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Laudes I oración de la mañana I jueves 24 junio 2021

Laudes

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¡Señor, abre mis labios!
¡Y mi boca proclamará tu alabanza!

Salmo 66:

¡Qué todos los pueblos alaben al Señor!
Venid, adoremos al Cordero de Dios, a quien Juan mostró con alegría.

El Señor tenga piedad y nos bendiga, ilumine su rostro sobre nosotros; conozca la tierra tus caminos, todos los pueblos tu salvación.
Venid, adoremos al Cordero de Dios, a quien Juan mostró con alegría.

¡Oh Dios!, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben.
Venid, adoremos al Cordero de Dios, a quien Juan mostró con alegría.

Que canten de alegría las naciones, porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud y gobiernas las naciones de la tierra.
Venid, adoremos al Cordero de Dios, a quien Juan mostró con alegría.

¡Oh Dios!, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben.
Venid, adoremos al Cordero de Dios, a quien Juan mostró con alegría.

La tierra ha dado su fruto, nos bendice el Señor, nuestro Dios. Que Dios nos bendiga; que le teman hasta los confines del orbe.
Venid, adoremos al Cordero de Dios, a quien Juan mostró con alegría.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.
¡Amén!

Venid, adoremos al Cordero de Dios, a quien Juan mostró con alegría.

Himno:

Niño que, antes de nacer, reconoce a su Señor y da saltos de placer
bien puede llegar a ser su profeta y precursor.

Su nombre será san Juan, su morada, los desiertos; langostas serán su pan;
sobre el agua del Jordán, verá los cielos abiertos.

Otros le vieron lejano y le anunciaron primero; Juan le ve ya tan cercano que va extendiendo su mano y señalando al Cordero.

Está llegando la hora, ocaso de un testamento, pero del nuevo la aurora, con la gracia triunfadora de Juan en el nacimiento.

La ley vieja en él fenece, la de gracia en él apunta; de dónde claro parece que en este niño amanece libertad y gracia junta.

Claro espejo en el Jordán, después que los dos se han visto y abrazos de paz se dan:
resplandece Cristo en Juan, y Juan reverbera en Cristo.

Juan a Jesús bautizaba, el cielo entero se abría, la voz del Padre sonaba, la Paloma se posaba en gloriosa teofanía.

Nunca se podrá acallar la voz que habló en el desierto, aunque le hayan de cortar
la cabeza; estará muerto, más no dejará de hablar.

Gloria al Padre muy amado, gloria al Hijo Salvador, que nos libra del pecado, y gloria al que él ha enviado, al Espíritu de Amor.

¡Amén!

Salmodia

Le pondrán por nombre Juan, y muchos se alegrarán de su nacimiento.
Salmo 62,2-9:
Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo, mi alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansia de ti, como tierra reseca, agostada, sin agua.

¡Cómo te contemplaba en el santuario viendo tu fuerza y tu gloria!
Tu gracia vale más que la vida, te alabarán mis labios.

Toda mi vida te bendeciré y alzaré las manos invocándote. Me saciaré como de enjundia y de manteca, y mis labios te alabarán jubilosos.

En el lecho me acuerdo de ti y velando medito en ti, porque fuiste mi auxilio,
y a la sombra de tus alas canto con júbilo;
mi alma está unida a ti,
y tu diestra me sostiene.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.
¡Amén!

Le pondrán por nombre Juan, y muchos se alegrarán de su nacimiento.

Irá delante del Señor, con el espíritu y poder de Elías, preparando para el Señor un pueblo bien dispuesto.

Cántico:

Daniel 3, 57-88.56
Criaturas todas del Señor, bendecid al Señor, ensalzadlo con himnos por los siglos.

Ángeles del Señor, bendecid al Señor; cielos, bendecid al Señor.

Aguas del espacio, bendecid al Señor; ejércitos del Señor, bendecid al Señor.

Sol y luna, bendecid al Señor; astros del cielo, bendecid al Señor.

Lluvia y rocío, bendecid al Señor; vientos todos, bendecid al Señor.

Fuego y calor, bendecid al Señor; fríos y heladas, bendecid al Señor.

Rocíos y nevadas, bendecid al Señor; témpanos y hielos, bendecid al Señor.

Escarchas y nieves, bendecid al Señor; noche y día, bendecid al Señor.

Luz y tinieblas, bendecid al Señor; rayos y nubes, bendecid al Señor.

Bendiga la tierra al Señor, ensálcelo con himnos por los siglos.

Montes y cumbres, bendecid al Señor; cuanto germina en la tierra, bendiga al Señor.

Manantiales, bendecid al Señor; mares y ríos, bendecid al Señor.

Cetáceos y peces, bendecid al Señor; aves del cielo, bendecid al Señor.

