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Oficio de lectura – viernes 16 diciembre 2022

Oficio de Lectura

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Himno

Verbo que del cielo bajas, Luz del Padre que, naciendo, socorres al mundo mísero con el correr de los tiempos:

Ilumina el corazón, quema de amor nuestro pecho, y borren tus enseñanzas tantos deslices y yerros, para que, cuando regreses como juez de nuestros hechos, castigues el mal oculto y corones a los buenos.

Que la maldad no nos lance por nuestras culpas al fuego, más felices moradores nos veamos en tu reino.

A Dios Padre y a su Hijo gloria y honor tributemos, y al Espíritu Paráclito, por los siglos sempiternos. Amén.

Salmodia

Ant 1. Estoy agotado de gritar y de tanto aguardar a mi Dios.

Salmo 68 Lamentación y plegaria de un fiel desolado

Dios mío, sálvame, que me llega el agua al cuello: me estoy hundiendo en un cieno profundo y no puedo hacer pie; he entrado en la hondura del agua, me arrastra la corriente.

Estoy agotado de gritar, tengo ronca la garganta; se me nublan los ojos de tanto aguardar a mi Dios.

Más que los cabellos de mi cabeza son los que me odian sin razón; más duros que mis huesos, los que me atacan injustamente.
¿Es que voy a devolver lo que no he robado?

Dios mío, tú conoces mi ignorancia, no se te ocultan mis delitos.
Que por mi causa no queden defraudados los que esperan en ti, Señor de los ejércitos.

Que por mi causa no se avergüencen los que te buscan, Dios de Israel.
Por ti he aguantado afrentas, la vergüenza cubrió mi rostro.
Soy un extraño para mis hermanos, un extranjero para los hijos de mi madre; porque me devora el celo de tu templo, y las afrentas con que te afrentan caen sobre mí.

Cuando me aflijo con ayunos, se burlan de mí; cuando me visto de saco, se ríen de mí; sentados a la puerta murmuran, mientras beben vino me cantan burlas.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Estoy agotado de gritar y de tanto aguardar a mi Dios.

Ant 2. En mi comida me echaron hiel, para mi sed me dieron vinagre.

Salmo 68

Pero mi oración se dirige a ti, Dios mío, el día de tu favor; que me escuche tu gran bondad, que tu fidelidad me ayude: arráncame del cieno, que no me hunda; líbrame de los que me aborrecen, y de las aguas sin fondo.

Que no me arrastre la corriente, que no me trague el torbellino, que no se cierre la poza sobre mí.

Respóndeme, Señor, con la bondad de tu gracia, por tu gran compasión vuélvete hacia mí; no escondas tu rostro a tu siervo: estoy en peligro, respóndeme en seguida.

Acércate a mí, rescátame, líbrame de mis enemigos: estás viendo mi afrenta, mi vergüenza y mi deshonra; a tu vista están los que me acosan.

La afrenta me destroza el corazón, y desfallezco.
Espero compasión, y no la hay; consoladores, y no los encuentro.
En mi comida me echaron hiel, para mi sed me dieron vinagre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. En mi comida me echaron hiel, para mi sed me dieron vinagre.

Ant 3. Buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.

Salmo 68

Yo soy un pobre malherido; Dios mío, tu salvación me levante.
Alabaré el nombre de Dios con cantos, proclamaré su grandeza con acción de gracias; le agradará a Dios más que un toro, más que un novillo con cuernos y pezuñas.

Miradlo los humildes, y alegraos, buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.
Que el Señor escucha a sus pobres, no desprecia a sus cautivos.
Alábenlo el cielo y la tierra, las aguas y cuanto bulle en ellas.

El Señor salvará a Sión, reconstruirá las ciudades de Judá, y las habitarán en posesión.

La estirpe de sus siervos la heredará, los que aman su nombre vivirán en ella.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.

Versículo

V. Derrama, Señor, tu misericordia sobre nosotros.
R. Danos tu salvación, según tu promesa.

Primera lectura

Del libro del profeta Miqueas 7, 14-20

La salvación consiste en el perdón de las culpas

Pastorea a tu pueblo con el cayado, a las ovejas de tu heredad, a las que habitan apartadas en la maleza, en medio del Carmelo. Pastarán en Basán y Galaad, como en tiempos antiguos; como cuando saliste de Egipto y te mostraba mis prodigios.
Los pueblos verán y se avergonzarán con toda su fortaleza. Se llevarán la mano a la boca, y se taparán los oídos. Morderán el polvo como serpientes, como gusanos de la tierra. Temblando saldrán de sus baluartes, vendrán a adorar al Señor y te temerán a ti.

