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Oficio de lectura – viernes 20 mayo 2022

Oficio de Lectura

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno

Esta mujer no quiso tomar varón ni darle su ternura, selló su compromiso
con otro amor que dura sobre el amor de toda criatura.

Y tanto se apresura a zaga de la huella del Amado, que en él se transfigura, y el cuerpo anonadado ya está por el amor resucitado.

Aquí la Iglesia canta la condición futura de la historia, y el cuerpo se adelanta en esta humilde gloria a la consumación de su victoria.

Mirad los regocijos de la que por estéril sollozaba y se llenó de hijos,
porque el Señor miraba la pequeñez humilde de su esclava. Amén.

Salmodia

Ant 1. Virgen ilustre, sensata, prudente en tu decisión, tienes como esposo del alma al Verbo inmaculado. Aleluya.

Salmo 18

El cielo proclama la gloria de Dios, el firmamento pregona la obra de sus manos: el día al día le pasa el mensaje, la noche a la noche se lo murmura.

Sin que hablen, sin que pronuncien, sin que resuene su voz, a toda la tierra alcanza su pregón y hasta los límites del orbe su lenguaje.

Allí le ha puesto su tienda al sol: él sale como el esposo de su alcoba,
contento como un héroe, a recorrer su camino.

Asoma por un extremo del cielo, y su órbita llega al otro extremo: nada se libra de su calor.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant: Virgen ilustre, sensata, prudente en tu decisión, tienes como esposo del alma al Verbo inmaculado. Aleluya.

Ant: Por amor a mi Señor Jesucristo, tuve en nada los bienes de este mundo y del tiempo presente. Aleluya.

Salmo 44 – I: Las nupcias del rey

Me brota del corazón un poema bello, recito mis versos a un rey; mi lengua es ágil pluma de escribano.

Eres el más bello de los hombres, en tus labios se derrama la gracia, el Señor te bendice eternamente.

Cíñete al flanco la espada, valiente: es tu gala y tu orgullo; cabalga victorioso por la verdad y la justicia, tu diestra te enseñe a realizar proezas. Tus flechas son agudas, los pueblos se te rinden, se acobardan los enemigos del rey.

Tu trono, oh Dios, permanece para siempre, cetro de rectitud es tu cetro real; has amado la justicia y odiado la impiedad: por eso el Señor, tu Dios, te ha ungido con aceite de júbilo entre todos tus compañeros.

A mirra, áloe y acacia huelen tus vestidos, desde los palacios de marfiles te deleitan las arpas. Hijas de reyes salen a tu encuentro, de pie a tu derecha está la reina, enjoyada con oro de Ofir.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant: Por amor a mi Señor Jesucristo, tuve en nada los bienes de este mundo y del tiempo presente. Aleluya.

Ant: Prendado está el rey de tu belleza, él es tu Señor y tu Dios. Aleluya.

Salmo 44

Escucha, hija, mira: inclina el oído, olvida tu pueblo y la casa paterna; prendado está el rey de tu belleza: póstrate ante él, que él es tu señor. La ciudad de Tiro viene con regalos, los pueblos más ricos buscan tu favor.

Ya entra la princesa, bellísima, vestida de perlas y brocado; la llevan ante el rey, con séquito de vírgenes, la siguen sus compañeras: las traen entre alegría y algazara, van entrando en el palacio real.

«A cambio de tus padres tendrás hijos, que nombrarás príncipes por toda la tierra.»

Quiero hacer memorable tu nombre por generaciones y generaciones, y los pueblos te alabarán por los siglos de los siglos.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant: Prendado está el rey de tu belleza, él es tu Señor y tu Dios. Aleluya.

Versiculo

V/. Me enseñarás el sendero de la vida. Aleluya.
R/. Me saciarás de gozo en tu presencia. Aleluya.

Lectura

V/. Me enseñarás el sendero de la vida. Aleluya.
R/. Me saciarás de gozo en tu presencia. Aleluya.

