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Laudes I oración de la mañana I domingo 04 julio 2021

Laudes

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¡Señor, abre mis labios!
¡Y mi boca proclamará tu alabanza!

Salmo 99

¡Alegría de los que entran en el templo!
Pueblo del Señor, rebaño que el guía, venid, adorémosle. Aleluya.

Aclama al Señor tierra entera, servid al Señor con alegría; entrad en su presencia con aclamaciones.
Pueblo del Señor, rebaño que el guía, venid, adorémosle. Aleluya.
Sabed que el Señor es Dios, que él nos hizo y somos suyos, su pueblo y ovejas de su rebaño.
Pueblo del Señor, rebaño que el guía, venid, adorémosle. Aleluya.
Entrad por sus puertas con acción de gracias, por sus atrios con himnos dándole gracias y bendiciendo su nombre.
Pueblo del Señor, rebaño que el guía, venid, adorémosle. Aleluya.
El Señor es bueno, su misericordia es eterna, su fidelidad por todas las edades.
Pueblo del Señor, rebaño que el guía, venid, adorémosle. Aleluya.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.
¡Amén!

Pueblo del Señor, rebaño que el guía, venid, adorémosle. Aleluya.

Himno:

Cristo, el Señor, como la primavera, como una nueva aurora, resucitó.

Cristo, nuestra Pascua, es nuestro rescate, nuestra salvación.

Es grano en la tierra, muerto y florecido, tierno pan de amor.

Se rompió el sepulcro, se movió la roca, y el fruto brotó.

Dueño de la muerte, en el árbol grita su resurrección.

Humilde en la tierra, Señor de los cielos, su cielo nos dio.

Abranse de gozo las puertas del Hombre, que al hombre salvó.

Gloria para siempre al Cordero humilde que nos redimió.

¡Amén!

Salmodia

Bendito el que viene en nombre del Señor.
Salmo 117:
Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia.

Diga la casa de Israel: eterna es su misericordia.

Diga la casa de Aarón: eterna es su misericordia.

Digan los fieles del Señor: eterna es su misericordia.

En el peligro grité al Señor, y me escuchó, poniéndome a salvo.

El Señor está conmigo: no temo; ¿qué podrá hacerme el hombre? El Señor está conmigo y me auxilia, veré la derrota de mis adversarios.

Mejor es refugiarse en el Señor que fiarse de los hombres, mejor es refugiarse en el Señor
que fiarse de los jefes .

Todos los pueblos me rodeaban, en el nombre del Señor los rechacé; me rodeaban cerrando el cerco, en el nombre del Señor los rechacé; me rodeaban como avispas,
ardiendo como fuego en las zarzas, en el nombre del Señor los rechacé.

Empujaban y empujaban para derribarme, pero el Señor me ayudó; el Señor es mi fuerza y mi energía, él es mi salvación.

Escuchad: hay cantos de victoria en las tiendas de los justos: «la diestra del Señor es poderosa, la diestra del Señor es excelsa, la diestra del Señor es poderosa».

No he de morir, viviré para contar las hazañas del Señor. Me castigó, me castigó el Señor,
pero no me entregó a la muerte.

Abridme las puertas del triunfo, y entraré para dar gracias al Señor.

Esta es la puerta del Señor: los vencedores entrarán por ella.

Te doy gracias porque me escuchaste y fuiste mi salvación.

La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente.

Este es el día en que actuó el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo. Señor, danos la salvación; Señor, danos prosperidad.

Bendito el que viene en nombre del Señor, os bendecimos desde la casa del Señor;
el Señor es Dios, él nos ilumina.

Ordenad una procesión con ramos hasta los ángulos del altar.

Tú eres mi Dios, te doy gracias; Dios mío, yo te ensalzo.

Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.
¡Amén!

Bendito el que viene en nombre del Señor.

Cantemos un himno al Señor, nuestro Dios. Aleluya.

Cántico:

Daniel 3,52-57
Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres: a ti gloria y alabanza por los siglos.

Bendito tu nombre, santo y glorioso: a él gloria y alabanza por los siglos.

Bendito eres en el templo de tu santa gloria: a ti gloria y alabanza por los siglos.

Bendito eres sobre el trono de tu reino: a ti gloria y alabanza por los siglos.
Bendito eres tú, que sentado sobre querubines sondeas los abismos:
a ti gloria y alabanza por los siglos.

