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Laudes I oración de la mañana I miércoles 23 junio 2021

Laudes

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¡Señor, abre mis labios!
¡Y mi boca proclamará tu alabanza!

Salmo 99

¡Alegría de los que entran en el templo!
Aclama al Señor, tierra entera, servid al Señor con alegría.

Aclama al Señor tierra entera, servid al Señor con alegría; entrad en su presencia con aclamaciones.
Aclama al Señor, tierra entera, servid al Señor con alegría.
Sabed que el Señor es Dios, que él nos hizo y somos suyos, su pueblo y ovejas de su rebaño.
Aclama al Señor, tierra entera, servid al Señor con alegría.
Entrad por sus puertas con acción de gracias, por sus atrios con himnos dándole gracias y bendiciendo su nombre.
Aclama al Señor, tierra entera, servid al Señor con alegría.
El Señor es bueno, su misericordia es eterna, su fidelidad por todas las edades.
Aclama al Señor, tierra entera, servid al Señor con alegría.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.
¡Amén!

Aclama al Señor, tierra entera, servid al Señor con alegría.

Himno:

Al retornar este día, con voz alegre y canora, celebrando al Redentor, cantemos de Dios la gloria.

Por Cristo, el Creador inmenso hizo la noche y la aurora, con inmóvil ley fijando la sucesión de las horas.

La luz eterna eres tú, la antigua ley perfeccionas, y no conoces crepúsculo, y no te apagan las sombras.

Concédenos, Padre eterno, que vivamos hoy con loa, con que agrademos a Cristo, si tu Espíritu nos colma.

¡Amén!

Salmodia

Dios mío, mi corazón está firme.
Salmo 107:
Dios mío, mi corazón está firme, para ti cantaré y tocaré, gloria mía. Despertad, cítara y arpa, despertaré a la aurora.

Te daré gracias ante los pueblos, Señor, tocaré para ti ante las naciones: por tu bondad, que es más grande que los cielos; por tu fidelidad, que alcanza a las nubes.

Elévate sobre el cielo, Dios mío, y llene la tierra tu gloria; para que se salven tus predilectos, que tu mano salvadora nos responda.

Dios habló en su santuario: Triunfante, ocuparé Siquén, parcelaré el valle de Sucot.

Mío es Galaad, mío Manasés, Efraín es yelmo de mi cabeza, Judá es mi cetro.

Moab, una jofaina para lavarme, sobre Edom echo mi sandalia, sobre Filistea canto victoria.

Pero, ¿quién me guiará a la plaza fuerte, quién me conducirá a Edom, si tú, oh Dios, nos has rechazado y no sales ya con nuestras tropas?

Auxílianos contra el enemigo, que la ayuda del hombre es inútil; con Dios haremos proezas, él pisoteará a nuestros enemigos.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.
¡Amén!

Dios mío, mi corazón está firme.

El Señor me ha vestido un traje de gala y de triunfo.

Cántico:

Isaías 61,10-62,5

Desbordo de gozo con el Señor, y me alegro con mi Dios: porque me ha vestido un traje de gala y me ha envuelto en un manto de triunfo, como novio que se pone la corona, o novia que se adorna con sus joyas.

Como el suelo echa sus brotes, como un jardín hace brotar sus semillas, así el Señor hará brotar la justicia y los himnos ante todos los pueblos.

Por amor de Sión no callaré, por amor de Jerusalén no descansaré, hasta que rompa la aurora de su justicia, y su salvación llamé como antorcha.

Los pueblos verán tu justicia, y los reyes tu gloria; te pondrán un nombre nuevo pronunciado por la boca del Señor.

Serás corona fúlgida en la mano del Señor y diadema real en la palma de tu Dios.

Ya no te llamarán: abandonada, ni a tu tierra: devastada; a ti te llamarán: mi favorita,
y a tu tierra: desposada, porque el Señor te prefiere a ti, y tu tierra tendrá marido.

Como un joven se casa con su novia, así te desposa el que te construyó; la alegría que encuentra el marido con su esposa, la encontrará tu Dios contigo.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.
¡Amén!

El Señor me ha vestido un traje de gala y de triunfo.

Alabaré al Señor mientras viva.

Salmo 145:

Alaba, alma mía, al Señor: alabaré al Señor mientras viva, tañeré para mi Dios mientras exista.

No confiéis en los príncipes, seres de polvo que no pueden salvar; exhalan el espíritu y vuelven al polvo, ese día perecen sus planes.

Dichoso a quien auxilia el Dios de Jacob, el que espera en el Señor, su Dios,
que hizo el cielo y la tierra, el mar y cuanto hay en él.

Que mantiene su fidelidad perpetuamente, que hace justicia a los oprimidos,
que da pan a los hambrientos.

El Señor liberta a los cautivos, el Señor abre los ojos al ciego, el Señor endereza a los que ya se doblan, el Señor ama a los justos.

El Señor guarda a los peregrinos, sustenta al huérfano y a la viuda y trastorna el camino de los malvados.

El Señor reina eternamente, tu Dios, Sión, de edad en edad.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.
¡Amén!

Alabaré al Señor mientras viva.

Lectura breve:

Dt 4,39-40a
Reconoce hoy y medita en tu corazón que el Señor es el único Dios, allá arriba en el cielo, y aquí abajo en la tierra; no hay otro. Guarda los preceptos y mandamientos que yo te prescribo.

Responsorio breve:

Bendigo al Señor en todo momento. Bendigo al Señor en todo momento.
Su alabanza está siempre en mi boca. En todo momento.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. Bendigo al Señor en todo momento.

Cántico evangélico:

Sirvamos con santidad al Señor, todos nuestros días.

Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación en la casa de David, su siervo, según lo había predicho desde antiguo por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos odian; realizando la misericordia que tuvo con nuestros padres, recordando su santa alianza y el juramento que juró a nuestro padre: Abraham.

Para concedernos que, libres de temor, arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia, en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor a preparar sus caminos, anunciando a su pueblo la salvación, el perdón de sus pecados. Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.
¡Amén!

Sirvamos con santidad al Señor, todos nuestros días.

Preces:

Cristo, reflejo de la gloria del Padre, nos ilumina con su palabra; acudamos, pues, a él diciendo:
Rey de la gloria, escúchanos.
Te bendecimos, Señor, que iniciaste y completas nuestra fe,
porque nos llamaste a salir de la tiniebla y a entrar en tu luz maravillosa.
Rey de la gloria, escúchanos.
Tú que abriste los ojos de los ciegos y diste oído a los sordos, ayuda también nuestra falta de fe.
Rey de la gloria, escúchanos.
Haz, Señor, que permanezcamos siempre en tu amor, y que este amor nos guarde fraternalmente unidos.
Rey de la gloria, escúchanos.
Ayúdanos para que resistamos en la tentación, aguantemos en la tribulación y te demos gracias en la prosperidad.
Rey de la gloria, escúchanos.

Dejemos que el Espíritu de Dios, que ha sido derramado en nuestros corazones, se una a nuestro espíritu, para clamar:

Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo; danos, hoy, nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden, no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal.

Oración final:

Recuerda, Señor, tu santa alianza, consagrada con el nuevo sacramento de la sangre del Cordero, para que tu pueblo obtenga el perdón de sus pecados y un aumento constante de salvación.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

¡Amén!

Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios; no desprecies las oraciones que te dirigimos en nuestras necesidades, antes bien, líbranos de todo peligro, oh Virgen gloriosa y bendita.

El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal, y nos lleve a la vida eterna.
¡Amén!