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Laudes I oración de la mañana I domingo 6 junio 2021

Laudes

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¡Señor, abre mis labios!
¡Y mi boca proclamará tu alabanza!

Salmo 66:

¡Qué todos los pueblos alaben al Señor!
Venid, adoremos a Cristo, el Señor, que es el pan de la vida.

El Señor tenga piedad y nos bendiga, ilumine su rostro sobre nosotros; conozca la tierra tus caminos, todos los pueblos tu salvación.
Venid, adoremos a Cristo, el Señor, que es el pan de la vida.

¡Oh Dios!, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben.
Venid, adoremos a Cristo, el Señor, que es el pan de la vida.

Que canten de alegría las naciones, porque riges el mundo con justicia, riges los pueblos con rectitud y gobiernas las naciones de la tierra.
Venid, adoremos a Cristo, el Señor, que es el pan de la vida.

¡Oh Dios!, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben.
Venid, adoremos a Cristo, el Señor, que es el pan de la vida.

La tierra ha dado su fruto, nos bendice el Señor, nuestro Dios. Que Dios nos bendiga; que le teman hasta los confines del orbe.
Venid, adoremos a Cristo, el Señor, que es el pan de la vida.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.
¡Amén!

Venid, adoremos a Cristo, el Señor, que es el pan de la vida.

Himno:

Sin dejar la derecha de su Padre, y para consumar su obra divina el sumo Verbo, que ha venido al mundo llega al fin a la tarde de su vida.

Antes de ser, por uno de los suyos, dado a quienes la muerte le darían, en el vital banquete del cenáculo se dio a los suyos como vianda viva.

Se dio a los suyos, bajo dos especies, en su carne y su sangre sacratísimas, a fin de alimentar en cuerpo y alma a cuantos hombres en este mundo habitan.

Se dio, naciendo, como compañero; comiendo, se entregó como comida; muriendo, se empeñó como rescate; reinando, como premio se nos brinda.

Hostia de salvación, que abres las puertas celestes de la gloria prometida: fortalece y socorre nuestras almas, asediadas por fuerzas enemigas.

Glorificada eternamente sea la perpetua Deidad, que es una y trina, y que ella finalmente nos conceda, en la patria sin fin, vida infinita.

¡Amén!

Salmodia

Con manjar de ángeles alimentaste a tu pueblo, proporcionándole pan desde el cielo. Aleluya.
Salmo 62,2-9:
Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo, mi alma está sedienta de ti; mi carne tiene ansia de ti, como tierra reseca, agostada, sin agua.

¡Cómo te contemplaba en el santuario viendo tu fuerza y tu gloria! Tu gracia vale más que la vida, te alabarán mis labios.

Toda mi vida te bendeciré y alzaré las manos invocándote. Me saciaré como de enjundia y de manteca, y mis labios te alabarán jubilosos.

En el lecho me acuerdo de ti y velando medito en ti, porque fuiste mi auxilio, y a la sombra de tus alas canto con júbilo; mi alma está unida a ti, y tu diestra me sostiene.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.
¡Amén!

Con manjar de ángeles alimentaste a tu pueblo, proporcionándole pan desde el cielo. Aleluya.

Sacerdotes consagrados ofrecen a Dios, incienso y pan. Aleluya.

Cántico:

Daniel 3,57-88.56
Criaturas todas del Señor, bendecid al Señor, ensalzadlo con himnos por los siglos.

Ángeles del Señor, bendecid al Señor; cielos, bendecid al Señor.

Aguas del espacio, bendecid al Señor; ejércitos del Señor, bendecid al Señor.

Sol y luna, bendecid al Señor; astros del cielo, bendecid al Señor.

Lluvia y rocío, bendecid al Señor; vientos todos, bendecid al Señor.

Fuego y calor, bendecid al Señor; fríos y heladas, bendecid al Señor.

Rocíos y nevadas, bendecid al Señor; témpanos y hielos, bendecid al Señor.

Escarchas y nieves, bendecid al Señor; noche y día, bendecid al Señor.

Luz y tinieblas, bendecid al Señor; rayos y nubes, bendecid al Señor.

Bendiga la tierra al Señor, ensálcelo con himnos por los siglos.

Montes y cumbres, bendecid al Señor; cuanto germina en la tierra, bendiga al Señor.

Manantiales, bendecid al Señor; mares y ríos, bendecid al Señor.

Cetáceos y peces, bendecid al Señor; aves del cielo, bendecid al Señor.

Fieras y ganados, bendecid al Señor, ensalzadlo con himnos por los siglos.