Bendito eres en la bóveda del cielo: a ti honor y alabanza por los siglos.

Criaturas todas del Señor, bendecid al Señor, ensalzadlo con himnos por los siglos.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.
¡Amén!

Cantemos un himno al Señor, nuestro Dios. Aleluya.

Alabad al Señor por su inmensa grandeza. Aleluya.

Salmo 150

Alabad al Señor en su templo, alabadlo en su fuerte firmamento.

Alabadlo por sus obras magníficas, alabadlo por su inmensa grandeza.

Alabadlo tocando trompetas, alabadlo con arpas y cítaras.

Alabadlo con tambores y danzas, alabadlo con trompas y flautas.

Alabadlo con platillos sonoros, alabadlo con platillos vibrantes.

Todo ser que alienta alabe al Señor.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.
¡Amén!

Alabad al Señor por su inmensa grandeza. Aleluya.

Lectura breve:

Ez 36,25-27
Derramaré sobre vosotros un agua pura que os purificará: de todas vuestras inmundicias e idolatrías os he de purificar; y os daré un corazón nuevo, y os infundiré un espíritu nuevo; arrancaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Os infundiré mi espíritu, y haré que caminéis según mis preceptos, y que guardéis y cumpláis mis mandatos.

Responsorio breve:

Te damos gracias, oh Dios, invocando tu nombre. Te damos gracias, oh Dios, invocando tu nombre. Contando tus maravillas. Invocando tu nombre. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. Te damos gracias, oh Dios, invocando tu nombre.

Cántico evangélico:

La multitud que oía a Jesús se preguntaba asombrada: ¿De dónde saca todo esto? ¿No es este el carpintero, el hijo de María?

Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación en la casa de David, su siervo, según lo había predicho desde antiguo por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos odian; realizando la misericordia que tuvo con nuestros padres, recordando su santa alianza y el juramento que juró a nuestro padre: Abraham.

Para concedernos que, libres de temor, arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia, en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor a preparar sus caminos, anunciando a su pueblo la salvación, el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.
¡Amén!

La multitud que oía a Jesús se preguntaba asombrada: ¿De dónde saca todo esto? ¿No es este el carpintero, el hijo de María?

Preces:

Demos gracias a nuestro Salvador, que ha venido al mundo para ser «Dios con nosotros» y digámosle confiadamente:
Cristo, Rey de la gloria, sé nuestra luz y nuestro gozo.
Señor Jesús, Sol que nace de lo alto y primicia de la resurrección futura, haz que, siguiéndote a ti, no vivamos nunca en sombra de muerte, sino que tengamos siempre la luz de la vida.
Cristo, Rey de la gloria, sé nuestra luz y nuestro gozo.
Que sepamos descubrir, Señor, cómo todas las criaturas están llenas de tus perfecciones, para que así, en todas ellas, sepamos contemplarte a ti.
Cristo, Rey de la gloria, sé nuestra luz y nuestro gozo.
No permitas, Señor, que hoy nos dejemos vencer por el mal, antes danos tu fuerza para que venzamos al mal a fuerza de bien.
Cristo, Rey de la gloria, sé nuestra luz y nuestro gozo.
Tú que, al ser bautizado en el Jordán, fuiste ungido con el Espíritu Santo,
asístenos durante este día, para que actuemos movidos por este mismo Espíritu de santidad.
Cristo, Rey de la gloria, sé nuestra luz y nuestro gozo.

Por Jesús nos llamamos y somos hijos de Dios; por ello, nos atrevemos a decir:

Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo; danos, hoy, nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden, no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal.

Oración final:

Oh Dios, que por medio de la humillación de tu Hijo levantaste a la humanidad caída, concede a tus fieles la verdadera alegría, para que quienes han sido librados de la esclavitud del pecado alcancen también la felicidad eterna.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

¡Amén!

El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal, y nos lleve a la vida eterna.
¡Amén!

Salve, Reina de los Cielos y Señora de los Ángeles; salve raíz, salve puerta que dio paso a nuestra luz; alégrate, Virgen Gloriosa, entre todas la más bella; salve, Agraciada Doncella, ruega a Cristo por nosotros.

¡Amén!

 

 

 

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