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Laudes I oración de la mañana I jueves 18 febrero 2021

Laudes

¡Señor abre mis labios y mi boca proclamará tu alabanza!

Salmo 66

¡Qué todos los pueblos alaben al señor!

R/: ¡Venid adoremos a Cristo, el Señor, que por nosotros fue tentado y por nosotros murió!

El Señor tenga piedad y nos bendiga,

ilumine su rostro sobre nosotros;

conozca la tierra tus caminos,

todos los pueblos tu salvación.

R/: ¡Venid adoremos a Cristo, el Señor, que por nosotros fue tentado y por nosotros murió!

¡Oh Dios!, que te alaben los pueblos,

que todos los pueblos te alaben.

R/: ¡Venid adoremos a Cristo, el Señor, que por nosotros fue tentado y por nosotros murió!

Que canten de alegría las naciones,

porque riges el mundo con justicia,

riges los pueblos con rectitud

y gobiernas las naciones de la tierra.

R/: ¡Venid adoremos a Cristo, el Señor, que por nosotros fue tentado y por nosotros murió!

¡Oh Dios!, que te alaben los pueblos,

que todos los pueblos te alaben.

R/: ¡Venid adoremos a Cristo, el Señor, que por nosotros fue tentado y por nosotros murió!

La tierra ha dado su fruto,

nos bendice el Señor, nuestro Dios.

Que Dios nos bendiga; que le teman

hasta los confines del orbe.

R/: ¡Venid adoremos a Cristo, el Señor, que por nosotros fue tentado y por nosotros murió!

¡Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo!

R/: ¡Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos!,  ¡amén!

R/: ¡Venid adoremos a Cristo, el Señor, que por nosotros fue tentado y por nosotros murió!

Himno:

Pastor que con tus silbos amorosos me despertaste del profundo sueño;

tú, que hiciste cayado de ese leño en que tiendes los brazos poderosos,

vuelve los ojos a mi fe piadosos, pues te confieso por mi amor y dueño,

y la palabra de seguir te empeño: tus dulces silbos y tus pies hermosos.

Oye, Pastor, pues por amores mueres, no te espante el rigor de mis pecados,

pues tan amigo de rendidos eres. Espera, pues, y escucha mis cuidados.

Pero, ¿cómo te digo que me esperes, si estás, para esperar, los pies clavados?

¡Amén!

Salmodia:

¡En la mañana, Señor,  hazme escuchar tu gracia!

Señor, escucha mi oración; tú, que eres fiel, atiende a mi súplica;

tú, que eres justo, escúchame. No llames a juicio a tu siervo,

pues ningún hombre vivo es inocente frente a ti.

El enemigo me persigue a muerte, empuja mi vida al sepulcro,

me confina a las tinieblas como a los muertos ya olvidados.

Mi aliento desfallece, mi corazón dentro de mí está yerto.

Recuerdo los tiempos antiguos, medito todas tus acciones,

considero las obras de tus manos y extiendo mis brazos hacia ti:

tengo sed de ti como tierra reseca. Escúchame enseguida, Señor,

que me falta el aliento. No me escondas tu rostro,

igual que a los que bajan a la fosa. En la mañana hazme escuchar tu gracia,

ya que confío en ti. Indícame el camino que he de seguir, pues levanto mi alma a ti.

Líbrame del enemigo, Señor, que me refugio en ti. Enséñame a cumplir tu voluntad,

ya que tú eres mi Dios. Tu espíritu, que es bueno, me guíe por tierra llana.

Por tu nombre, Señor, consérvame vivo; por tu clemencia, sácame de la angustia.

¡Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo!

¡Cómo era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos!, ¡amén!

¡En la mañana, Señor,  hazme escuchar tu gracia!

Cántico:

Isaías; 66, versículos 10 al 14a

¡El Señor hará derivar hacia Jerusalén, como un río, la paz!

Festejad a Jerusalén, gozad con ella,

todos los que la amáis,

alegraos de su alegría,

los que por ella llevasteis luto;

mamaréis a sus pechos

y os saciaréis de sus consuelos,

y apuraréis las delicias

de sus ubres abundantes.

Porque así dice el Señor:

“Yo haré derivar hacia ella,

como un río, la paz,

como un torrente en crecida,

las riquezas de las naciones”.

Llevarán en brazos a sus criaturas

y sobre las rodillas las acariciarán;

como a un niño a quien su madre consuela,

así os consolaré yo,

y en Jerusalén seréis consolados.

Al verlo se alegrará vuestro corazón,

y vuestros huesos florecerán como un prado.

