaste con tu sangre los vestidos de los Inocentes, líbranos de todo pecado.

-Tú que has colocado a los niños los primeros en el reino de los cielos, no nos excluyas del banquete eterno.

-Tú que en la infancia sufriste persecución y destierro, guarda a los niños que hoy sufren por el hambre, la guerra o la injusticia de los mayores.

Como hijos que somos de Dios, dirijámonos a nuestro Padre con la oración que Cristo nos enseñó:

Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. No nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.

 

Final
Los mártires Inocentes proclaman tu gloria en este día, Señor, no de palabra, sino con su muerte; concédenos, por su intercesión, testimoniar con nuestra vida la fe que confesamos de palabra. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
Amén.

Conclusión
El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna. Amén.

Oración a María por la Esperanza.

María, Madre de la esperanza, ¡camina con nosotros! Enséñanos a proclamar al Niño Dios vivo; Ayúdanos a dar testimonio de Jesús, el único Salvador Haznos serviciales con el prójimo, acogedores de los pobres, Artífices de justicia, constructores apasionados de un mundo más justo; ¡Madre de la esperanza Vela por nosotros!
Alumbra nuestra fe, no nos abandones nunca, ni permitas que nos alejemos de ti y del niño Jesús Intercede ante Él para que siempre nos sintamos amparados por su Amor y su Perdón.
Ayúdanos para que tu Esperanza nos enseñe a caminar por este mundo
Como auténticos peregrinos de fe, fieles discípulos y seguidores de Jesús.
¡María, Virgen Madre de la Navidad! Ruega por nosotros