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Laudes I oración de la mañana I sábado 6 de marzo 2021

Laudes

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¡Señor, abre mis labios!

¡Y mi boca proclamará tu alabanza!

Salmo 99

¡Alegría de los que entran en el templo!

¡Venid adoremos a Cristo, el Señor, que por nosotros fue tentado y por nosotros murió!

Aclama al Señor tierra entera, servid al Señor con alegría; entrad en su presencia con aclamaciones.

¡Venid adoremos a Cristo, el Señor,  que por nosotros fue tentado y por nosotros murió!

Sabed que el Señor es Dios, que él nos hizo y somos suyos, su pueblo y ovejas de su rebaño.

¡Venid adoremos a Cristo, el Señor,  que por nosotros fue tentado y por nosotros murió!

Entrad por sus puertas con acción de gracias,  por sus atrios con himnos dándole gracias y bendiciendo su nombre.

¡Venid adoremos a Cristo, el Señor,  que por nosotros fue tentado y por nosotros murió!

El Señor es bueno, su misericordia es eterna, su fidelidad por todas las edades. 

¡Venid adoremos a Cristo, el Señor,  que por nosotros fue tentado y por nosotros murió!

¡Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo!,  

¡Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos!

¡Amén! 

¡Venid adoremos a Cristo, el Señor,  que por nosotros fue tentado y por nosotros murió!

Himno:

Los hombros traigo cargados de graves culpas, mi Dios;

dadme esas lágrimas vos y tomad estos pecados.

 Yo soy quien ha de llorar, por ser acto de flaqueza;

que no hay en naturaleza más flaqueza que el pecar.

 Y, pues andamos trocados, que yo peco y lloráis vos,

dadme esas lágrimas vos y tomad estos pecados.

Vos sois quien cargar se puede estas mis culpas mortales,

que la menor destas tales a cualquier peso excede. 

 Y, pues que son tan pesados aquestos yerros, mi Dios,

dadme esas lágrimas vos y tomad estos pecados.

 Al Padre, al Hijo, al Amor, alegres cantad, criaturas,

y resuene en las alturas toda gloria y todo honor. 

 ¡Amén!

Salmodia:

¡Por la mañana proclamamos, Señor, tu misericordia y de noche tu fidelidad! 

Salmo 91

Es bueno dar gracias al Señor y tañer para tu nombre, ¡oh Altísimo!,

proclamar por la mañana tu misericordia y de noche tu fidelidad,

con arpas de diez cuerdas y laúdes, sobre arpegios de cítaras.

Tus acciones, Señor, son mi alegría, y  mi júbilo, las obras de tus manos.

¡Qué magníficas son tus obras, Señor, qué profundos tus designios!

El ignorante no los entiende ni el necio se da cuenta.

Aunque germinen como hierba los malvados

y florezcan los malhechores, serán destruidos para siempre.

Tú, en cambio, Señor, eres excelso por los siglos.

Porque tus enemigos, Señor, perecerán, los malhechores serán dispersados;

pero a mí me das la fuerza de un búfalo y me unges con aceite nuevo.

Mis ojos no temerán a mis enemigos, mis oídos escucharán su derrota.

El justo crecerá como una palmera, y se alzará como un cedro del Líbano:

plantado en la casa del Señor, crecerá en los atrios de nuestro Dios.

En la vejez seguirá dando fruto y estará lozano y frondoso,

para proclamar que el Señor es justo, que en mi Roca no existe la maldad.

¡Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo!,  

¡Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos!

¡Amén! 

¡Por la mañana proclamamos, Señor, tu misericordia y de noche tu fidelidad! 

¡Dad gloria a nuestro Dios!

Cántico:

Deuteronomio 32: 1 – 12 

Escuchad, cielos, y hablaré; oye, Tierra, los dichos de mi boca;

descienda como lluvia mi doctrina, destile como rocío mi palabra;

como llovizna sobre la hierba, como sereno sobre el césped.

Voy a proclamar el nombre del Señor: dad gloria a nuestro Dios.

Él es la Roca, sus obras son perfectas, sus caminos son justos,

es un Dios fiel, sin maldad; es justo y recto.

Hijos degenerados, se portaron mal con él, generación malvada y pervertida.

¿Así le pagas al Señor, pueblo necio e insensato?

¿No es él tu padre y tu creador, el que te hizo y te constituyó?

Acuérdate de los días remotos, considera las edades pretéritas,

pregunta a tu padre, y te lo contará, a tus ancianos, y te lo dirán.

Cuando el Altísimo daba a cada pueblo su heredad

y distribuía a los hijos de Adán, trazando las fronteras de las naciones,

según el número de los hijos de Dios, la porción del Señor fue su pueblo,

Jacob fue la parte de su heredad.

Lo encontró en una tierra desierta, en una soledad poblada de aullidos:

lo rodeó cuidando de él, lo guardó como a las niñas de sus ojos.

