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Laudes I oración de la mañana I miércoles 24 febrero 2021

Laudes

¡Señor, abre mis labios!

¡Y  mi boca proclamará tu alabanza!

Salmo 66:

¡Qué todos los pueblos alaben al Señor!

¡Venid adoremos a Cristo, el Señor, que por nosotros fue tentado y por nosotros murió!

El Señor tenga piedad y nos bendiga, ilumine su rostro sobre nosotros;

conozca la tierra tus caminos, todos los pueblos tu salvación.

¡Venid adoremos a Cristo, el Señor, que por nosotros fue tentado y por nosotros murió!

¡Oh Dios!, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben.

¡Venid adoremos a Cristo, el Señor, que por nosotros fue tentado y por nosotros murió!

Que canten de alegría las naciones, porque riges el mundo con justicia,

riges los pueblos con rectitud y gobiernas las naciones de la tierra.

¡Venid adoremos a Cristo, el Señor, que por nosotros fue tentado y por nosotros murió!

¡Oh Dios!, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben.

¡Venid adoremos a Cristo, el Señor, que por nosotros fue tentado y por nosotros murió!

La tierra ha dado su fruto, nos bendice el Señor, nuestro Dios.

Que Dios nos bendiga; que le teman hasta los confines del orbe.

¡Venid adoremos a Cristo, el Señor, que por nosotros fue tentado y por nosotros murió!

¡Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo!

¡Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos!

¡Amén!

¡Venid adoremos a Cristo, el Señor, que por nosotros fue tentado y por nosotros murió!

Himno:

Cuando vuelto hacia ti de mi pecado iba pensando en confesar sincero:

el dolor desgarrado y verdadero del delito de haberte abandonado.

Cuando pobre volvime a ti humillado, me ofrecí como inmundo pordiosero;

cuando, temiendo tu mirar severo bajé los ojos, me sentí abrazado.

Sentí mis labios por tu amor sellados y ahogarse entre tus lágrimas divinas

la triste confesión de mis pecados. Llenóse el alma en luces matutinas,

y, viendo ya mis males perdonados, quise para mi frente tus espinas.

¡Amén!

Salmodia:

¡Tu luz, Señor, nos hace ver la luz!

Salmo 35:

El malvado escucha en su interior

un oráculo del pecado: “No tengo miedo a Dios,

ni en su presencia”.

Porque se hace la ilusión de que su culpa

no será descubierta ni aborrecida.

Las palabras de su boca son maldad y traición,

renuncia a ser sensato y a obrar bien;

acostado medita el crimen, se obstina en el mal camino,

no rechaza la maldad.

Señor, tu misericordia llega al cielo,

tu fidelidad hasta las nubes; tu justicia, hasta las altas cordilleras,

tus sentencias son como el océano inmenso.

Tú socorres a hombres y animales;

¡qué inapreciable es tu misericordia, oh Dios!,

los humanos se acogen a la sombra de tus alas.

Se nutren de lo sabroso de tu casa,

les das a beber del torrente de tus delicias,

porque en ti está la fuente viva,

y tu luz nos hace ver la luz.

Prolonga tu misericordia con los que te reconocen,

tu justicia, con los rectos de corazón;

que no me pisotee el pie del soberbio,

que no me eche fuera la mano del malvado.

Han fracasado los malhechores;

derribados, no se pueden levantar.

¡Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo!

¡Cómo era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos!

¡Amén!

¡Tu luz, Señor, nos hace ver la luz!

¡Señor, tú eres grande; tu fuerza es invencible!

Cántico:

Judith; capítulo 16, versículos 2 al 3, 15 al 19.

Alabad a mi Dios con tambores, elevad cantos al Señor con cítaras, ofrecedle los acordes de un salmo de alabanza;  ensalzad e invocad su nombre porque el Señor es un Dios quebrantadorde guerras, su nombre es el Señor.

Cantaré, a mi Dios, un cántico nuevo; Señor, tú eres grande y glorioso, admirable en tu fuerza, invencible.

Que te sirva toda la creación, porque tú lo mandaste y existió, enviaste tu aliento y la construiste; nada puede resistir a tu voz.

Sacudirán las olas, los cimientos de los montes; las peñas, en tu presencia, se derretirán como cera, pero tú serás propicio a tus fieles.

¡Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo!

¡Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos!

