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Vísperas – oración de la tarde – jueves 31 marzo 2022

Vísperas

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Himno

Señor, la luz del día ya se apaga, la noche va extendiendo sus tinieblas; alumbra lo más hondo de las almas en este santo tiempo de Cuaresma
Conoces nuestra vida y nuestra historia y sabes que también hemos pecado, por eso hacia ti nos dirigimos confiando que seremos perdonados.
Unidos con la Iglesia recorremos la senda que nos lleva hasta el Calvario, llevando en nuestro cuerpo tus dolores, sufriendo lo que aún no has completado.
Escucha nuestra voz, amado Padre, que, junto con tu Hijo Jesucristo, enviaste tu Espíritu a los hombres, sellando con tu gracia sus destinos. Amén

Salmodia

Ant. 1 Tú eres, Señor, mi bienhechor, y mi refugio donde me pongo a salvo.
Salmo 143

Bendito el Señor, mi Roca, que adiestra mis manos para el combate, mis dedos para la pelea; mi bienhechor, mi alcázar, baluarte donde me pongo a salvo, mi escudo y mi refugio, que me somete los pueblos.
Señor, ¿Qué es el hombre para que te fijes en él? ¿Qué los hijos de Adán para que pienses en ellos? El hombre es igual que un soplo; sus días, como una sombra que pasa.
Señor, inclina tu cielo y desciende, toca los montes, y echarán humo, fulmina el rayo y dispérsalos, dispara tus saetas y desbarátalos.
Extiende la mano desde arriba: defiéndeme, líbrame de las aguas caudalosas,
de la mano de los extranjeros, cuya boca dice falsedades, cuya diestra jura en falso.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. 1 tú eres, Señor, mi bienhechor, y mi refugio donde me pongo a salvo.
Ant. 2 Dichoso el pueblo cuyo Dios es el señor.

Dios mío, te cantaré un cántico nuevo, tocaré para ti el arpa de diez cuerdas: para ti que das la victoria a los reyes, y salvas a David, tu siervo.
Defiéndeme de la espada cruel, sálvame de las manos de extranjeros,
cuya boca dice falsedades, cuya diestra jura en falso.
Sean nuestros hijos un plantío, crecidos desde su adolescencia; nuestras hijas sean columnas talladas, estructura de un templo.
Que nuestros silos estén repletos de frutos de toda especie; que nuestros rebaños a millares se multipliquen en las praderas, y nuestros bueyes vengan cargados, que no haya brechas ni aberturas, ni alarma en nuestras plazas.
Dichoso el pueblo que esto tiene, dichoso el pueblo cuyo Dios es el Señor.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. 2 Dichoso el pueblo cuyo Dios es el señor.
Ant. 3 Ahora se estableció la salud y el reinado de nuestro Dios.

Cántico

Gracias te damos, Señor Dios omnipotente, el que eres y el que eras, porque has asumido el gran poder y comenzaste a reinar.
Se encolerizaron las naciones, llegó tu cólera, y el tiempo de que sean juzgados los muertos, y de dar el galardón a tus siervos los profetas, y a los santos y a los que temen tu nombre, y a los pequeños y a los grandes, y de arruinar a los que arruinaron la tierra.
Ahora se estableció la salud y el poderío, y el reinado de nuestro Dios, y la potestad de su Cristo; porque fue precipitado el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba ante nuestro Dios día y noche.
Ellos le vencieron en virtud de la sangre del Cordero y por la palabra del testimonio que dieron, y no amaron tanto su vida que temieran la muerte. Por esto, estad alegres, cielos, y los que moráis en sus tiendas.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. 3 Ahora se estableció la salud y el reinado de nuestro Dios.
Lectura
Vivid sometidos a Dios. Resistid al diablo y huirá de vosotros. Acercaos a Dios y Él se acercará a vosotros. Pecadores, lavaos las manos; purificad vuestros corazones, gente que obráis con doblez. Humillaos en la presencia del Señor y él os ensalzará.

Responsorio

V. Yo dije: «Señor, ten misericordia»
R. Yo dije: «Señor, ten misericordia»
V. Sáname, porque he pecado contra ti.
R. Señor, ten misericordia
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Yo dije: «Señor, ten misericordia»
Cántico
Ant. «Las obras que hago testifican que el Padre me ha enviado», dice el Señor.

Cántico de la Santísima Virgen María

Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación.
Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de su misericordia como lo había prometido a nuestros padres en favor de Abraham y su descendencia
por siempre.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. «Las obras que hago testifican que el Padre me ha enviado», dice el Señor.
Preces
Oremos a Cristo, el Señor, que nos dio el mandamiento nuevo de amarnos unos a otros, y digámosle:

Acrecienta, Señor, la caridad de tu Iglesia.

-Maestro bueno, enséñanos a amarte en nuestros hermanos y a servirte en cada uno de ellos.

-Tú que en la cruz pediste al Padre el perdón para los verdugos, concédenos amar a nuestros enemigos y orar por los que nos persiguen.

-Señor, que la participación en el misterio de tu cuerpo y de tu sangre acreciente en nosotros el amor, la fortaleza y la confianza y dé vigor a los débiles, consuelo a los tristes y esperanza a los agonizantes.

-Señor, luz del mundo, que, por el agua, concediste al ciego de nacimiento el poder ver la luz, ilumina a nuestros catecúmenos por el sacramento del agua y de la palabra.

-Concede la plenitud de tu amor a los difuntos y haz que un día nos contemos entre tus elegidos.

Con el gozo de sabernos hijos de Dios, acudamos a nuestro Padre, diciendo.
Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. No nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.

Oración.

Padre lleno de amor, concédenos que, purificados por la penitencia y santificados por la práctica de buenas obras, sepamos mantenernos siempre fieles a tus mandamientos y lleguemos libres de culpa a las fiestas de la Pascua. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Conclusión.
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R, Amén.