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Laudes I oración de la mañana I sábado 13 febrero 2021

 

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Laudes

¡Señor abre mis labios!

R/: ¡Y mi boca proclamará tu alabanza!

Salmo 66:

Que todos los pueblos alaben al Señor.

¡Del Señor es la tierra y cuanto la llena; venid, adorémosle!

El Señor tenga piedad y nos bendiga, ilumine su rostro sobre nosotros;

conozca la tierra tus caminos, todos los pueblos tu salvación.

R/: ¡Del Señor es la tierra y cuanto la llena; venid, adorémosle!

¡Oh Dios!, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben.

R/: ¡Del Señor es la tierra y cuanto la llena; venid, adorémosle!

Que canten de alegría las naciones, porque riges el mundo con justicia,

riges los pueblos con rectitud y gobiernas las naciones de la tierra.

R/: ¡Del Señor es la tierra y cuanto la llena; venid, adorémosle!

¡Oh Dios!, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben.

R/: ¡Del Señor es la tierra y cuanto la llena; venid, adorémosle!

La tierra ha dado su fruto, nos bendice el Señor, nuestro Dios.

Que Dios nos bendiga; que le teman hasta los confines del orbe.

R/: ¡Del Señor es la tierra y cuanto la llena; venid, adorémosle!

¡Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo!

R/: ¡Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos!, ¡Amén!

¡Del Señor es la tierra y cuanto la llena; venid, adorémosle!

Himno:

Gracias, Señor, por la aurora; gracias, por el nuevo día;

gracias, por la Eucaristía; gracias, por nuestra Señora.

Y gracias, por cada hora de nuestro andar peregrino.

Gracias, por el don divino de tu paz y de tu amor,

la alegría y el dolor, al compartir tu camino.

Gloria al Padre, gloria al Hijo, gloria al Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.

Salmodia:

¡Me adelanto a la aurora pidiendo auxilio!

Salmo 118, versículos 145 al 152.

Te invoco de todo corazón; respóndeme, Señor, y guardaré tus leyes;

a ti grito: sálvame, y cumpliré tus decretos;

me adelanto a la aurora pidiendo auxilio, esperando tus palabras.

Mis ojos se adelantan a las vigilias, meditando tu promesa;

escucha mi voz por tu misericordia, con tus mandamientos dame vida;

ya se acercan mis inicuos perseguidores, están lejos de tu voluntad.

Tú, Señor, estás cerca, y todos tus mandatos son estables;

hace tiempo comprendí que tus preceptos los fundaste para siempre.

¡Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo!

R/: ¡Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos!, ¡Amén!

¡Me adelanto a la aurora pidiendo auxilio!

¡Mi fuerza y mi poder es el Señor, él fue mi salvación!

Cántico:

Éxodo, capítulo 15, versículos 1 al 4. 8 al 13. 17 al 18.

Cantaré al Señor, sublime es su victoria, caballos y carros ha arrojado en el mar.

Mi fuerza y mi poder es el Señor, él fue mi salvación.

Él es mi Dios: yo lo alabaré; el Dios de mis padres: yo lo ensalzaré.

El Señor es un guerrero, su nombre es «El Señor».

Los carros del Faraón los lanzó al mar, ahogó en el mar Rojo a sus mejores capitanes.

Al soplo de tu nariz se amontonaron las aguas, las corrientes se alzaron como un dique,

las olas se cuajaron en el mar.

Decía el enemigo: «Los perseguiré y alcanzaré,

repartiré el botín, se saciará mi codicia, empuñaré la espada, los agarrará mi mano.»

Pero sopló tu aliento y los cubrió el mar, se hundieron como plomo en las aguas formidables.

¿Quién como tú, Señor, entre los dioses?

¿Quién como tú, terrible entre los santos, temible por tus proezas, autor de maravillas?

Extendiste tu diestra: se los tragó la tierra; guiaste con misericordia a tu pueblo rescatado,

los llevaste con tu poder hasta tu santa morada.

Los introduces y los plantas en el monte de tu heredad,

lugar del que hiciste tu trono, Señor; santuario, Señor, que fundaron tus manos.

El Señor reina por siempre jamás.

¡Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo!

R/: ¡Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos!, ¡Amén!

¡Mi fuerza y mi poder es el Señor, él fue mi salvación!

¡Alabad al Señor, todas las naciones!

Salmo 116:

Alabad al Señor, todas las naciones, aclamadlo, todos los pueblos.

Firme es su misericordia con nosotros, su fidelidad dura por siempre.

¡Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo!

R/: ¡Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos!, ¡Amén!

¡Alabad al Señor, todas las naciones!

Lectura breve:

Segunda de  Pedro, capítulo 1, versículos 10 al 11.

Hermanos, poned cada vez más ahínco en ir ratificando vuestro llamamiento y elección.

Si lo hacéis así, no fallaréis nunca; y os abrirán de par en par las puertas del reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

Responsorio breve:

A ti grito, Señor, tú eres mi refugio.

A ti grito, Señor, tú eres mi refugio.

Y mi lote en el país de la vida.

Tú eres mi refugio.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

A ti grito, Señor, tú eres mi refugio.

Cántico evangélico:

¡Ilumina, Señor, a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte!

Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo,

Suscitándonos una fuerza de salvación en la casa de David, su siervo,

Según lo había predicho desde antiguo por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos odian;

Realizando la misericordia que tuvo con nuestros padres, recordando su santa alianza,

Y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor, arrancados de la mano de los enemigos,

Le sirvamos con santidad y justicia, en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor a preparar sus caminos,

Anunciando a su pueblo la salvación, el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto,

Para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz.

¡Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo!

R/: ¡Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos!, ¡Amén!

¡Ilumina, Señor, a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte!

Preces:

Bendigamos a Cristo, que, para ser ante Dios el sumo sacerdote compasivo y fiel, quiso parecerse en todo, menos en el pecado, a sus hermanos, y supliquémosle, diciendo:

¡Concédenos, Señor, los tesoros de tu amor!

Señor, Sol de justicia, que nos iluminaste en el bautismo,

te consagramos este nuevo día.

Que sepamos bendecirte en cada uno de los momentos de nuestra jornada

y glorifiquemos tu nombre con cada una de nuestras acciones.

Tú que tuviste por madre a María, siempre dócil a tu palabra,

encamina hoy nuestros pasos, para que obremos también, como ella, según tu voluntad.

Haz que, mientras vivimos aún en este mundo que pasa, anhelemos la vida eterna

y, por la fe, la esperanza y el amor, gustemos ya anticipadamente las delicias de tu reino.

Con la misma confianza que tienen los hijos con sus padres, acudamos nosotros a nuestro Dios, diciéndole:

Padre nuestro, que estás en el Cielo, santificado sea tu nombre,

Venga a nosotros tu Reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el Cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden,

No nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal.

Oración:

Te pedimos, Señor, que la claridad de la resurrección de tu Hijo ilumine las dificultades de nuestra vida;

que no temamos ante la oscuridad de la muerte y podamos llegar un día a la luz que no tiene fin.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

¡El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna!

Amén.

Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios,

No desprecies las oraciones que te dirigimos en nuestras necesidades,

Antes bien líbranos de todo peligro oh Virgen gloriosa y bendita.