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Vísperas – oración de la tarde – lunes 02 mayo 2022

Vísperas

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Himno

Cantarán, llorarán razas y hombres, buscarán la esperanza en el dolor, el secreto de la vida ya es presente: resucitó el Señor.

Dejarán de llorar los que lloraban, brillarán en su mirar la luz del sol, ya la causa del hombre está ganada: resucitó el Señor.

Volverán entre cánticos alegres los que fueron llorando a su labor, traerán en sus brazos a la cosecha: resucitó el Señor.

Cantarán a Dios Padre eternamente la alabanza de gracias por su don, en Jesús ha brillado su Amor santo: resucitó el Señor.

Salmodia

Ant. 1 El Señor será tu luz perpetua, y tu Dios será tu esplendor. Aleluya.

Salmo 122

A ti levanto mis ojos, a ti que habitas en el cielo. Como están los ojos de los esclavos fijos en las manos de sus señores, como están los ojos de la esclava fijos en las manos de su señora, así están nuestros ojos en el Señor, Dios nuestro, esperando su misericordia.

Misericordia, Señor, misericordia, que estamos saciados de desprecios; nuestra alma está saciada del sarcasmo de los satisfechos, del desprecio de los orgullosos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 1 El Señor será tu luz perpetua, y tu Dios será tu esplendor. Aleluya.

Ant. 2 La trampa se rompió y escapamos. Aleluya.

Salmo 123

Si el Señor no hubiera estado de nuestra parte que lo diga Israel, si el Señor no hubiera estado de nuestra parte, cuando nos asaltaban los hombres, nos habrían tragado vivos: tanto ardía su ira contra nosotros.

Nos habrán arrollado las aguas, llegándonos el torrente hasta el cuello; nos habrían llegado hasta el cuello las aguas espumantes.

Bendito el Señor, que no nos entregó como presa a sus dientes; hemos salvado la vida como un pájaro de la trampa del cazador: la trampa se rompió y escapamos.

Nuestro auxilio es el nombre del Señor, que hizo cielo y la tierra.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 2 La trampa se rompió y escapamos. Aleluya.
Ant. 3 Cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos a mí. Aleluya.

Cántico

Bendito sea Dios, Padre de Nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en la persona de Cristo con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

Él nos eligió en la persona de Cristo, antes de crear el mundo, para que fuésemos consagrados e irreprochables ante él por el amor.

Él nos ha destinado en la persona de Cristo, por pura iniciativa suya, a ser sus hijos, para que la gloria de su gracia, que tan generosamente nos a concedido en su querido Hijo, redunde en alabanza suya.

Por este Hijo, por su sangre, hemos recibido la redención, el perdón de los pecados. El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia ha sido un derroche para con nosotros, dándonos a conocer el misterio de su voluntad.

Este es el plan que había proyectado realizar por Cristo cuando llegase el momento culminante: hacer que todas las cosas tuviesen a Cristo por cabeza, las del cielo y las de la tierra.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 3 Cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos a mí. Aleluya.

Lectura Hb 8, 1b-3a

Tenemos un sumo sacerdote que está sentado a la derecha del trono de la Majestad en los cielos. Él es ministro del santuario, y de la verdadera Tienda de Reunión, que fue fabricada por el Señor y no por hombre alguno. Todo sumo sacerdote es instituido para ofrecer oblaciones y sacrificios.

Responsorio

V. Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya, aleluya.
R. Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya, aleluya.

V. Al ver al Señor.
R. Aleluya, aleluya.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya, aleluya.

Cántico Evangélico

Ant. Esta es la obra de Dios: que creáis plenamente en aquel que él ha enviado. Aleluya.

Cántico de la Santísima Virgen María

Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de su misericordia como lo había prometido a nuestros padres en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Esta es la obra de Dios: que creáis plenamente en aquel que él ha enviado. Aleluya.

Preces.

Con espíritu gozoso, invoquemos a Cristo, a cuya humanidad dió vida el Espíritu Santo, haciéndolo fuente de vida para los hombres y digámosle:
Renueva y da vida a todas las cosas, Señor.

-Cristo, salvador del mundo y rey de la nueva creación, haz que, ya desde ahora, con el espíritu vivamos en tu reino, donde estás sentado a la derecha del Padre.
Renueva y da vida a todas las cosas, Señor.
Señor, tú que vives en tu Iglesia hasta el fin de los tiempos, condúcela por el Espíritu Santo al conocimiento de toda verdad.
Renueva y da vida a todas las cosas, Señor.

-Que los enfermos, los moribundos y todos los que sufren encuentren luz en tu victoria, y que tu gloriosa resurrección los consuele y los conforte.
Renueva y da vida a todas las cosas, Señor.

-Al terminar este día, te ofrecemos nuestro homenaje, oh Cristo, luz imperecedera, y te pedimos que con la gloria de tu resurrección ilumines a nuestros hermanos difuntos.
Renueva y da vida a todas las cosas, Señor

Porque Jesucristo nos ha hecho participar de su propia vida, somos hijos de Dios y por ello nos atrevemos a decir:

Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. No nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.

Oración.

Dios todo poderoso y eterno, que suscitaste a San Atanasio como preclaro defensor de la divinidad de tu Hijo, haz que nosotros, iluminados por sus enseñanzas y ayudados por sus ejemplos, crezcamos en tu conocimiento y en tu amor. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Conclusión.

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R, Amén.