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Laudes I oración de la mañana I jueves 17 junio 2021

Laudes

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¡Señor, abre mis labios!
¡Y mi boca proclamará tu alabanza!

Salmo 23:

Entrada solemne de Dios en su templo.
Venid, adoremos al Señor, porque él es nuestro Dios.
Del Señor es la tierra y cuanto la llena, el orbe, y todos sus habitantes: él la fundó sobre los mares, él la afianzó sobre los ríos.
Venid, adoremos al Señor, porque él es nuestro Dios.
¿Quién puede subir al monte del Señor? ¿Quién puede estar en el recinto sacro?
Venid, adoremos al Señor, porque él es nuestro Dios.
El hombre de manos inocentes, y puro corazón, que no confía en los ídolos ni jura contra el prójimo en falso; ese recibirá la bendición del Señor, le hará justicia el Dios de salvación.
Venid, adoremos al Señor, porque él es nuestro Dios.
Este es el grupo que busca al Señor, que viene a tu presencia, Dios de Jacob.
Venid, adoremos al Señor, porque él es nuestro Dios.
¡Portones!, alzad los dinteles, levantaos puertas antiguas: va a entrar el Rey de la gloria.
Venid, adoremos al Señor, porque él es nuestro Dios.
¿Quién es ese Rey de la gloria? El Señor, héroe valeroso; el Señor, héroe de la guerra.
Venid, adoremos al Señor, porque él es nuestro Dios.
¡Portones!, alzad los dinteles, Levantaos puertas antiguas: va a entrar el Rey de la gloria.
Venid, adoremos al Señor, porque él es nuestro Dios.
¿Quién es ese Rey de la gloria? El Señor, Dios de los ejércitos. Él es el Rey de la gloria.
Venid, adoremos al Señor, porque él es nuestro Dios.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.
¡Amén!

Venid, adoremos al Señor, porque él es nuestro Dios.

Himno:

Señor, cuando florece un nuevo día en el jardín del tiempo, no dejes que la espina del pecado vierta en el su veneno.

El trabajo del hombre rompe el surco en el campo moreno; en frutos de bondad y de justicia convierte sus deseos.

Alivia sus dolores con la hartura de tu propio alimento; y que vuelvan al fuego de tu casa
cansados y contentos.

¡Amén!

Salmodia

¡Qué pregón tan glorioso para ti, ciudad de Dios!
Salmo 86:
Él la ha cimentado sobre el monte santo; y el Señor prefiere las puertas de Sión
a todas las moradas de Jacob.

¡Qué pregón tan glorioso para ti, ciudad de Dios! Contaré a Egipto y a Babilonia
entre mis fieles; filisteos, tirios y etíopes han nacido allí.

Se dirá de Sión: Uno por uno todos han nacido en ella; el Altísimo en persona la ha fundado.

El Señor escribirá en el registro de los pueblos: Este ha nacido allí. Y cantarán mientras danzan: Todas mis fuentes están en ti.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.
¡Amén!

¡Qué pregón tan glorioso para ti, ciudad de Dios!

El Señor llega con poder, y su recompensa lo precede.

Cántico:

Isaías 40, 10-17

Mirad, el Señor Dios llega con poder, y su brazo manda. Mirad, viene con él su salario,
y su recompensa lo precede.

Como un pastor que apacienta el rebaño, su brazo lo reúne, toma en brazos los corderos
y hace recostar a las madres.

¿Quién ha medido a puñados el mar o mensurado a palmos el cielo, o a cuartillos el polvo de la tierra?

¿Quién ha pesado en la balanza los montes y en la báscula las colinas?
¿Quién ha medido el aliento del Señor? ¿Quién le ha sugerido su proyecto?

¿Con quién se aconsejó para entenderlo, para que le enseñara el camino exacto,
para que le enseñara el saber y le sugiriese el método inteligente?

Mirad, las naciones son gotas de un cubo y valen lo que el polvillo de balanza.
Mirad las islas, pesan lo que un grano, el Líbano no basta para leña, sus fieras no bastan para el holocausto.

