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Laudes I oración de la mañana I martes 2 de marzo 2021

Laudes

¡Señor, abre mis labios!

¡Y mi boca proclamará tu alabanza!

Salmo 99

¡Alegría de los que entran en el templo!

¡Venid adoremos a Cristo, el Señor, que por nosotros fue tentado y por nosotros murió!

Aclama al Señor tierra entera, servid al Señor con alegría; entrad en su presencia con aclamaciones.

¡Venid adoremos a Cristo, el Señor,  que por nosotros fue tentado y por nosotros murió!

Sabed que el Señor es Dios, que él nos hizo y somos suyos, su pueblo y ovejas de su rebaño.

¡Venid adoremos a Cristo, el Señor,  que por nosotros fue tentado y por nosotros murió!

Entrad por sus puertas con acción de gracias,  por sus atrios con himnos dándole gracias y bendiciendo su nombre.

¡Venid adoremos a Cristo, el Señor,  que por nosotros fue tentado y por nosotros murió!

El Señor es bueno, su misericordia es eterna, su fidelidad por todas las edades. 

¡Venid adoremos a Cristo, el Señor,  que por nosotros fue tentado y por nosotros murió!

¡Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo!,  

¡Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos!

¡Amén! 

¡Venid adoremos a Cristo, el Señor,  que por nosotros fue tentado y por nosotros murió!

Himno:

Edificaste una torre

para tu huerta florida;

un lagar para tu vino

y, para el vino, una viña. 

Y la viña no dio uvas,

ni el lagar buena bebida:

solo racimos amargos

y zumos de amarga tinta. 

Edificaste una torre, 

Señor, para tu guarida;

un huerto de dulces frutos,

una noria de aguas limpias,

un blanco silencio de horas

y un verde beso de brisas 

Y esta casa que es tu torre,

este mi cuerpo de arcilla,

esta sangre que es tu sangre

y esta herida que es tu herida

te dieron frutos amargos, 

amargas uvas y espinas. 

¡Rompe, Señor, tu silencio,

rompe tu silencio y grita! 

Que mi lagar enrojezca 

cuando tu planta lo pise,

y que tu mesa se endulce

con el vino de tu viña. 

 ¡Amén!

Salmodia:

¡Envíame, Señor, tu luz y tu verdad!

Salmo 42

Hazme justicia, ¡oh Dios! , defiende mi causa

contra gente sin piedad,

sálvame del hombre traidor y malvado.

Tú eres mi Dios y protector,

¿por qué me rechazas?,

¿por qué voy andando sombrío,

hostigado por mi enemigo?

Envía tu luz y tu verdad:

que ellas me guíen

y me conduzcan hasta tu monte santo,

hasta tu morada.

Que yo me acerque al altar de Dios,

al Dios de mi alegría;

que te dé gracias al son de la cítara,

Dios, Dios mío.

¿Por qué te acongojas, alma mía,

por qué te me turbas?

Espera en Dios, que volverás a alabarlo:

Salud de mi rostro, Dios mío.

¡Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo!,  

¡Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos!

¡Amén! 

¡Envíame, Señor, tu luz y tu verdad!

¡Protégenos, Señor, todos los días de nuestra vida!

Cántico:

Isaías 38, 10 – 14. 17 – 20 

Yo pensé: En medio de mis días

tengo que marchar hacia las puertas del abismo;

me privan del resto de mis años.

Yo pensé: Ya no veré más al Señor

en la tierra de los vivos,

ya no miraré a los hombres

entre los habitantes del mundo.

Levantan y enrollan mi vida

como una tienda de pastores.

Como un tejedor, devanaba yo mi vida,

y me cortan la trama.

Día y noche me estás acabando,

sollozo hasta el amanecer.

Me quiebras los huesos como un león,

día y noche me estás acabando.

Estoy piando como una golondrina,

gimo como una paloma.

Mis ojos mirando al cielo se consumen:

¡Señor, que me oprimen, sal fiador por mí!

Me has curado, me has hecho revivir,

la amargura se me volvió paz

cuando detuviste mi alma ante la tumba vacía

y volviste la espalda a todos mis pecados.

El abismo no te da gracias,

ni la muerte te alaba,

ni esperan en tu fidelidad

los que bajan a la fosa.

Los vivos, los vivos son quienes te alaban:

como yo ahora.

El padre enseña a sus hijos tu fidelidad.

Sálvame, Señor, y tocaremos nuestras arpas

todos nuestros días en la casa del Señor.

¡Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo!,  

¡Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos!

¡Amén! 

¡Protégenos, Señor, todos los días de nuestra vida!

¡Oh Dios, tú mereces un himno en Sión!

 Salmo 64:

¡Oh Dios!, tú mereces un himno en Sión,

y a ti se te cumplen los votos,

porque tú escuchas las súplicas.

