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Oficio de lectura – sábado 24 diciembre 2022

Oficio de Lectura

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: Alegría de nieve

Alegría de nieve por los caminos.
Todo espera la gracia del Bien Nacido.

Miserables los hombres, dura la tierra.
Cuanta más nieve cae, más cielo cerca.

La tierra tan dormida ya se despierta.
Y hasta el hombre más muerto se despereza.

Ya los montes se allanan y las colinas, y el corazón del hombre vuelve a la vida.

Gloria al Padre y al Hijo, gloria al Espíritu, que han mirado a la tierra compadecidos. Amén.

Salmodia

Ant 1. El Señor los rescató de la opresión.

Salmo 77

Bondad de dios e infidelidad del pueblo a través de la historia de la salvación

¡Qué rebeldes fueron en el desierto, enojando a Dios en la estepa!
Volvían a tentar a Dios, a irritar al Santo de Israel, sin acordarse de aquella mano que un día los rescató de la opresión: cuando hizo prodigios en Egipto, portentos en el campo de Soán; cuando convirtió en sangre los canales y los arroyos, para que no bebieran; cuando les mandó tábanos que les picasen, y ranas que los hostigasen; cuando entregó a la langosta sus cosechas, y al saltamontes el fruto de sus sudores; cuando aplastó con granizo sus viñedos, y con escarcha sus higueras, cuando entregó sus ganados al pedrisco, y al rayo sus rebaños; cuando lanzó contra ellos el incendio de su ira, su cólera, su furor, su indignación, y, despachando a los siniestros mensajeros, dio curso libre a su ira: no los salvó de la muerte, entregó sus vidas a la peste; cuando hirió a los primogénitos en Egipto, a las primicias de la virilidad en las tiendas de Cam.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Señor los rescató de la opresión.

Ant 2. Los hizo llegar el Señor hasta el monte que su diestra había adquirido.

Salmo 77

Sacó como un rebaño a su pueblo, los guio como un hato por el desierto, los condujo seguros, sin alarmas, mientras el mar cubría a sus enemigos; los hizo entrar por las santas fronteras hasta el monte que su diestra había adquirido; ante ellos rechazó a las naciones, les asignó por suerte su heredad: instaló en sus tiendas a las tribus de Israel.

Pero ellos tentaron a Dios Altísimo y se rebelaron, negándose a guardar sus preceptos; desertaron y traicionaron como sus padres, fallaron como un arco engañoso; con sus altozanos lo irritaban, con sus ídolos provocaban sus celos.

Dios lo oyó y se indignó, y rechazó totalmente a Israel; abandonó su morada de Silo, la tienda en que habitaba con los hombres; abandonó sus valientes al cautiverio, su orgullo a las manos enemigas; entregó su pueblo a la espada, encolerizado contra su heredad; el fuego devoraba a los jóvenes, y las novias ya no tenían cantos; los sacerdotes caían a espada, y sus viudas no los lloraban.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Los hizo llegar el Señor hasta el monte que su diestra había adquirido.

Ant 3. Escogió a la tribu de Judá y eligió a David, su siervo, para pastorear a Israel, su heredad.

Salmo 77

Pero el Señor se despertó como de un sueño, como un soldado vencido por el vino: hirió al enemigo en la espalda, infligiéndole una derrota perdurable.

Repudió las tiendas de José, no escogió la tribu de Efraím; escogió la tribu de Judá y el monte Sión, su preferido.

Construyó su santuario como el cielo, como a la tierra lo cimentó para siempre.

Escogió a David, su siervo, lo sacó de los apriscos del rebaño; de andar tras las ovejas, lo llevó a pastorear a su pueblo Jacob, a Israel, su heredad.

Los pastoreó con corazón íntegro, los guiaba con mano inteligente.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Escogió a la tribu de Judá y eligió a David, su siervo, para pastorear a Israel, su heredad.

Versículo

V. El Señor anuncia su palabra a Jacob.
R. Sus decretos y mandatos a Israel.

Primera lectura

Del libro del profeta Isaías 44, 1-8. 21-23

Promesas de redención de Israel

Escucha, Jacob, siervo mío; Israel, mi elegido: Así dice el Señor que te hizo, que te formó en el seno y te auxilia:

«No temas, siervo mío, Jacob, mi amado, mi elegido; voy a derramar agua sobre lo sediento y torrentes en el páramo; voy a derramar mi aliento sobre tu estirpe y mi bendición sobre tus vástagos. Crecerán como hierba junto a la fuente, como sauces junto a las acequias. Uno dirá: «Soy del Señor»; otro se pondrá el nombre de Jacob; uno se tatuará en el brazo: «Del Señor», y se apellidará Israel.»

Así dice el Señor, Rey de Israel, su redentor, el Señor de los ejércitos:

«Yo soy el primero y yo soy el último; fuera de mí no hay dios. ¿Quién se parece a mí? Que se levante y hable, que lo explique y me lo exponga. ¿Quién anunció de antemano el porvenir, quién nos predice lo que ha de suceder? No temáis, no tembléis: ¿no lo anuncié y lo predije por adelantado? Vosotros sois testigos: ¿hay un dios fuera de mí? No existe roca que yo no conozca.