Fieras y ganados, bendecid al Señor, ensalzadlo con himnos por los siglos.

Hijos de los hombres, bendecid al Señor bendiga Israel al Señor.

Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor; siervos del Señor, bendecid al Señor.

Almas y espíritus justos, bendecid al Señor; santos y humildes de corazón, bendecid al Señor.

Ananías, Azarías y Misael, bendecid al Señor, ensalzadlo con himnos por los siglos.

Bendigamos al Padre y al Hijo con el Espíritu Santo, ensalcémoslo con himnos por los siglos.

Bendito el Señor en la bóveda del cielo, alabado y glorioso y ensalzado por los siglos.

Irá delante del Señor, con el espíritu y poder de Elías, preparando para el Señor un pueblo bien dispuesto.

A ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor a preparar sus caminos.

Salmo 149:

Cantad al Señor un cántico nuevo, resuene su alabanza en la asamblea de los fieles;
que se alegre Israel por su Creador, los hijos de Sión por su Rey.

Alabad su nombre con danzas, cantadle con tambores y cítaras; porque el Señor ama a su pueblo y adorna con la victoria a los humildes.

Que los fieles festejen su gloria y canten jubilosos en filas: con vítores a Dios en la boca
y espadas de dos filos en las manos.

Para tomar venganza de los pueblos y aplicar el castigo a las naciones, sujetando a los reyes con argollas, a los nobles con esposas de hierro.

Ejecutar la sentencia dictada es un honor para todos sus fieles.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.
¡Amén!

A ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor a preparar sus caminos.

Lectura breve:

Ml 3,23-24
Mirad: os enviaré al profeta Elías antes de que llegue el día del Señor, grande y terrible. Convertirá el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, para que no tenga que venir yo a destruir la tierra.

Responsorio breve:

Será grande a los ojos del Señor, y se llenará del Espíritu Santo.
Será grande a los ojos del Señor, y se llenará del Espíritu Santo.
Irá delante del Señor, preparándole un pueblo bien dispuesto.
Y se llenará del Espíritu Santo.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Será grande a los ojos del Señor, y se llenará del Espíritu Santo.

Cántico evangélico:

A Zacarías se le soltó la boca y profetizó, diciendo: Bendito sea el Dios de Israel.

Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación en la casa de David, su siervo, según lo había predicho desde antiguo por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos odian; realizando la misericordia que tuvo con nuestros padres, recordando su santa alianza y el juramento que juró a nuestro padre: Abraham.

Para concedernos que, libres de temor, arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia, en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor a preparar sus caminos, anunciando a su pueblo la salvación, el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.
¡Amén!

A Zacarías se le soltó la boca y profetizó, diciendo: Bendito sea el Dios de Israel.

Preces:

Acudamos confiadamente a Cristo, que envió a su precursor Juan delante de él a preparar sus caminos, y digámosle:
Visítanos, Sol que naces de lo alto.
Tú que hiciste que Juan saltara de gozo en el vientre de Isabel, haz que nos alegremos siempre de tu venida a este mundo.
Visítanos, Sol que naces de lo alto.
Tú, que, por las palabras y obras del Bautista, nos has señalado el camino de la penitencia,
convierte nuestros corazones a la observancia de los mandamientos de tu reino.
Visítanos, Sol que naces de lo alto.
Tú que quisiste ser anunciado por boca de hombre, envía al mundo entero heraldos de tu Evangelio.
Visítanos, Sol que naces de lo alto.
Tú que quisiste ser bautizado por Juan en el Jordán, para que se cumpliera así todo lo que Dios quería, haz que nos esforcemos sinceramente en el cumplimiento de la voluntad divina.
Visítanos, Sol que naces de lo alto.

Por Jesús hemos sido hechos hijos de Dios; por esto, nos atrevemos a decir:

Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo; danos, hoy, nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden, no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal.

Oración final:

Oh Dios, que suscitaste a san Juan Bautista para que preparase a Cristo, el Señor, un pueblo bien dispuesto, concede a tu familia el don de la alegría espiritual y dirige la voluntad de tus hijos por el camino de la salvación y de la paz.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

¡Amén!

El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal, y nos lleve a la vida eterna.
¡Amén!

Dulce Madre, no te alejes; tu vista de nosotros, no apartes; ven con nosotros a todas partes y solos nunca nos dejes, y ya que nos amas tanto, como verdadera madre que eres, haz que nos bendiga el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

¡Amén!

Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación en la casa de David, su siervo, según lo había predicho desde antiguo por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos odian; realizando la misericordia que tuvo con nuestros padres, recordando su santa alianza y el juramento que juró a nuestro padre: Abraham.

Para concedernos que, libres de temor, arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia, en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor a preparar sus caminos, anunciando a su pueblo la salvación, el perdón de sus pecados. Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.
¡Amén!