¡Amén!

¡Señor, tú eres grande; tu fuerza es invencible!

¡Aclamad a Dios con gritos de júbilo!

Salmo 46:

Pueblos todos, batid palmas,

aclamad a Dios con gritos de júbilo;

porque el Señor es sublime y terrible,

emperador de toda la Tierra.

Él nos somete los pueblos

y nos sojuzga las naciones;

él nos escogió por heredad suya:

gloria de Jacob, su amado.

Dios asciende entre aclamaciones;

el Señor, al son de trompetas:

tocad para Dios, tocad,

tocad para nuestro rey, tocad.

Porque Dios es el rey del mundo:

tocad con maestría.

Dios, reina sobre las naciones;

Dios se sienta en su trono sagrado.

Los príncipes de los gentiles se reúnen

con el pueblo del Dios de Abraham;

porque de Dios son los grandes de la Tierra,

y él es excelso.

¡Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo!

¡Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos!

¡Amén!

¡Aclamad a Dios con gritos de júbilo!

Lectura breve:

Deuteronomio; capítulo 7; versículos 6, 8 al 9.

El Señor, tu Dios, te eligió para que fueras, entre todos los pueblos de la Tierra, el pueblo de su propiedad, por puro amor vuestro, por mantener el juramento que había hecho a vuestros padres; os sacó de Egipto con mano fuerte y os rescató de la esclavitud, del dominio del faraón, rey de egipto; así sabrás que el Señor, tu Dios, es Dios, el Dios fiel que mantiene su alianza y su favor con los que lo aman y guardan sus preceptos por mil generaciones.

Responsorio breve:

Él me librará de la red del cazador.

Él me librará de la red del cazador.

Me cubrirá con sus plumas.

De la red del cazador.

¡Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo!

¡Él me librará de la red del cazador!

Cántico evangélico:

¡Esta generación perversa y adúltera exige un signo, pero no se le dará más signo que el del profeta Jonás!

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

porque ha visitado y redimido a su pueblo,

suscitándonos una fuerza de salvación

en la casa de David, su siervo,

según lo había predicho desde antiguo

por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos

y de la mano de todos los que nos odian;

realizando la misericordia

que tuvo con nuestros padres,

recordando su santa alianza

y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,

arrancados de la mano de los enemigos,

le sirvamos con santidad y justicia,

en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,

porque irás delante del Señor

a preparar sus caminos,

anunciando a su pueblo la salvación,

el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,

nos visitará el sol que nace de lo alto,

para iluminar a los que viven en tinieblas

y en sombra de muerte,

para guiar nuestros pasos

por el camino de la paz.

¡Gloria al Padre y al Hijo y el Espíritu Santo!

¡Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos!

¡Amén!

¡Esta generación perversa y adúltera exige un signo, pero no se le dará más signo que el del profeta Jonás!

Preces:

Bendigamos al autor de nuestra salvación que ha querido renovar, en sí mismo, todas las cosas y digámosle:

Renuévanos, Señor, por tu Espíritu Santo.

Señor, tú que nos has prometido un cielo nuevo y una tierra nueva, renuévanos sin cesar por tu Espíritu Santo.

Para que lleguemos a gozar eternamente de ti en la nueva Jerusalén.

Que trabajemos, Señor, para que el mundo se impregne de tu Espíritu.

Y se logre así, más eficazmente,  la justicia, el amor y la paz universal.

Enséñanos, Señor, a corregir nuestra pereza y nuestra desidia.

Y  a poner nuestro corazón en los bienes eternos.

Líbranos del mal.

Y presérvanos de la fascinación de la vanidad que oscurece la mente y oculta el bien.

Tal como nos enseñó el Señor, terminemos nuestra oración diciendo:

¡Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo;

danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden, no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal!

Oración final:

Señor, mira complacido a tu pueblo que desea entregarse a ti con una vida santa, y a los que dominan su cuerpo con la penitencia transformándoles, interiormente, mediante el fruto de las buenas obras.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

¡Amén!

 El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal, y  nos lleve a la vida eterna.

¡Amén!

Salve Reina de los Cielos y Señora de los Ángeles; salve raíz, salve puerta, que dio paso a nuestra luz. Alégrate, Virgen Gloriosa, entre todas, la más bella; salve agraciada doncella,  ruega Cristo por nosotros.

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