La virginidad cristiana 1Co 7,25-40
Hermanos: Respecto al celibato no tengo órdenes del Señor, sino que doy mi parecer como hombre de fiar que soy, por la misericordia del Señor. Estimo que es un bien por la necesidad actual: quiero decir que es un bien vivir así.
¿Estás unido a una mujer? No busques la separación. ¿Estás libre? No busques mujer; aunque, si te casas, no haces mal; y, si una soltera se casa, tampoco hace mal. Pero estos tales sufrirán la tribulación de la carne. Yo respeto vuestras razones.
Digo esto, hermanos: que el momento es apremiante. Queda como solución que los que tienen mujer vivan como si no la tuvieran; los que lloran, como si no lloraran; los que están alegres, como si no lo estuvieran; los que compran, como si no poseyeran; los que negocian en el mundo, como si no disfrutaran de él: porque la presentación de este mundo se termina.
Quiero que os ahorréis preocupaciones: el célibe se preocupa de los asuntos del Señor, buscando contentar al Señor; en cambio, el casado se preocupa de los asuntos del mundo, buscando contentar a su mujer, y anda dividido. Lo mismo, la mujer sin marido y la soltera se preocupan de los asuntos del Señor, consagrándose a ellos en cuerpo y alma; en cambio, la casada se preocupa de los asuntos del mundo, buscando contentar a su marido. Os digo todo esto para vuestro bien, no para poneros una trampa, sino para induciros a una cosa noble y al trato con el Señor sin preocupaciones.
Si, a pesar de todo, alguien cree faltar a la conveniencia respecto de su doncella, por estar en la flor de su edad, y conviene proceder así, haga lo que quiera, no hacen mal; cásense. Mas el que permanece firme en su corazón, y sin presión alguna y en pleno uso de su libertad está resuelto en su interior a guardar a su doncella, hará bien. Así, pues, el que casa a su doncella obra bien. Y el que no la casa obra mejor.
La mujer está ligada a su marido mientras él viva; más, una vez muerto el marido, queda libre para casarse con quien quiera, pero en el Señor. Sin embargo, será más feliz si permanece así según mi consejo; que yo también creo tener el Espíritu de Dios.

R/. Prendado está el Rey de tu belleza, obra de sus manos; él es tu Dios y tu Rey. Tu Rey es al mismo tiempo tu Esposo (T.P.: Aleluya.) Aleluya.

V/. Has tomado por esposo al Rey y Dios; él te ha dotado, él te ha engalanado, te ha redimido, te ha santificado.
R/. Tu Rey es al mismo tiempo tu Esposo Aleluya.

Segunda Lectura

Del Tratado de san Cipriano, obispo y mártir, Sobre el comportamiento de las vírgenes

(Núms. 3-4. 22. 23: CSEL 3, 189-190. 202-204)

Nos dirigimos ahora a las vírgenes, ya que su estado, por más glorioso, es por eso mismo más acreedor a nuestra atención. Ellas son las flores de la Iglesia, honor y obra de la gracia espiritual, esplendor de la naturaleza, obra perfecta e incorrupta de loor y gloria, imagen de Dios que responde a la santidad del Señor, porción la más ilustre del rebaño de Cristo. A causa de ellas se alegra, y en ellas florece ampliamente, la gloriosa fecundidad de la madre Iglesia, y su gozo crece en proporción del número creciente de vírgenes. A ellas nos dirigimos, exhortándolas, más con nuestro afecto que con nuestra autoridad; y, conscientes de nuestra pequeñez e insignificancia, no es que queramos reprender relajación alguna, sino que nuestra superior solicitud para con ellas nos hace ser más cautos por el temor de las acometidas del diablo.

Y no es inútil esta precaución ni vano este temor que se preocupa del camino de la salvación, de la guarda de los preceptos de vida del Señor, con el fin de que las que se han consagrado a Cristo y, apartándose de la concupiscencia de la carne, se han entregado a Dios en cuerpo y alma, completen su obra, que tiene asignada un gran premio, y no se preocupen por engalanarse o agradar a nadie fuera de su Señor, de quien esperan el premio de la virginidad.

Conservad, vírgenes, conservad lo que comenzasteis a ser. Conservad lo que seréis. Os está destinada una gran recompensa, un gran premio por vuestra virtud, el máximo galardón de la castidad. Vosotras habéis empezado a ser lo que seremos todos en el mundo futuro. Vosotras poseéis ya en este mundo la gloria de la resurrección, pasáis por el mundo sin dejaros mancillar por el mundo; perseverando en vuestra castidad y virginidad, sois, como los ángeles de Dios. Permanezca tan sólo y persevere firme e incorrupta vuestra virginidad y, así como empezó con fuerte decisión, persevere hasta el fin, sin buscar el adorno de joyas o vestidos, sino el de las virtudes.

Oigamos lo que dice aquel Apóstol que el Señor llamó su instrumento elegido y al que Dios envió para revelar los mandatos celestiales: El primer hombre -dice-, hecho de tierra, era terreno; el segundo es del cielo. Pues igual que el terreno son los hombres terrenos; igual que el celestial son los hombres celestiales. Nosotros, que somos imagen del hombre terreno; seremos también imagen del hombre celestial. Esta imagen la ha revestido ya la virginidad, la. integridad, la santidad y la verdad.

Responsorio

R. La mujer sin marido y la soltera se preocupan de los asuntos del Señor, consagrándose a ellos en cuerpo y alma. (T. P. Aleluya.)

V. Se consume mi corazón por Dios, mi herencia eterna.

R. Se preocupan de los asuntos del Señor, consagrándose a ellos en cuerpo y alma. (T. P. Aleluya.)

Oración final.

Tú, Señor, que te complaces en habitar en los limpios y sinceros de corazón, por intercesión de santa Santa María Bernarda Bütler , virgen, concédenos vivir de tal manera que merezcamos tenerte siempre entre nosotros. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo…