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Vísperas I oración de la tarde I domingo 28 noviembre 2021

Vísperas

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Himno

Jesucristo, Palabra del Padre,luz eterna de todo creyente: ven y escucha la súplica ardiente, ven, Señor, porque ya se hace tarde.
Cuando el mundo dormía en tinieblas, en tu amor tú quisiste ayudarlo y trajiste, viniendo a la tierra, esa vida que puede salvarlo.
Ya madura la historia en promesas, sólo anhela tu pronto regreso; si el silencio madura la espera, el amor no soporta el silencio.
Con María, la Iglesia te aguarda con anhelos de esposa y de Madre, y reúne a sus hijos en vela, para juntos poder esperarte.
Cuando vengas, Señor, en tu gloria, que podamos salir a tu encuentro y a tu lado vivamos por siempre, dando gracias al Padre en el reino. Amén

Salmodia

Ant: Anunciad a los pueblos y decidles: «Mirad, viene Dios, nuestro Salvador.»
Salmo 140,1-9: Oración ante el peligro
Señor, te estoy llamando, ven de prisa, escucha mi voz cuando te llamo. Suba mi oración como incienso en tu presencia, el alzar de mis manos como ofrenda de la tarde.
Coloca, Señor, una guardia en mi boca, un centinela a la puerta de mis labios; no dejes inclinarse mi corazón a la maldad, a cometer crímenes y delitos; ni que con los hombres malvados participe en banquetes.
Que el justo me golpee, que el bueno me reprenda, pero que el ungüento del impío no perfume mi cabeza; yo seguiré rezando en sus desgracias.
Sus jefes cayeron despeñados, aunque escucharon mis palabras amables; como una piedra de molino, rota por tierra, están esparcidos nuestros huesos a la boca de la tumba.
Señor, mis ojos están vueltos a ti, en ti me refugio, no me dejes indefenso; guárdame del lazo que me han tendido, de la trampa de los malhechores.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo,

como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant: Anunciad a los pueblos y decidles: «Mirad, viene Dios, nuestro Salvador.»

Salmo 141:

Tú eres mi refugio
Ant: Mirad, el Señor vendrá, y todos sus santos vendrán con él; en aquel día, habrá una gran luz. Aleluya.
A voz en grito clamo al Señor, a voz en grito suplico al Señor; desahogo ante él mis afanes, expongo ante él mi angustia, mientras me va faltando el aliento.
Pero tú conoces mis senderos, y que en el camino por donde avanzo me han escondido una trampa.
Mira a la derecha, fíjate: nadie me hace caso; no tengo adónde huir, nadie mira por mi vida.
A ti grito, Señor; te digo: «Tú eres mi refugio y mi lote en el país de la vida».
Atiende a mis clamores, que estoy agotado; líbrame de mis perseguidores, que son más fuertes que yo.
Sácame de la prisión, y daré gracias a tu nombre: me rodearán los justos cuando me devuelvas tu favor.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant: Mirad, el Señor vendrá, y todos sus santos vendrán con él; en aquel día, habrá una gran luz. Aleluya.
Filipenses 2,6-11: Cristo, Siervo de Dios, en su misterio pascual
Ant: Vendrá el Señor con gran poder, y lo contemplarán todos los hombres.
Cristo, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos.
Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz.
Por eso Dios lo levantó, sobre todo y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame:
Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant: Vendrá el Señor con gran poder, y lo contemplarán todos los hombres.

Lectura

1Ts 5,23-24
Que el mismo Dios de la paz os consagre totalmente, y que todo vuestro espíritu, alma y cuerpo, sea custodiado sin reproche hasta la venida de nuestro Señor Jesucristo. El que os ha llamado es fiel y cumplirá sus promesas.
V/. Muéstranos, Señor, tu misericordia. R/. Muéstranos, Señor, tu misericordia. V/. Danos tu Salvación. R/. Tu misericordia. V/. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo R/. Muéstranos, Señor, tu misericordia.

Cántico Ev.

Ant: Mirad: El Señor viene de lejos y su resplandor ilumina toda la tierra.
(se hace la señal de la cruz mientras se comienza a recitar) Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación.
Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia -como lo había prometido a nuestros padres- en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant: Mirad: El Señor viene de lejos y su resplandor ilumina toda la tierra.

Preces

Invoquemos a Cristo, alegría y júbilo de cuantos esperan su llegada, y digámosle: ¡Ven, Señor, ¡y no tardes más! – Esperamos, alegres, tu venida: ven, Señor Jesús. – Tú que existes antes de los tiempos, ven y salva a los que viven en el tiempo. – Tú que creaste el mundo y a todos los que en él habitan, ven a restaurar la obra de tus manos.
– Tú que no despreciaste nuestra naturaleza mortal, ven y arráncanos del dominio de la muerte. – Tú que viniste para que tuviéramos vida abundante, ven y danos tu vida eterna. – Tú que quieres congregar a todos los hombres en tu reino, ven y reúne a cuantos desean contemplar tu rostro.
Movidos por el Espíritu Santo, dirijamos al Padre la oración que nos enseñó el Señor:
Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden.
No nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.

Final

Dios todopoderoso, aviva en tus fieles, al comenzar el Adviento, el deseo de salir al encuentro de Cristo, que viene, acompañados por las buenas obras, para que, colocados un día a su derecha, merezcan poseer el reino eterno. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
Amén.