¿Qué Dios hay como tú, que perdonas el pecado y absuelves la culpa al resto de tu heredad? No mantendrá por siempre la ira, pues se complace en la misericordia. Volverá a compadecerse y extinguirá nuestras culpas, arrojará al fondo del mar todos nuestros delitos. Serás fiel a Jacob, piadoso con Abraham, como juraste a nuestros padres en tiempos remotos.

Responsorio Mi 7, 19; Hch 10, 43

R. Nuestro Dios volverá a compadecerse, extinguirá nuestras culpas y arrojará al fondo del mar todos nuestros delitos.

V. Todos los profetas aseguran que cuantos tengan fe en él recibirán por su nombre el perdón de sus pecados.
R. Extinguirá nuestras culpas y arrojará al fondo del mar todos nuestros delitos.

Segunda lectura

De los Comentarios de san Agustín, obispo, sobre los salmos

Tú mismo deseo es tu oración

Rugía debido a los gemidos de mi corazón. Hay un gemido oculto que no puede ser oído por el hombre; pero, si el corazón está invadido por un deseo tan ardiente que la herida del hombre interior llegue a expresarse con voz más clara, entonces se investiga la causa y el hombre dice dentro de sí: «Tal vez gime por esto o tal vez le sucedió esto otro.» Pero ¿Quién puede comprender estos gemidos sino aquel ante cuyos ojos y oídos gime? Por eso dice: Rugía debido a los gemidos de mi corazón, porque, si bien los hombres pueden oír los gemidos de un hombre, frecuentemente lo que oyen son los gemidos de la carne, pero no oyen al que gime en su corazón.

Y ¿quién conoce el motivo de estos gemidos? Escucha: Todas mis ansias están en tu presencia. Por tanto, nuestros gemidos no están delante de los hombres, que no pueden ver el corazón, sino que todas mis ansias están en tu presencia. Que tu deseo esté siempre ante él; y el Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

Tú mismo deseo es tu oración; si el deseo es continuo, la oración es continua. No en vano dijo el Apóstol: Orad sin cesar. Pero ¿acaso nos arrodillamos, nos postramos y levantamos las manos sin interrupción, y por eso dice: Orad sin cesar? Si decimos que sólo podemos orar así, creo que es imposible orar sin cesar.

Existe otra oración interior y continua, que es el deseo. Aunque hagas cualquier otra cosa, si deseas el reposo en Dios, no interrumpes la oración. Si no quieres dejar de orar, no interrumpas el deseo.

Tu deseo continuo es tu voz, es decir, tu oración continua. Callas si dejas de amar. ¿Quiénes callaron? Aquellos de quienes se dijo: Por exceso de la maldad se apagará el fervor de la caridad en muchos.

El frío de la caridad es el silencio del corazón, y el fuego de la caridad es el clamor del corazón. Si la caridad permanece siempre, clamas siempre; si clamas siempre, siempre deseas; si deseas, te acuerdas del reposo eterno. Todas mis ansias están en tu presencia. ¿Qué sucedería si nuestras ansias estuvieran delante de Dios y no lo estuvieran nuestros gemidos? ¿Acaso esto es posible, siendo así que el gemido es la voz de nuestras ansias?

Por esto añade: Y no se te ocultan mis gemidos. Para ti no están ocultos, para muchos hombres lo están. A veces parecería que el humilde servidor de Dios dice: Y no se te ocultan mis gemidos. Otras veces observamos que sonríe; ¿será acaso porque aquel deseo ha muerto en su corazón? Si subsiste el deseo, también subsiste el gemido; no siempre llega a los oídos de los hombres, pero nunca se aparta de los oídos de Dios.

Responsorio

R. Al caminar por las sendas de Cristo, cantemos mientras llegamos a la meta de nuestra peregrinación, para mantener vivos nuestros deseos. Si alguno desea con ardor, aunque haga callar su lengua, su corazón cantará.

V. Pero el que no tiene deseos, aunque aturda con sus clamores los oídos de los hombres, está mudo para Dios.
R. Si alguno desea con ardor, aunque haga callar su lengua, su corazón cantará.

Oración.

Que tu gracia, Señor, nos prepare y nos acompañe siempre a los que esperamos anhelantes la venida de tu Hijo, a fin de que obtengamos los auxilios necesarios para la vida presente y para llegar con felicidad a la futura. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
Amén

Conclusión

V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.