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Laudes I oración de la mañana I domingo 21 de marzo 2021

Laudes

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¡Señor, abre mis labios!

¡Y  mi boca proclamará tu alabanza!

Salmo 66:

¡Qué todos los pueblos alaben al Señor!

Ojalá escuchéis, hoy, la voz del Señor; no endurezcáis vuestro corazón.

El Señor tenga piedad y nos bendiga, ilumine su rostro sobre nosotros;

conozca la tierra tus caminos, todos los pueblos tu salvación.

Ojalá escuchéis, hoy, la voz del Señor; no endurezcáis vuestro corazón.

¡Oh Dios!, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben.

Ojalá escuchéis, hoy, la voz del Señor; no endurezcáis vuestro corazón.

Que canten de alegría las naciones, porque riges el mundo con justicia,

riges los pueblos con rectitud y gobiernas las naciones de la tierra.

Ojalá escuchéis, hoy, la voz del Señor; no endurezcáis vuestro corazón.

¡Oh Dios!, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben.

Ojalá escuchéis, hoy, la voz del Señor; no endurezcáis vuestro corazón.

La tierra ha dado su fruto, nos bendice el Señor, nuestro Dios.

Que Dios nos bendiga; que le teman hasta los confines del orbe.

Ojalá escuchéis, hoy, la voz del Señor; no endurezcáis vuestro corazón.

¡Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo!

¡Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos!

¡Amén!

Ojalá escuchéis, hoy, la voz del Señor; no endurezcáis vuestro corazón.

Himno:

Oh sol de salvación, oh Jesucristo: Alumbra lo más hondo de las almas, En tanto que la noche retrocede Y el día sobre el mundo se levanta. Junto con este favorable tiempo

Danos ríos de lágrimas copiosas Para lavar el corazón que ardiendo En jubilosa caridad se inmola.

La fuente que hasta ayer manó delitos Ha de manar desde hoy perenne llanto si con la vara de la penitencia el pecho empedernido es castigado.

Ya se avecina el día, el día tuyo, volverá a florecer el universo, compartamos su gozo los que fuimos devueltos por tu mano a tus senderos.

Oh Trinidad clemente: que te adoren tierra y cielo a tus pies arrodillados, y que nosotros, por tu gracia nuevos, cantemos en tu honor un nuevo canto.

¡Amén!

Salmodia:

¡Tú, Señor, fuiste mi auxilio!

 Salmo 62, 2-99 

Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo, mi alma está sedienta de ti;

mi carne tiene ansia de ti, como tierra reseca, agostada, sin agua.

¡Cómo te contemplaba en el santuario viendo tu fuerza y tu gloria!

Tu gracia vale más que la vida, te alabarán mis labios.

Toda mi vida te bendeciré y alzaré las manos invocándote.

Me saciaré como de enjundia y de manteca, y mis labios te alabarán jubilosos.

En el lecho me acuerdo de ti

y velando medito en ti, porque fuiste mi auxilio, y a la sombra de tus alas canto con júbilo; mi alma está unida a ti, y tu diestra me sostiene.

¡Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo!

¡Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos!

¡Amén!

¡Tú, Señor, fuiste mi auxilio!

¡Líbranos con tu poder maravilloso y sálvanos del poder de la muerte!

Cántico:

Daniel 3, 57-88.56:

Criaturas todas del Señor, bendecid al Señor, ensalzadlo con himnos por los siglos.

Ángeles del Señor, bendecid al Señor; cielos, bendecid al Señor.

Aguas del espacio, bendecid al Señor; ejércitos del Señor, bendecid al Señor.

Sol y luna, bendecid al Señor; astros del cielo, bendecid al Señor.

Lluvia y rocío, bendecid al Señor; vientos todos, bendecid al Señor.

Fuego y calor, bendecid al Señor; fríos y heladas, bendecid al Señor.

Rocíos y nevadas, bendecid al Señor; témpanos y hielos, bendecid al Señor.

Escarchas y nieves, bendecid al Señor; noche y día, bendecid al Señor.

Luz y tinieblas, bendecid al Señor; rayos y nubes, bendecid al Señor.

Bendiga la tierra al Señor, ensálcelo con himnos por los siglos.

Montes y cumbres, bendecid al Señor; cuanto germina en la tierra, bendiga al Señor.

Manantiales, bendecid al Señor; mares y ríos, bendecid al Señor.

Cetáceos y peces, bendecid al Señor; aves del cielo, bendecid al Señor.