A ti acude todo mortal

a causa de sus culpas;

nuestros delitos nos abruman,

pero tú los perdonas.

Dichoso el que tú eliges y acercas

para que viva en tus atrios:

que nos saciemos de los bienes de tu casa,

de los dones sagrados de tu templo.

Con portentos de justicia nos respondes,

Dios, salvador nuestro;

tú, esperanza del confín de la tierra

y del océano remoto.

Tú que afianzas los montes con tu fuerza,

ceñido de poder;

tú que reprimes el estruendo del mar,

el estruendo de las olas

y el tumulto de los pueblos.

Los habitantes del extremo del orbe

se sobrecogen ante tus signos,

y a las puertas de la aurora y del ocaso

las llenas de júbilo.

Tú cuidas de la Tierra, la riegas

y la enriqueces sin medida;

la acequia de Dios va llena de agua,

preparas los trigales.

%3 span style=»font-weight: 400;»>Riegas los surcos, igualas los terrones,

%0tu llovizna los deja mullidos,

bendices sus brotes;

coronas el año con tus bienes,

tus carriles rezuman abundancia.

Rezuman los pastos del páramo,

y las colinas se orlan de alegría;

las praderas se cubren de rebaños,

y los valles se visten de mieses,

que aclaman y cantan.

¡Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo!,  

¡Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos!

¡Amén! 

¡Oh Dios, tú mereces un himno en Sión!

Lectura breve:

Joel 2, 12 – 13

Convertíos a mí de todo corazón: con ayuno, con llanto, con luto; rasgad los corazones y no las vestiduras, convertíos al Señor, Dios vuestro, porque es compasivo y misericordioso; lento a la cólera, rico en piedad y se arrepiente de las amenazas.

Responsorio breve:

Él me librará de la red del cazador.

Él me librará de la red del cazador.

Me cubrirá con sus plumas.

De la red del cazador.

¡Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo!

¡Él me librará de la red del cazador!

Cántico evangélico:

¡Uno solo es vuestro maestro, el del cielo: Cristo, el Señor!

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

porque ha visitado y redimido a su pueblo,

suscitándonos una fuerza de salvación

en la casa de David, su siervo,

según lo había predicho desde antiguo

por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos

y de la mano de todos los que nos odian;

realizando la misericordia

que tuvo con nuestros padres,

recordando su santa alianza

y el juramento que juró a nuestro padre:  Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,

arrancados de la mano de los enemigos,

le sirvamos con santidad y justicia,

en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,

porque irás delante del Señor

a preparar sus caminos,

anunciando a su pueblo la salvación,

el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,

nos visitará el sol que nace de lo alto,

para iluminar a los que viven en tinieblas

y en sombra de muerte,

para guiar nuestros pasos

por el camino de la paz.

¡Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo!

¡Cómo era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos!

¡Amén!

¡Uno solo es vuestro maestro, el del cielo: Cristo, el Señor!

Preces:

Demos gracias a Dios, nuestro Padre, que nos dio a su Hijo unigénito, Palabra hecha, para que vivamos de ella, e invoquémosle, diciendo:

Que la palabra de Cristo habite en nosotros con toda su riqueza.

Concédenos escuchar con más frecuencia tu palabra en este tiempo cuaresmal.

Para que en la gran solemnidad que se avecina nos unamos con mayor fervor a Cristo, nuestra Pascua.

Que tu Espíritu Santo nos asista.

Para que seamos testigos de tu verdad y de tu bondad ante los vacilantes y equivocados.

Concédenos vivir más profundamente el misterio de Cristo.

Para que podamos dar testimonio de él con más fuerza y claridad.

En este tiempo de penitencia, Señor, renueva y purifica a tu Iglesia.

Para que se manifieste con más claridad como signo de salvación.

 Porque deseamos que la luz de Cristo alumbre a todos los hombres, pidamos al padre que su reino llegue a nosotros:

¡Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo; 

danos, hoy,  nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden, no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal!

Oración final:

Señor vela con amor continuo sobre tu Iglesia y, pues, sin tu ayuda no puede sostenerse lo que se cimienta en la debilidad humana; protege a tu Iglesia en el peligro y mantenla en el camino de la salvación.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios por los siglos de los siglos.

¡Amén!

El Señor nos bendiga, y nos guarde de todo mal, y nos lleve a la vida eterna.

¡Amén!

¡Oh Señora mía!, ¡oh Madre mía!,  yo me ofrezco enteramente a vos y en prueba de mi filial afecto os consagró, en este día: mis ojos, mis oídos, mi lengua y mi corazón;en una palabra, todo mi ser, ya que soy todo vuestro, ¡oh Madre de bondad!, guardadme y protegedme como hijo y posesión vuestra.

¡Amén!

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