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Laudes I oración de la mañana I miércoles 21 de abril 2021

Laudes

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¡Señor, abre mis labios!

¡Y mi boca proclamará tu alabanza!

Salmo 23:

Entrada solemne de Dios en su templo.

Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.

Del Señor es la tierra y cuanto la llena, el orbe, y todos sus habitantes:

él la fundó sobre los mares, él la afianzó sobre los ríos.

Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.

¿Quién puede subir al monte del Señor? ¿Quién puede estar en el recinto sacro?

Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.

El hombre de manos inocentes, muy puro corazón, que no confía en los ídolos

ni jura contra el prójimo en falso; ese recibirá la bendición del Señor,

le hará justicia el Dios de salvación.

Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.

Este es el grupo que busca al Señor, que viene a tu presencia, Dios de Jacob.

Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.

¡Portones!, alzad los dinteles, levantaos puertas antiguas: va a entrar el Rey de la gloria.

Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.

¿Quién es ese Rey de la gloria? El Señor, héroe valeroso; el Señor, héroe de la guerra.

Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.

¡Portones!, alzad los dinteles, Levantaos puertas antiguas: va a entrar el Rey de la gloria.

Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.

¿Quién es ese Rey de la gloria? El Señor, Dios de los ejércitos. Él es el Rey de la gloria.

Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.

¡Amén!

Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.

Himno:

Gloriosa aurora de este nuevo día, despierta en nuestras almas la alegría de ver nuestro Señor glorificado, vencidos ya la muerte y el pecado.

Jesús llena de luz el mundo entero; de cuantos vivirán, él primero entró en la luz de eternas claridades, glorioso ya sin fin de eternidades.

Torrente de alegría, salte y fluya el grito jubiloso de aleluya, los hombres y los pueblos lo repitan, sus vidas en el Cristo resucitan.

Jesús, presente y vivo en tus hermanos, acoge nuestras manos en tus manos, conduce el caminar de nuestras vidas por sendas de vivir ya redimidas.

Recibe, Padre Santo, la alabanza del pueblo que te aclama en la esperanza de ser junto a tu Hijo eternamente reunido por tu Espíritu clemente.

¡Amén!

Todos los pueblos vendrán a postrarse en tu presencia, Señor. Aleluya.

Salmo 85:

Inclina tu oído, Señor, escúchame, que soy un pobre desamparado; protege mi vida, que soy un fiel tuyo; salva a tu siervo, que confía en ti.

Tú eres mi Dios, piedad de mí, Señor, que a ti te estoy llamando todo el día; alegra el alma de tu siervo, pues levanto mi alma hacia ti.

Porque tú, Señor, eres bueno y clemente, rico en misericordia con los que te invocan.

Señor, escucha mi oración, atiende a la voz de mi súplica.

En el día del peligro te llamo, y tú me escuchas. No tienes igual entre los dioses, Señor, ni hay obras como las tuyas.

Todos los pueblos vendrán a postrarse en tu presencia, Señor; bendecirán tu nombre: Grande eres tú, y haces maravillas; tú eres el único Dios.

Enséñame, Señor, tu camino, para que siga tu verdad; mantén mi corazón entero en el temor de tu nombre.

Te alabaré de todo corazón, Dios mío; daré gloria a tu nombre por siempre, por tu gran piedad para conmigo, porque me salvaste del abismo profundo.

Dios mío, unos soberbios se levantan contra mí, una banda de insolentes atenta contra mi vida, sin tenerte en cuenta a ti.

Pero tú, Señor, Dios clemente y misericordioso, lento a la cólera, rico en piedad y leal, mírame, ten compasión de mí.

Da fuerza a tu siervo, salva al hijo de tu esclava; dame una señal propicia, que la vean mis adversarios y se avergüencen, porque tú, Señor, me ayudas y consuelas.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.

¡Amén!

Todos los pueblos vendrán a postrarse en tu presencia, Señor. Aleluya.

Contemplarán nuestros ojos al Rey en su esplendor. Aleluya.

Cántico:

Isaías 33, 13-16:

Los lejanos, escuchad lo que he hecho; los cercanos, reconoced mi fuerza.

