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Laudes I oración de la mañana I viernes 07 enero 2022

Laudes

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¡Señor, abre mis labios!
¡Y mi boca proclamará tu alabanza!

Salmo 99

Alegría de los que entran en el templo

A Cristo, que se nos ha manifestado, venid, adorémosle.
Aclama al Señor tierra entera, servid al Señor con alegría, entrad en su presencia con aclamaciones.
A Cristo, que se nos ha manifestado, venid, adorémosle.
Sabed que el Señor es Dios, que él nos hizo y somos suyos, su pueblo y ovejas de su rebaño.
A Cristo, que se nos ha manifestado, venid, adorémosle.
Entrad por sus puertas con acción de gracias, por sus atrios con himnos dándole gracias y bendiciendo su nombre.
A Cristo, que se nos ha manifestado, venid, adorémosle.
El Señor es bueno su misericordia es eterna, su fidelidad por todas las edades.
A Cristo, que se nos ha manifestado, venid, adorémosle.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo,
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.
Amén.

A Cristo, que se nos ha manifestado, venid, adorémosle.

Himno:

Estrella nunca vista se aparece a los remotos magos orientales, y, al juzgar de los fuegos celestiales, otra lumbre mayor los esclarece.

Nacido sacro Rey se les ofrece, con nuevas maravillas y señales, para que reverentes y leales la obediencia le den como merece.

Parten llevados de la luz y el fuego, del fuego de su amor; luz que los guía
con claridad ardiente y soberana.

Subió al trono de Dios el pío ruego, y, llenos de firmísima alegría, vieron la luz de Dios por nube humana.

Gloria y loores por la eternidad tribútense a la Santa Trinidad.
Amén.

Salmodia

Un corazón quebrantado y humillado, tú no lo desprecias, Señor.

Salmo 50

Misericordia, Dios mío, por tu bondad, por tu inmensa compasión borra mi culpa; lava del todo mi delito, limpia mi pecado.

Pues yo reconozco mi culpa, tengo siempre presente mi pecado: contra ti, contra ti sólo pequé, cometí la maldad que aborreces.

En la sentencia tendrás razón, en el juicio resultarás inocente. Mira, en la culpa nací, pecador me concibió mi madre.

Te gusta un corazón sincero, y en mi interior me inculcas sabiduría.
Rocíame con el hisopo: quedaré limpio; lávame: quedaré más blanco que la nieve.

Hazme oír el gozo y la alegría, que se alegren los huesos quebrantados.
Aparta de mi pecado tu vista, borra en mí toda culpa.

Oh, Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme; no me arrojes lejos de tu rostro, no me quites tu santo espíritu.

Devuélveme la alegría de tu salvación, afiánzame con espíritu generoso:
enseñaré a los malvados tus caminos, los pecadores volverán a ti.

¡Líbrame de la sangre, oh Dios, Dios, Salvador mío!, y cantará mi lengua tu justicia. Señor, me abrirás los labios, y mi boca proclamará tu alabanza.

Los sacrificios no te satisfacen: si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.
Mi sacrificio es un espíritu quebrantado; un corazón quebrantado y humillado, tú no lo desprecias.

Señor, por tu bondad, favorece a Sión, reconstruye las murallas de Jerusalén:
entonces aceptarás los sacrificios rituales, ofrendas y holocaustos, sobre tu altar se inmolarán novillos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Un corazón quebrantado y humillado, tú no lo desprecias, Señor.

En tu juicio, Señor, acuérdate de la misericordia.

Cántico

Habacuc 3, 2-4. 13a.15-19

Señor, he oído tu fama, me ha impresionado tu obra. En medio de los años, realízala; en medio de los años, manifiéstala; en el terremoto, acuérdate de la misericordia.

El Señor viene de Temán; el Santo, del monte Farán: su resplandor eclipsa el cielo, la tierra se llena de su alabanza; su brillo es como el día, su mano destella velando su poder.

Sales a salvar a tu pueblo, a salvar a tu ungido; pisas el mar con tus caballos,
revolviendo las aguas del océano.