Acuérdate de esto, Jacob; de que eres mi siervo, Israel. Yo te formé, siervo mío eres, Israel, no te olvidaré. He disipado como niebla tus rebeliones, como nube tus pecados: vuelve a mí, que yo soy tu redentor.»

Aclamad, cielos, porque el Señor ha actuado; vitoread, simas de la tierra; romped en aclamaciones, montañas, y tú, bosque, con todos tus árboles; porque el Señor ha redimido a Jacob y se gloría de Israel.

Responsorio Is 40, 9

R. Súbete a un monte elevado, heraldo de Sión; di a las ciudades de Judá: «Aquí está vuestro Dios.»

V. Alza fuerte la voz, heraldo de Jerusalén.
R. Di a las ciudades de Judá: «Aquí está vuestro Dios.»

Segunda lectura

De los Sermones de san Agustín, obispo

La verdad brota de la tierra y la justicia mira desde el cielo

Despierta, hombre: por ti Dios se hizo hombre. Despierta, tú que duermes, surge de entre los muertos; y Cristo con su luz te alumbrará. Te lo repito: por ti Dios se hizo hombre.

Estarías muerto para siempre, si él no hubiera nacido en el tiempo. Nunca hubieras sido librado de la carne del pecado, si él no hubiera asumido una carne semejante a la del pecado. Estarías condenado a una miseria eterna, si no hubieras recibido tan gran misericordia. Nunca hubieras vuelto a la vida, si él no se hubiera sometido voluntariamente a tu muerte. Hubieras perecido, si él no te hubiera auxiliado. Estarías perdido sin remedio, si él no hubiera venido a salvarte.

Celebremos, pues, con alegría la venida de nuestra salvación y redención. Celebremos este día de fiesta, en el cual el grande y eterno Día, engendrado por el que también es grande y eterno Día, vino al día tan breve de esta nuestra vida temporal.

Él se ha hecho para nosotros justicia, santificación y redención. y así -como dice la Escritura- «el que se gloría que se gloríe en el Señor.»

La verdad brota, realmente, de la tierra, pues Cristo, que dijo: Yo soy la verdad, nació de la Virgen. Y la justicia mira desde el cielo, pues nadie es justificado por sí mismo, sino por su fe en aquel que por nosotros ha nacido. La verdad brota de la tierra, porque la Palabra se hizo carne. Y la justicia mira desde el cielo, porque toda dádiva preciosa y todo don perfecto provienen de arriba. La verdad brota de la tierra, es decir, la carne de Cristo es engendrada en María. Y la justicia mira desde el cielo, porque nadie puede apropiarse nada, si no le es dado del cielo.

Ya que hemos recibido la justificación por la fe, estamos en paz con Dios, porque la justicia y la paz se besan. Por medio de nuestro Señor Jesucristo, porque la verdad brota de la tierra. Por él hemos obtenido el acceso a esta gracia en que estamos: y nos gloriamos apoyados en la esperanza de la gloria de Dios. Fíjate que no dice «nuestra gloria», sino la gloria de Dios, porque la justicia no procede de nosotros, sino que mira desde el cielo. Por ello el que se gloría que se gloríe no en sí mismo, sino en el Señor.

Por eso también, cuando el Señor nació de la Virgen, los ángeles entonaron este himno: Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor.

¿Cómo vino la paz a la tierra? Sin duda porque la verdad brota de la tierra, es decir, Cristo nace de María. Él es nuestra paz, él ha hecho de los dos pueblos una sola cosa, para que todos seamos hombres de buena voluntad, unidos unos a los otros con el suave vínculo de la unidad. Alegrémonos, pues, por este don, para que nuestra gloria sea el testimonio que nos da nuestra conciencia; y así nos gloriaremos en el Señor, y no en nosotros. Por eso dice el salmista: Tú eres mi gloria, tú mantienes alta mi cabeza.

¿Qué mayor gracia pudo hacernos Dios? Teniendo un Hijo único lo hizo Hijo del hombre, para que el hijo del hombre se hiciera hijo de Dios.

Busca dónde está tu mérito, busca de dónde procede, busca cuál es tu justicia: y verás que no puedes encontrar otra cosa que no sea pura gracia de Dios.

Responsorio Is 11, 1. 5. 2

R. Saldrá un renuevo del tronco de Jesé, y de su raíz brotará un vástago. La justicia será el ceñidor de su cintura, y la lealtad el cinturón de sus caderas.

V. Sobre él se posará el espíritu del Señor: espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de fortaleza.
R. La justicia será el ceñidor de su cintura, y la lealtad el cinturón de sus caderas.

Oremos,
Jesús, Señor nuestro, ven pronto, no tardes más, para que se reanimen con tu venida los que confían en tu amor. Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo y eres Dios, por los siglos de los siglos. Amén

Conclusión

V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.