Fieras y ganados, bendecid al Señor, ensalzadlo con himnos por los siglos.

Hijos de los hombres, bendecid al Señor bendiga Israel al Señor.

Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor; siervos del Señor, bendecid al Señor.

Almas y espíritus justos, bendecid al Señor; santos y humildes de corazón, bendecid al Señor.

Ananías, Azarías y Misael, bendecid al Señor, ensalzadlo con himnos por los siglos.

Bendigamos al Padre y al Hijo con el Espíritu Santo, ensalcémoslo con himnos por los siglos.

Bendito el Señor en la bóveda del cielo, alabado y glorioso y ensalzado por los siglos.

¡Líbranos con tu poder maravilloso y sálvanos del poder de la muerte!

¡Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del Hombre!

 Salmo 149:

Cantad al Señor un cántico nuevo, resuene su alabanza en la asamblea de los fieles; que se alegre Israel por su Creador, los hijos de Sión por su Rey.

Alabad su nombre con danzas, cantadle con tambores y cítaras; porque el Señor ama a su pueblo y adorna con la victoria a los humildes.

Que los fieles festejen su gloria y canten jubilosos en filas: con vítores a Dios en la boca y espadas de dos filos en las manos.

Para tomar venganza de los pueblos y aplicar el castigo a las naciones, sujetando a los reyes con argollas, a los nobles con esposas de hierro.

Ejecutar la sentencia dictada es un honor para todos sus fieles.

¡Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo!

¡Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos!

¡Amén!

¡Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del Hombre!

Lectura breve:

Levítico 23, 4-7

Éstas son las festividades del Señor, las asambleas litúrgicas que convocareis a su debido tiempo. El día catorce del primer mes, al atardecer, es la Pascua del Señor. El día quince del mismo mes es la fiesta de los panes ázimos, dedicada al Señor. Comeréis panes ázimos durante siete días. El primer día os reuniréis en asamblea litúrgica, y no haréis trabajo alguno.

Responsorio breve:

Cristo, Hijo de Dios vivo, ten piedad de nosotros. Cristo, Hijo de Dios vivo, ten piedad de nosotros. Tú que fuiste triturado por nuestros crímenes. Ten piedad de nosotros.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. Cristo, Hijo de Dios vivo, ten piedad de nosotros.

Cántico evangélico:

Haré con vosotros una alianza nueva: yo seré vuestro Dios, y vosotros seréis mi pueblo.

Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo, suscitándonos una fuerza de salvación en la casa de David, su siervo, según lo había predicho desde antiguo por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos odian; realizando la misericordia que tuvo con nuestros padres, recordando su santa alianza y el juramento que juró a nuestro padre:  Abraham.

Para concedernos que, libres de temor, arrancados de la mano de los enemigos, le sirvamos con santidad y justicia, en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor a preparar sus caminos, anunciando a su pueblo la salvación, el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz.

¡Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo!

¡Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos!

¡Amén!

Haré con vosotros una alianza nueva: yo seré vuestro Dios, y vosotros seréis mi pueblo.

Preces:

Acudamos a nuestro Redentor, que nos concede estos días de perdón, y, bendiciéndole, digamos: Infúndenos, Señor, un espíritu nuevo.

Cristo, vida nuestra, tú que por el bautismo nos has sepultado místicamente contigo en la muerte, para que contigo también resucitemos.

Concédenos caminar hoy en una vida nueva.

Señor Jesús, tú que pasaste por el mundo haciendo el bien.

Haz que también nosotros seamos solícitos del bien para todos los hombres.

Ayúdanos Señor, a trabajar concordes en la edificación de nuestra ciudad terrena.

Sin olvidar nunca tu reino eterno.

Tú Señor, que eres médico de los cuerpos y de las almas.

Sana las dolencias de nuestro espíritu para que crezcamos en santidad.

Digamos ahora, todos juntos, la oración que nos enseñó el mismo Señor:

¡Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo;

danos, hoy,  nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden, no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal!

Oración final:

Te rogamos, Señor Dios nuestro, que tu gracia nos ayude, para que vivamos siempre de aquel mismo amor que movió a tu Hijo a entregarse a la muerte por la salvación del mundo.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios por los siglos de los siglos.

¡Amén!

El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal, y nos lleve a la vida eterna.

¡Amén!

Dulce Madre, no te alejes; tu vista de nosotros, no apartes; ven con nosotros a todas partes y solos nunca nos dejes, y ya que nos amas tanto, como verdadera madre que eres,  haz que nos bendiga el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

¡Amén!