Hijos de los hombres, bendecid al Señor bendiga Israel al Señor.

Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor; siervos del Señor, bendecid al Señor.

Almas y espíritus justos, bendecid al Señor; santos y humildes de corazón, bendecid al Señor.

Ananías, Azarías y Misael, bendecid al Señor, ensalzadlo con himnos por los siglos.

Bendigamos al Padre y al Hijo con el Espíritu Santo, ensalcémoslo con himnos por los siglos.

Bendito el Señor en la bóveda del cielo,
alabado y glorioso, y ensalzado por los siglos.

Sacerdotes consagrados ofrecen a Dios, incienso y pan. Aleluya.

Al que salga vencedor le daré maná escondido y un nombre nuevo. Aleluya.

Salmo 149:

Cantad al Señor un cántico nuevo, resuene su alabanza en la asamblea de los fieles; que se alegre Israel por su Creador, los hijos de Sión por su Rey.

Alabad su nombre con danzas, cantadle con tambores y cítaras; porque el Señor ama a su pueblo y adorna con la victoria a los humildes.

Que los fieles festejen su gloria y canten jubilosos en filas: con vítores a Dios en la boca
y espadas de dos filos en las manos.

Para tomar venganza de los pueblos y aplicar el castigo a las naciones, sujetando a los reyes con argollas, a los nobles con esposas de hierro.

Ejecutar la sentencia dictada es un honor para todos sus fieles.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.
¡Amén!

Al que salga vencedor le daré maná escondido y un nombre nuevo. Aleluya.

Lectura breve:

Malaquías 1,11
Del oriente al poniente es grande entre las naciones mi nombre; en todo lugar ofrecerán incienso y sacrificio a mi nombre, una ofrenda pura, porque es grande mi nombre entre las naciones , dice el Señor de los ejércitos.

Responsorio breve:

Sacas pan de los campos. Aleluya, aleluya. Sacas pan de los campos. Aleluya, aleluya.
Y vino que alegra el corazón del hombre. Aleluya, aleluya. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. Sacas pan de los campos. Aleluya, aleluya.

Cántico evangélico:

Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo, el que coma de este pan vivirá para siempre. Aleluya.

Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación en la casa de David, su siervo, según lo había predicho desde antiguo por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos odian; realizando la misericordia que tuvo con nuestros padres, recordando su santa alianza y el juramento que juró a nuestro padre: Abraham.

Para concedernos que, libres de temor, arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia, en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor a preparar sus caminos, anunciando a su pueblo la salvación, el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.
¡Amén!

Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo, el que coma de este pan vivirá para siempre. Aleluya.

Preces:

Imploremos, hermanos, a Jesucristo, que es el pan de la vida, diciéndole jubilosos:
Dichoso el que coma en el banquete de tu reino, Señor.

Cristo, sacerdote de la alianza nueva y eterna, que en el ara de la cruz ofreciste al Padre el sacrificio perfecto, enséñanos a ofrecerlo junto contigo.
Dichoso el que coma en el banquete de tu reino, Señor.

Cristo, altísimo rey de paz y de justicia, que consagraste el pan y el vino como signo de tu propia oblación, haz que sepamos ofrecernos junto contigo.
Dichoso el que coma en el banquete de tu reino, Señor.
Cristo, verdadero adorador del Padre, cuya ofrenda pura ofrece la Iglesia del oriente al poniente, junta en la unidad de tu cuerpo a los que alimentas con un mismo pan.
Dichoso el que coma en el banquete de tu reino, Señor.

Cristo, maná bajado del cielo, que nutres a la Iglesia con tu cuerpo y sangre, haz que caminemos con la fuerza de este alimento.
Dichoso el que coma en el banquete de tu reino, Señor.

Cristo, huésped invisible de nuestro convite, que estás en la puerta llamando, ven a nosotros para que podamos comer juntos.

Por Jesús nos llamamos y somos hijos de Dios; por ello, nos atrevemos a decir:

Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo; danos, hoy, nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden, no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal.

Oración final:

Oh Dios, que en este sacramento admirable nos dejaste el memorial de tu pasión, te pedimos nos concedas venerar de tal modo los sagrados misterios de tu cuerpo y de tu sangre, que experimentemos constantemente en nosotros el fruto de tu redención.

Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo, y eres Dios por los siglos de los siglos.

¡Amén!

El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal, y nos lleve a la vida eterna.
¡Amén!

Dulce Madre, no te alejes; tu vista de nosotros, no apartes; ven con nosotros a todas partes y solos nunca nos dejes, y ya que nos amas tanto, como verdadera madre que eres, haz que nos bendiga el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

¡Amén!