¡Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo!

¡Cómo era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos!, ¡amén!

¡El Señor hará derivar hacia Jerusalén, como un río, la paz!

¡Nuestro Dios merece una alabanza armoniosa!

Salmo 146:

Alabad al Señor, que la música es buena;

nuestro Dios merece una alabanza armoniosa.

El Señor reconstruye Jerusalén,

reúne a los deportados de Israel;

él sana los corazones destrozados,

venda sus heridas.

Cuenta el número de las estrellas,

a cada una la llama por su nombre.

Nuestro Señor es grande y poderoso,

su sabiduría no tiene medida.

6El Señor sostiene a los humildes,

humilla hasta el polvo a los malvados.

Entonad la acción de gracias al Señor,

tocad la cítara para nuestro Dios,

que cubre el cielo de nubes,

preparando la lluvia para la tierra;

que hace brotar hierba en los montes,

para los que sirven al hombre;

que da su alimento al ganado

y a las crías de cuervo que graznan.

No aprecia el vigor de los caballos,

no estima los jarretes del hombre:

el Señor aprecia a sus fieles,

que confían en su misericordia.

¡Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo!

¡Cómo era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos!, ¡amén!

¡Nuestro Dios merece una alabanza armoniosa!

Lectura breve:

Primera de reyes; capítulo 8, versículo 51a-52 al 53a.

Nosotros somos, Señor, tu pueblo y tu heredad; ten los ojos abiertos ante la súplica de tu siervo, ante la súplica de tu pueblo, Israel,  para atendernos siempre que te invoquemos,  pues entre todas las naciones del mund,  tú, nos apartaste como heredad.

Responsorio breve:

Él me librará de la red del cazador.

Él me librará de la red del cazador.

Me cubrirá con sus plumas.

De la red del cazador.

¡Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo!

¡Él me librará de la red del cazador!

Cántico evangélico:

¡El que quiera venir conmigo, dice el Señor,  que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga!

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

porque ha visitado y redimido a su pueblo,

suscitándonos una fuerza de salvación

en la casa de David, su siervo,

según lo había predicho desde antiguo

por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos

y de la mano de todos los que nos odian;

realizando la misericordia

que tuvo con nuestros padres,

recordando su santa alianza

y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,

arrancados de la mano de los enemigos,

le sirvamos con santidad y justicia,

en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,

porque irás delante del Señor

a preparar sus caminos,

anunciando a su pueblo la salvación,

el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,

nos visitará el sol que nace de lo alto,

para iluminar a los que viven en tinieblas

y en sombra de muerte,

para guiar nuestros pasos

por el camino de la paz.

¡Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo!

¡Cómo era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos!, ¡amén!

¡El que quiera venir conmigo, dice el Señor,  que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga!

Preces:

Celebremos la bondad de Dios, que por Cristo se reveló como Padre nuestro, y digámosle de todo corazón:

Acuérdate, Señor, de que somos hijos tuyos. Concédenos vivir con toda plenitud el misterio de la Iglesia,

-a fin de que nosotros y todos los hombres encontremos en ella un sacramento eficaz de salvación.

Padre, que amas a todos los hombres, haz que cooperemos al progreso de la comunidad humana,

y que en todo busquemos tu reino con nuestros esfuerzos.

Haz que tengamos hambre y sed de justicia,

y acudamos a nuestra fuente, que es Cristo, el cual entregó su vida para que fuéramos saciados.

Perdona, Señor, todos nuestros pecados,

y dirige nuestra vida por el camino de la sencillez y de la santidad.

Por Jesús, hemos sido hechos hijos de Dios, por esto nos atrevemos a decir:

¡Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo;

danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden, no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal!

Oración final:

Señor que tu gracia inspire, sostenga  y acompañe nuestras obras para que nuestro trabajo comience en ti, como en su fuente, y tienda siempre a ti como a su fin; por nuestro señor Jesucristo, tu hijo, que vive y reina contigo en la unidad del espíritu santo y es Dios por los siglos de los siglos,

¡amén!

El Señor nos bendiga y nos guarde de todo mal, y nos lleve a la vida eterna,

¡amén!

Salve Reina de los Cielos y Señora de los Ángeles, salve raíz, salve puerta que dio paso a nuestra luz;

alégrate Virgen gloriosa, entre todas la más bella, salve agraciada doncella; ruega a Cristo por nosotros.

¡Amén!

El Señor nos bendiga y nos guarde de todo mal, y nos lleve a la vida eterna,

¡amén!

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