En su presencia, las naciones todas como si no existieran, son ante él como nada y vacío.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.
¡Amén!

El Señor llega con poder, y su recompensa lo precede.

Ensalzad al Señor, Dios nuestro, postraos ante el estrado de sus pies.

Salmo 98:

El Señor reina, tiemblen las naciones; sentado sobre querubines, vacile la tierra.

El Señor es grande en Sión, encumbrado sobre todos los pueblos. Reconozcan tu nombre, grande y terrible: él es santo.

Reinas con poder y amas la justicia, tú has establecido la rectitud; tú administras la justicia y el derecho, tú actúas en Jacob.

Ensalzad al Señor, Dios nuestro, postraos ante el estrado de sus pies: él es santo.

Moisés y Aarón con sus sacerdotes, Samuel con los que invocan su nombre,
invocaban al Señor, y él respondía. Dios les hablaba desde la columna de nube;
oyeron sus mandatos y la ley que les dio.

Señor, Dios nuestro, tú les respondías, tú eras para ellos un Dios de perdón,
y un Dios vengador de sus maldades.

Ensalzad al Señor, Dios nuestro; postraos ante su monte santo: Santo es el Señor, nuestro Dios.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.
¡Amén!

Ensalzad al Señor, Dios nuestro, postraos ante el estrado de sus pies.

Lectura breve:

1P 4,10-11
Que cada uno, con el don que ha recibido, se ponga al servicio de los demás, como buenos administradores de la múltiple gracia de Dios. El que toma la palabra, que hable palabra de Dios. El que se dedica al servicio que lo haga en virtud del encargo recibido de Dios. Así, Dios será glorificado en todo, por medio de Jesucristo.

Responsorio breve:

Te invoco de todo corazón, respóndeme, Señor. Te invoco de todo corazón, respóndeme, Señor. Guardaré tus leyes. Respóndeme, Señor. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Te invoco de todo corazón, respóndeme, Señor.

Cántico evangélico:

Sirvamos al Señor con santidad, y nos librará de nuestros enemigos.

Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación en la casa de David, su siervo, según lo había predicho desde antiguo por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos odian; realizando la misericordia que tuvo con nuestros padres, recordando su santa alianza y el juramento que juró a nuestro padre: Abraham.

Para concedernos que, libres de temor, arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia, en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos, anunciando a su pueblo la salvación, el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.
¡Amén!

Sirvamos al Señor con santidad, y nos librará de nuestros enemigos.

Preces:

Demos gracias al Señor, que dirige y guía con amor a su pueblo, y digámosle:
Gloria a ti, Señor, por los siglos.

Padre clementísimo, te alabamos por tu amor, porque de manera admirable nos creaste, y más admirablemente aún nos redimiste.
Gloria a ti, Señor, por los siglos.

Al comenzar este nuevo día, pon en nuestros corazones el anhelo de servirte, para que te glorifiquemos en todos nuestros pensamientos y acciones.
Gloria a ti, Señor, por los siglos.

Purifica nuestros corazones de todo mal deseo, y haz que estemos siempre atentos a tu voluntad.
Gloria a ti, Señor, por los siglos.

Danos un corazón abierto a las necesidades de nuestros hermanos, para que a nadie falte la ayuda de nuestro amor.
Gloria a ti, Señor, por los siglos.

Acudamos ahora a nuestro Padre celestial, diciendo:

Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo; danos, hoy, nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden, no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal.

Oración final:

Dios todopoderoso y eterno: a los pueblos que viven en tiniebla y en sombra de muerte, ilumínalos con tu luz, ya que con ella nos ha visitado el Sol que nace de lo alto, Jesucristo, nuestro Señor. Que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
¡Amén!

El Señor nos bendiga, y nos guarde de todo mal, y nos lleve a la vida eterna.
¡Amén!

Dulce Madre, no te alejes; tu vista de nosotros, no apartes; ven con nosotros a todas partes y solos nunca nos dejes, y ya que nos amas tanto, como verdadera madre que eres, haz que nos bendiga el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

¡Amén!