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Laudes I oración de la mañana I domingo 25 de abril 2021

Laudes

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¡Señor, abre mis labios!

¡Y  mi boca proclamará tu alabanza!

Salmo 66:

¡Qué todos los pueblos alaben al Señor! Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.

El Señor tenga piedad y nos bendiga, ilumine su rostro sobre nosotros; conozca la tierra tus caminos, todos los pueblos tu salvación.

Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya. ¡Oh Dios!, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben.

Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya. Que canten de alegría las naciones, porque riges el mundo con justicia,

riges los pueblos con rectitud y gobiernas las naciones de la tierra. Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.

¡Oh Dios!, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben. Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.

La tierra ha dado su fruto, nos bendice el Señor, nuestro Dios. Que Dios nos bendiga; que le teman hasta los confines del orbe.

Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.

¡Amén!

Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.

Himno:

Estaba al alba María, llamándole con sus lágrimas.

Vino la gloria del Padre y amaneció el primer día. Envuelto en la blanca túnica de su propia luz divina, la sábana de la muerte dejada en tumba vacía.

Jesús, alzado, reinaba; pero ella no lo veía. Estaba al alba María, la fiel esposa que aguarda.

Mueva el Espíritu al aura en el jardín de la vida. Las flores huelan la Pascua de la carne sin mancilla, y quede quieta la esposa sin preguntas ni fatiga.

¡Ya está delante el esposo, venido de la colina! Estaba al alba María, porque era la enamorada.

¡Amén!

Salmodia

No he de morir, viviré para contar las hazañas del Señor. Aleluya.

Salmo 117:

Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia. Diga la casa de Israel: eterna es su misericordia.

Diga la casa de Aarón: eterna es su misericordia. Digan los fieles del Señor: eterna es su misericordia.

En el peligro grité al Señor, y me escuchó, poniéndome a salvo.

El Señor está conmigo: no temo; ¿qué podrá hacerme el hombre? El Señor está conmigo y me auxilia, veré la derrota de mis adversarios.

Mejor es refugiarse en el Señor que fiarse de los hombres, mejor es refugiarse en el Señor que confiar en los magnates .

Todos los pueblos me rodeaban, en el nombre del Señor los rechacé; me rodeaban cerrando el cerco, en el nombre del Señor los rechacé; me rodeaban como avispas, ardiendo como fuego en las zarzas, en el nombre del Señor los rechacé.

Empujaban y empujaban para derribarme, pero el Señor me ayudó; el Señor es mi fuerza y mi energía, él es mi salvación.

Escuchad: hay cantos de victoria en las tiendas de los justos: «la diestra del Señor es poderosa, la diestra del Señor es excelsa, la diestra del Señor es poderosa».

No he de morir, viviré para contar las hazañas del Señor. Me castigó, me castigó el Señor, pero no me entregó a la muerte.

Abridme las puertas del triunfo, y entraré para dar gracias al Señor.

Esta es la puerta del Señor: los vencedores entrarán por ella.

Te doy gracias porque me escuchaste y fuiste mi salvación.

La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente.

Este es el día en que actuó el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo. Señor, danos la salvación; Señor, danos prosperidad.

Bendito el que viene en nombre del Señor, os bendecimos desde la casa del Señor; el Señor es Dios, él nos ilumina.

Ordenad una procesión con ramos hasta los ángulos del altar. Tú eres mi Dios, te doy gracias; Dios mío, yo te ensalzo.

Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.

¡Amén!

No he de morir, viviré para contar las hazañas del Señor. Aleluya.

Bendito tu nombre, santo y glorioso. Aleluya.

Cántico:

Daniel 3,52-57

Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres: a ti gloria y alabanza por los siglos.

Bendito tu nombre, santo y glorioso: a él gloria y alabanza por los siglos.

Bendito eres en el templo de tu santa gloria: a ti gloria y alabanza por los siglos.

Bendito eres sobre el trono de tu reino: a ti gloria y alabanza por los siglos.

Bendito eres tú, que sentado sobre querubines sondeas los abismos: a ti gloria y alabanza por los siglos.

