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Vísperas – oración de la tarde – domingo 10 abril 2022

Vísperas

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor date prisa en socorrerme.

Himno

Llevaba roja la túnica y enrojecido el cabello. ¿De dónde, con pies sangrantes,
avanzas tú, Lagarero? «Del monte de la batalla y de la victoria vengo; rojo fue mi atardecer, blanco será mi lucero.»
Llevaba roja la túnica, roja de sangre y fuego.

También de blanco le vi el vestido y el aliento; bello como las estrellas, como flor de cardo bello. Rojo como la amapola y blanco como un cordero: carmesíes sus heridas y blancos sus pensamientos.
Llevaba blanca la túnica, blanca de amor y fuego.

Por toda la negra tierra el chorro de sus veneros: sangre preciosa su sangre
que hace blanco el sufrimiento. ¡Oh Cristo, de sangre roja! ¡Oh Cristo, dolor supremo! A ti el clamor de los hombres, en ti nuestros clavos fieros.
Llevaba roja la túnica, roja de sangre y fuego. Amén.

Salmodia

Salmo 109: EL Mesías, Rey y Sacerdote
Ant. Herido y humillado, la diestra de Dios lo exaltó.
Oráculo del Señor a mi Señor: «Siéntate a mi derecha, y haré de tus enemigos
estrado de tus pies.» Desde Sión extenderá el Señor el poder de tu cetro: somete en la batalla a tus enemigos.
«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento, entre esplendores sagrados; yo mismo te engendré, como rocío, antes de la aurora.»
El Señor lo ha jurado y no se arrepiente: «Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec.»
El Señor a tu derecha, el día de su ira, quebrantará a los reyes. En su camino beberá del torrente, por eso levantará la cabeza.
Señor, mis ojos están vueltos a ti, en ti me refugio, no me dejes indefenso; guárdame del lazo que me han tendido, de la trampa de los malhechores.
Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.
Ant. Herido y humillado, la diestra de Dios lo exaltó.

Salmo 113B:

Ant. La sangre de Cristo nos ha purificado, llevándonos al culto del Dios vivo.
No a nosotros, Señor, no a nosotros, sino a tu nombre da la gloria, por tu bondad, por tu lealtad. ¿Por qué han de decir las naciones: «Dónde está su Dios»?
Nuestro Dios está en el cielo, lo que quiere lo hace. Sus ídolos, en cambio, son plata y oro, hechura de manos humanas:
tienen boca, y no hablan; tienen ojos, y no ven; tienen orejas, y no oyen;
tienen nariz, y no huelen; tienen manos, y no tocan; tienen pies, y no andan;
no tiene voz su garganta: que sean igual los que los hacen, cuantos confían en ellos.
Israel confía en el Señor: él es su auxilio y su escudo. La casa de Aarón confía en el Señor: él es su auxilio y su escudo.

los fieles del Señor confían en el Señor: él su auxilio y su escudo.
Que el Señor se acuerde de nosotros y nos bendiga, bendiga a la casa de Israel, bendiga a la casa de Aarón; bendiga a los fieles del Señor, pequeños y grandes.
Que el Señor os acreciente, a vosotros y a vuestros hijos; benditos seáis del Señor, que hizo el cielo y la tierra. El cielo pertenece al Señor, la tierra se la ha dado a los hombres.
Los muertos ya no alaban al Señor, ni los que bajan al silencio.
Nosotros, sí, bendeciremos al Señor ahora y por siempre.
Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.
Ant. La sangre de Cristo nos ha purificado, llevándonos al culto del Dios vivo.

Cántico

Ant. Cargado con nuestros pecados, subió al leño, para que, muertos al pecado, vivamos para la justicia.
Cristo padeció por nosotros, dejándonos un ejemplo para que sigamos sus huellas.
Él no cometió pecado ni encontraron engaño en su boca; cuando lo insultaban, no devolvía el insulto; en su pasión no profería amenazas;
al contrario, se ponía en manos del que juzga justamente.
Cargado con nuestros pecados, subió al leño, para que, muertos al pecado,
vivamos para la justicia. Sus heridas nos han curado.
Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.
Ant. Cargado con nuestros pecados, subió al leño, para que, muertos al pecado, vivamos para la justicia.

Lectura

Hermanos, a vosotros se os ha enviado este mensaje de salvación. Los habitantes de Jerusalén y sus autoridades no reconocieron a Jesús ni entendieron las profecías que se leen los sábados, pero las cumplieron al condenarlo. Aunque no encontraron nada que mereciera la muerte, le pidieron a Pilato que lo mandara ejecutar. Y, cuando cumplieron todo lo que estaba escrito de él, lo bajaron del madero y lo enterraron. Pero Dios lo resucitó de entre los muertos.

Responsorio

R/ Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
V/ Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R/ Porque con tu cruz has redimido al mundo.
V/ Y te bendecimos.
R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

Cántico

Ant. Os aseguro que tiene que cumplirse en mí lo que está escrito: “Fue contado con los malhechores.” Lo que se refiere a mí toca a su fin.
Cántico de María
Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación.
El hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de su misericordia como lo había prometido a nuestros padres en favor de Abraham y su descendencia por siempre.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Os aseguro que tiene que cumplirse en mí lo que está escrito: “Fue contado con los malhechores.” Lo que se refiere a mí toca a su fin.

Preces

Oremos humildemente al Salvador de los hombres, que sube a Jerusalén a sufrir su pasión para entrar así en la gloria, y digámosle:
Santifica, Señor, al pueblo que redimiste con tu sangre.
-Redentor nuestro, concédenos que, por la penitencia, nos unamos más plenamente a tu pasión, para que consigamos la gloria de la resurrección.
-Concédenos la protección de tu Madre, consuelo de los afligidos, para que podamos confortar a los que están atribulados, mediante el consuelo con que tú nos confortas.
-Mira con bondad a aquellos que hemos escandalizado con nuestros pecados,
ayúdalos a ellos y corrígelos a nosotros, para que resplandezca en todo tu santidad y tu amor.
-Tú que te humillaste, haciéndote obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz, enseña a tus fieles a ser obedientes y a tener paciencia.
-Haz que los difuntos sean transformados a semejanza de tu cuerpo glorioso,
y a nosotros danos un día participe en su felicidad.
Concluyamos nuestra súplica con la oración que le mismo Señor nos enseñó:

Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. No nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.

Oración

Dios todopoderoso y eterno, tú quisiste que nuestro Salvador se hiciese hombre y muriese en la cruz, para mostrar al género humano el ejemplo de una vida sumisa a tu voluntad; concédenos que las enseñanzas de su pasión nos sirvan de testimonio, y que un día participemos en su gloriosa resurrección. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
Amén.

Conclusión

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.