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Vísperas – oración de la tarde – miércoles 15 junio 2022

Vísperas

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Himno

Señor, tú eres mi paz y mi consuelo al acabar el día su jornada, y, libres ya mis manos del trabajo, a hacerte ofrenda del trabajo vengo.

Señor, tú eres mi paz y mi consuelo cuando las luces de este dí acaban, y, ante las sombras de la noche oscura, mirarte a ti, mi luz, mirarte puedo.

Señor, tú eres mi paz y mi consuelo, y aunque me abruma el peso del pecado, movido por tu amor y por tu gracia, mi salvación ponerla en ti yo quiero.

Señor, tú eres mi paz y mi consuelo, muy dentro de mi alma tu esperanza sostenga mi vivir de cada día, mi lucha por el bien que tanto espero.

Señor, tú eres mi paz y mi consuelo; por el amor de tu Hijo, tan amado,
por el Espíritu de ambos espirado, conduce nuestra senda hacia tu encuentro. Amén.

Salmodia

Salmo 125: Dios, alegría y esperanza nuestra.
Ant: Los que sembraban con lágrimas cosechan entre cantares.

Cuando el Señor cambió la suerte de Sión, nos parecía soñar: la boca se nos llenaba de risas, la lengua de cantares.
Hasta los gentiles decían: «El Señor ha estado grande con ellos»
El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres.

Que el Señor cambie nuestra suerte, como los torrentes del Negueb.
Los que sembraban con lágrimas cosechan entre cantares.

Al ir, iba llorando, llevando la semilla; al volver, vuelve cantando, trayendo sus gavillas.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant: Los que sembraban con lágrimas cosechan entre cantares.

Salmo 126

Ant: Que el Señor nos construya la casa y nos guarde la ciudad.

Si el Señor no construye la casa, en vano se cansan los albañiles; si el Señor no guarda la ciudad, en vano vigilan los centinelas.
Es inútil que madruguéis, que veléis hasta muy tarde, que comáis el pan de vuestros sudores: ¡Dios lo da a sus amigos mientras duermen!
La herencia que da el Señor son los hijos; su salario, el fruto del vientre: son saetas en manos de un guerrero los hijos de la juventud.
Dichoso el hombre que llena con ellas su aljaba: No quedará derrotado cuando litigue con su adversario en la plaza.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant: Que el Señor nos construya la casa y nos guarde la ciudad.

Cántico

Colosenses 1,12-20: Himno a Cristo, primogénito de toda criatura y primer resucitado de entre los muertos

Ant: Él es el primogénito de toda criatura, es el primero en todo.
Damos gracias a Dios Padre, que nos ha hecho capaces de compartir la herencia del pueblo santo en la luz.
Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas, y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido, por cuya sangre hemos recibido la redención, el perdón de los pecados.
Él es imagen de Dios invisible, primogénito de toda criatura; porque por medio de Él fueron creadas todas las cosas: celestes y terrestres, visibles e invisibles, Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades; todo fue creado por Él y para Él.

Él es anterior a todo, y todo se mantiene en Él.
Él es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia.
Él es el principio, el primogénito de entre los muertos, y así es el primero en todo.

Porque en Él quiso Dios que residiera toda la plenitud. Y por Él quiso reconciliar consigo todos los seres: los del cielo y los de la tierra, haciendo la paz por la sangre de su cruz.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant: Él es el primogénito de toda criatura, es el primero en todo.
Lectura Ef 3,20-21
A Dios, que puede hacer mucho más sin comparación con lo que pedimos o concebimos, con ese poder que actúa entre nosotros, a él la gloria de la Iglesia y de Cristo Jesús por todas las generaciones, por los siglos de los siglos. Amén.

Responsorio

V/. Sálvame, Señor, y ten misericordia de mí.
R/. Sálvame, Señor, y ten misericordia de mí.

V/. No arrebates mi alma con los pecadores.
R/. Y ten misericordia de mí.
V/. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo
R/. Sálvame, Señor, y ten misericordia de mí.

Cántico.

Ant: El Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo.
Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación.
Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia como lo había prometido a nuestros padres en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant: El Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo.

Preces

Invoquemos a Dios, que envió a su Hijo como salvador y modelo supremo de su pueblo, diciendo:

Que tu pueblo te alabe, Señor.

– Te damos gracias, Señor, porque nos has escogido como primicias para la salvación; haz que sepamos corresponder y así hagamos nuestra la gloria de nuestro Señor Jesucristo.
– Haz que todos los que confiesan tu santo nombre sean concordes en la verdad y vivan unidos por la caridad.
– Creador del universo, cuyo Hijo, al venir a este mundo, quiso trabajar con sus propias manos, acuérdate de los trabajadores, que ganan el pan con el sudor de su frente.
– Acuérdate, también, de todos lo que viven entregados al servicio de los demás: que no se dejen vencer por el desánimo ante la incomprensión de los hombres.
– Ten piedad de nuestros hermanos difuntos y líbralos del poder del Maligno.
Llenos de fe, invoquemos juntos al Padre común, repitiendo la oración que Jesús nos enseñó:

Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. No nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.

Final

Llegue a tus oídos, Señor, la voz suplicante de tu Iglesia, a fin de que, conseguido el perdón de nuestros pecados, con tu ayuda podamos dedicarnos a tu servicio y con tu protección vivamos confiados. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
Amén.