Temen en Sión los pecadores, y un temblor se apodera de los perversos:

¿Quién de nosotros habitará un fuego devorador, quién de nosotros habitará una hoguera perpetua?

El que procede con justicia y habla con rectitud y rehúsa el lucro de la opresión, el que sacude la mano rechazando el soborno y tapa su oído a propuestas sanguinarias.

El que cierra los ojos para no ver la maldad: ése habitará en lo alto, tendrá su alcázar en un picacho rocoso, con abasto de pan y provisión de agua.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.

¡Amén!

Contemplarán nuestros ojos al Rey en su esplendor. Aleluya.

Todos verán la salvación de Dios. Aleluya.

Salmo 97:

Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas: su diestra le ha dado la victoria, su santo brazo.

El Señor da a conocer su victoria, revela a las naciones su justicia:  se acordó de su misericordia y su fidelidad en favor de la casa de Israel.

Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios. Aclama al Señor, tierra entera; gritad, vitoread, tocad.

Tocad la cítara para el Señor, suenen los instrumentos: con clarines y al son de trompetas, aclamad al Rey y Señor.

Retumbe el mar y cuanto contiene, la tierra y cuantos la habitan; aplaudan los ríos, aclamen los montes al Señor, que llega para regir la tierra.

Regirá el orbe con justicia y los pueblos con rectitud.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.

¡Amén!

Todos verán la salvación de Dios. Aleluya.

Lectura breve:

Rm 6,8-11

Si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él; pues sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más, la muerte ya no tiene dominio sobre él. Porque su morir fue un morir al pecado de una vez para siempre; y su vivir es un vivir para Dios. Lo mismo vosotros consideraos muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús.

Responsorio breve:

El Señor ha resucitado del sepulcro. El Señor ha resucitado del sepulcro.

El que por nosotros colgó del madero. Ha resucitado del sepulcro.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. El Señor ha resucitado del sepulcro.

Cántico Evangélico:

Todo el que ve al Hijo y cree en él tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Aleluya.

Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo, suscitándonos una fuerza de salvación en la casa de David, su siervo, según lo había predicho desde antiguo por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos odian; realizando la misericordia que tuvo con nuestros padres, recordando su santa alianza y el juramento que juró a nuestro padre:  Abraham.

Para concedernos que, libres de temor, arrancados de la mano de los enemigos, le sirvamos con santidad y justicia, en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor a preparar sus caminos, anunciando a su pueblo la salvación, el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.

¡Amén!

Todo el que ve al Hijo y cree en él tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Aleluya.

Preces:

Oremos a Cristo, que fue entregado por nuestros pecados y resucitado para nuestra justificación, y aclamémosle, diciendo:

Por tu victoria, sálvanos, Señor.

Salvador nuestro, Señor Jesús, que con tu victoria sobre la muerte nos has alegrado y con tu resurrección nos has exaltado y nos has enriquecido.

Ilumina hoy nuestras mentes y santifica nuestra jornada con la gracia de tu Espíritu Santo.

Tú que en el cielo eres glorificado por los ángeles y en la tierra eres adorado por los hombres.

Recibe la adoración que en espíritu y verdad te tributamos en esta fiesta de tu resurrección.

Sálvanos, Señor Jesús, muestra tu amor y tu misericordia al pueblo que confía en tu resurrección.

Y, compadecido de nosotros, defiéndenos hoy de todo mal.

Rey de la gloria y vida nuestra, haz que, cuando aparezcas.

Podamos aparecer también nosotros, juntamente contigo, en gloria.

Concluyamos nuestra oración diciendo juntos las palabras de Jesús, nuestro Maestro:

Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo;

danos, hoy,  nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden, no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal.

¡Amén!

Oración final:

Ven, Señor, en ayuda de tu familia, y a cuantos hemos recibido el don de la fe concédenos tener parte en la herencia eterna de tu Hijo resucitado.

Que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

 ¡Amén!

El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

¡Amén!

Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios; no desprecies las oraciones que te dirigimos en nuestras necesidades, antes bien, líbranos de todo peligro, oh Virgen gloriosa y bendita.