Bendito eres en la bóveda del cielo: a ti honor y alabanza por los siglos.

Criaturas todas del Señor, bendecid al Señor, ensalzadlo con himnos por los siglos.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.

¡Amén!

Bendito tu nombre, santo y glorioso. Aleluya.

Dad gloria a nuestro Dios; sus obras son perfectas, sus caminos son justos. Aleluya.

Salmo 150

Alabad al Señor en su templo, alabadlo en su augusto firmamento.

Alabadlo por sus obras magníficas, alabadlo por su inmensa grandeza.

Alabadlo tocando trompetas, alabadlo con arpas y cítaras.

Alabadlo con tambores y danzas, alabadlo con trompas y flautas.

Alabadlo con platillos sonoros, alabadlo con platillos vibrantes.

Todo ser que alienta alabe al Señor.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.

¡Amén!

Dad gloria a nuestro Dios; sus obras son perfectas, sus caminos son justos. Aleluya.

Lectura breve:

Hch 10,40-43

Dios resucitó a Jesús al tercer día y nos lo hizo ver, no a todo el pueblo, sino a los testigos que él había designado; a nosotros, que hemos comido y bebido con él después de su resurrección. Nos encargó predicar al pueblo, dando solemne testimonio de que Dios lo ha nombrado juez de vivos y muertos. El testimonio de los profetas es unánime: que los que creen en él reciben, por su nombre, el perdón de los pecados.

Responsorio breve:

Cristo, Hijo de Dios vivo, ten piedad de nosotros. Cristo, Hijo de Dios vivo, ten piedad de nosotros. Tú que estás sentado a la derecha del Padre. Ten piedad de nosotros.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. Cristo, Hijo de Dios vivo, ten piedad de nosotros.

Cántico evangélico:

Yo soy el Pastor de las ovejas; yo soy el camino, la verdad y la vida. Yo soy el buen Pastor, que conozco a mis ovejas y las mías me conocen. Aleluya.

Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación en la casa de David, su siervo, según lo había predicho desde antiguo por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos odian; realizando la misericordia que tuvo con nuestros padres, recordando su santa alianza y el juramento que juró a nuestro padre: Abraham.

Para concedernos que, libres de temor, arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia, en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos, anunciando a su pueblo la salvación, el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.

¡Amén!

Yo soy el Pastor de las ovejas; yo soy el camino, la verdad y la vida. Yo soy el buen Pastor, que conozco a mis ovejas y las mías me conocen. Aleluya.

Preces:

Invoquemos a Dios, Padre todopoderoso, que resucitó a Jesús, nuestro Jefe y Salvador, y aclamémosle, diciendo: Ilumínanos, Señor, con la luz de Cristo.

Padre santo, que hiciste pasar a tu Hijo amado de las tinieblas de la muerte a la luz de la gloria.

Haz que podamos llegar también nosotros a tu luz admirable. Tú, que nos has salvado por la fe.

Haz que vivamos hoy según la fe que profesamos en nuestro bautismo. Tú que quieres que busquemos los bienes de allá arriba, donde está Cristo sentado a tu derecha.

Líbranos de la seducción del pecado. Haz que nuestra vida, escondida con Cristo en ti, brille en el mundo. Como signo que anuncie el cielo y la tierra nuevos.

Movidos ahora todos por el mismo Espíritu que nos da Cristo resucitado, acudamos a Dios, de quien somos verdaderos hijos, diciendo:

Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo;

danos, hoy,  nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden, no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal.

Oración final:

Dios todopoderoso y eterno, que has dado a tu Iglesia el gozo inmenso de la resurrección de Jesucristo, concédenos también la alegría eterna del reino de tus elegidos, para que así el débil rebaño de tu Hijo tenga parte en la admirable victoria de su Pastor. Que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

¡Amén!

El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal, y nos lleve a la vida eterna.

¡Amén!

Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios; no desprecies las oraciones que te dirigimos en nuestras necesidades, antes bien, líbranos de todo peligro, oh Virgen gloriosa y bendita.