Como el águila incita a su nidada, revolando sobre los polluelos,

así extendió sus alas, los tomó y los llevó sobre sus plumas.

El Señor solo los condujo, no hubo dioses extraños con él.

¡Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo!,  

¡Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos!

¡Amén! 

¡Dad gloria a nuestro Dios!

¡Qué admirable es tu nombre, Señor, en toda la Tierra!

 Salmo 8

Señor, dueño nuestro, ¡qué admirable es tu nombre

en toda la Tierra! Ensalzaste tu majestad sobre los cielos.

De la boca de los niños de pecho has sacado una alabanza contra tus enemigos,

para reprimir al adversario y al rebelde. Cuando contemplo el cielo, obra de tus manos,

la luna y las estrellas que has creado, ¿qué es el hombre, para que te acuerdes de él,

el ser humano, para darle poder? Lo hiciste poco inferior a los ángeles,

lo coronaste de gloria y dignidad, le diste el mando sobre las obras de tus manos,

todo lo sometiste bajo sus pies. Rebaños de ovejas y toros,

y hasta las bestias del campo, las aves del cielo, los peces del mar,

que trazan sendas por el mar. Señor, dueño nuestro,

¡qué admirable es tu nombre en toda la tierra!

¡Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo!,  

¡Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos!

¡Amén! 

¡Qué admirable es tu nombre, Señor, en toda la Tierra!

Lectura breve:

Romanos 12: 14 – 16ª

Bendecid a los que os persiguen, no maldigáis; alegraos con los que se alegran, llorad con los que lloran, tened un mismo sentir entre vosotros sin apetecer grandezas, atraídos más bien por lo humilde.

¡Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo!,  

¡Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos!

¡Amén! 

¡Qué admirable es tu nombre, Señor, en toda la Tierra!

Lectura breve:

Isaías capítulo 1: 16 – 18

Lavaos, purificaos; apartad de mi vista vuestras malas acciones, cesad de obrar el mal,  aprended a obrar el bien, buscad lo justo, dad sus derechos al oprimido, defended al huérfano, proteged a la viuda; entonces venid y litigaremos, dice el Señor: aunque vuestros pecados fuesen como púrpura blanquearan como nieve, aunque sean rojos como escarlata quedarán como lana.

Responsorio breve:

Él me librará de la red del cazador. 

Él me librará de la red del cazador.

Me cubrirá con sus plumas.

De la red del cazador.

¡Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo!

¡Él me librará de la red del cazador!

Cántico evangélico:

¡Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros!

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

porque ha visitado y redimido a su pueblo,

suscitándonos una fuerza de salvación

en la casa de David, su siervo,

según lo había predicho desde antiguo

por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos

y de la mano de todos los que nos odian;

realizando la misericordia

que tuvo con nuestros padres,

recordando su santa alianza

y el juramento que juró a nuestro padre:  Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,

arrancados de la mano de los enemigos,

le sirvamos con santidad y justicia,

en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,

porque irás delante del Señor

a preparar sus caminos,

anunciando a su pueblo la salvación,

el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,

nos visitará el sol que nace de lo alto,

para iluminar a los que viven en tinieblas

y en sombra de muerte,

para guiar nuestros pasos

por el camino de la paz.

¡Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo!,  

¡Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos!

¡Amén!

¡Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros!

Preces:

Demos gracias, siempre y en todo lugar, a Cristo, nuestro Salvador, y supliquémosle, diciendo:

Ayúdanos, Señor, con tu gracia.

 Concédenos guardar sin mancha nuestros cuerpos.

Para que el Espíritu Santo pueda habitar en ellos.

 Desde el comienzo del día, acrecienta en nosotros el amor a nuestros hermanos.

Y el deseo de cumplir tu voluntad durante toda la jornada.

Danos hambre del alimento que perdura.

Y da la vida eterna que tú diariamente nos proporcionas.

Que tu Madre, refugio de pecadores, interceda por nosotros.

Para que obtengamos el perdón de nuestros pecados.

Como hijos que somos de Dios, dirijámonos a nuestro Padre con la oración que Cristo nos enseñó:

¡Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo; 

danos, hoy,  nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden, no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal!

Oración final:

Señor, Dios nuestro, que por medio de los sacramentos nos permites participar de los bienes de tu reino, ya en nuestra vida mortal, dirígenos tu mismo en el camino de la vida para que lleguemos a alcanzar la luz en la que habitas con tus santos.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios por los siglos de los siglos.

¡Amén!

El Señor nos bendiga, y nos guarde de todo mal, y nos lleve a la vida eterna.

¡Amén!

Dulce Madre, no te alejes; tu vista de nosotros, no apartes; ven con nosotros a todas partes y solos, nunca nos dejes; y ya que nos amas tanto, como verdadera madre que eres,  haz que nos bendiga el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

¡Amén!