Lo escuché y temblaron mis entrañas, al oírlo se estremecieron mis labios;
me entró un escalofrío por los huesos, vacilaban mis piernas al andar; gimo ante el día de angustia que sobreviene al pueblo que nos oprime.

Aunque la higuera no echa yemas y las viñas no tienen fruto, aunque el olivo olvida su aceituna y los campos no dan cosechas, aunque se acaban las ovejas del redil y no quedan vacas en el establo, yo exultaré con el Señor,
me gloriaré en Dios, mi salvador.

El Señor soberano es mi fuerza, Él me da piernas de gacela y me hace caminar por las alturas.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.
Amén.

En tu juicio, Señor, acuérdate de la misericordia.

Glorifica al Señor, Jerusalén.

Salmo 147

Glorifica al Señor, Jerusalén; alaba a tu Dios, Sión: que ha reforzado los cerrojos de tus puertas, y ha bendecido a tus hijos dentro de ti; ha puesto paz en tus fronteras, te sacia con flor de harina.

Él envía su mensaje a la tierra, y su palabra corre veloz; manda la nieve como lana, esparce la escarcha como ceniza;

hace caer el hielo como migajas y con el frío congela las aguas; envía una orden, y se derriten; sopla su aliento, y corren.

Anuncia su palabra a Jacob, sus decretos y mandatos a Israel; con ninguna nación obró así, ni les dio a conocer sus mandatos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.
Amén.

Glorifica al Señor, Jerusalén.

Lectura breve

Is 45, 22-24

Volveos hacia mí para salvaros, confines de la tierra, pues yo soy Dios y no hay otro. Yo juro por mi nombre, de mi boca sale una sentencia, una palabra
irrevocable: «Ante mí se doblará toda rodilla, por mi jurará toda lengua.»

Responsorio breve

V. Se postrarán ante Él todos los reyes.
R. Se postrarán ante Él todos los reyes.

V. Todos los pueblos le servirán.
R. Y todos los reyes.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Se postrarán ante Él todos los reyes.

Cántico evangélico

Vendrán a ti los que te despreciaban y se postrarán a tus pies.

Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo, suscitándonos una fuerza de salvación en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos odian; ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres, recordando su santa alianza y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor, arrancados de la mano de los enemigos, le sirvamos con santidad y justicia, en su presencia, todos nuestros días

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos, anunciando a su pueblo la salvación, el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tiniebla y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos por el camino de la paz

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en un principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.
Amén.

Vendrán a ti los que te despreciaban y se postrarán a tus pies.

Preces

Demos honor y gloria a Cristo, que ha venido a renovar al hombre, y supliquémosle, diciendo:

Por tu nacimiento, renuévanos, Señor.

Tú que al revestirte de nuestra humanidad te has convertido para nosotros en sacramento de Dios, haz que te descubramos en el sacramento de tu palabra y de tu cuerpo que has entregado a la Iglesia.
Por tu nacimiento, renuévanos, Señor.

Creador del género humano que, por medio de la Virgen inmaculada, has querido ser hombre entre los hombres, concédenos participar, por intercambio de María, en las riquezas de tu divinidad.
Por tu nacimiento, renuévanos, Señor.

Redentor nuestro, que viniste al mundo como llovizna que empapa la tierra,
fecundiza nuestras almas con el agua viva que brota para comunicar vida eterna.
Por tu nacimiento, renuévanos, Señor.

A quienes en estos días celebramos los inicios de tu vida humana, concédenos llegar a la madurez del varón perfecto, según aquella plenitud que resplandece en tu persona.
Por tu nacimiento, renuévanos, Señor.

Alegres porque Jesucristo nos ha hecho hijos de Dios, digamos:

Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. No nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.

Oración final

Te pedimos, Dios todopoderoso, que el nacimiento del Salvador del mundo, manifestado a los magos por una estrella, sea comprendido por nuestras mentes cada vez con mayor profundidad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
Amén.

El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
Amén.

Salve Reina de los cielos y Señora de los ángeles;
Salve raíz, salve puerta, que dio paso a nuestra luz,
Alégrate, Virgen Gloriosa, entre todas la más bella,
Salve agraciada doncella, ruega a Cristo por nosotros.

Amén.