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Vísperas – oración de la tarde – miércoles 25 mayo 2022

Vísperas

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor date prisa en socorrerme.

Himno

Hoy rompe la clausura del surco empedernido el grano en él hundido por nuestra mano dura; y hoy da su flor primera la rama sin pecado del árbol mutilado por nuestra mano fiera.

Hoy triunfa el buen Cordero que, en esta tierra impía, se dio con alegría
por el rebaño entero; y hoy junta su extraviada majada y la conduce al sitio en que reluce la luz resucitada.

Hoy surge, viva y fuerte, segura y vencedora, la vida que hasta ahora yacía en honda muerte; y hoy alza del olvido sin fondo y de la nada al alma rescatada
y al mundo redimido. Amén.

Salmodia

Ant. 1 No se turbe vuestro corazón; tan sólo creed en mí. Aleluya.
– Salmo 61 –

Sólo en Dios descansa mi alma, porque de él viene mi salvación; sólo él es mi roca y mi salvación, mi alcázar: no vacilaré.

¿Hasta cuándo arremeteréis contra un hombre todos juntos para derribarlo
como una pared que cede o a una tapia ruinosa?

Sólo piensan en derribarme de mi altura, y se complacen en la mentira:
con la boca bendicen, con el corazón maldicen.

Descansa solo en Dios, alma mía, porque él es mi esperanza; sólo él es mi roca y mi salvación, mi alcázar: no vacilaré.

De Dios viene mi salvación y mi gloria, él es mi roca firme, Dios es mi refugio Pueblo suyo, confiad en él, desahogad ante él vuestro corazón, que Dios es nuestro refugio.
Los hombres no son más que un soplo, los nobles son apariencia: todos juntos en la balanza subirían más leves que un soplo.
No confiéis en la opresión, no pongáis ilusiones en el robo; y aunque crezcan vuestras riquezas, no les deis el corazón.

Dios ha dicho una cosa, y dos cosas que he escuchado: «Que Dios tiene el poder y el Señor tiene la gracia; que tú pagas a cada uno según sus obras.»
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 1 No se turbe vuestro corazón; tan sólo creed en mí. Aleluya.

Ant. 2 ¡Oh Dios!, que te alaben los pueblos, que se alegren por tu salvación. Aleluya.

– Salmo 66 –

El Señor tenga piedad y nos bendiga, ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos, todos los pueblos tu salvación.

¡Oh Dios! Que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben.
Que canten de alegría las naciones, porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud, y gobiernas las naciones de la tierra.
¡Oh Dios! Que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben.
La tierra ha dado su fruto, nos bendice el Señor, nuestro Dios. Que Dios nos bendiga; que le teman hasta los confines del orbe.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 2 ¡Oh Dios!, que te alaben los pueblos, que se alegren por tu salvación. Aleluya.

Ant. 3 Su resplandor eclipsa el cielo, la tierra se llena de su alabanza. Aleluya.

Cántico

Col 1, 12-20

Damos gracias a Dios Padre, que nos ha hecho capaces de compartir
la herencia del pueblo santo en la luz.

Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas, y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido, por cuya sangre hemos recibido la redención, el perdón de los pecados.

Él es imagen de Dios invisible, primogénito de toda creatura; pues por medio de él fueron creadas todas las cosas: celestes y terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades; todo fue creado por él y para él.

Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él, Él es también la cabeza del cuerpo de la Iglesia. Él es el principio, el primogénito de entre los muertos,
y así es el primero en todo.

Porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud. Y por él quiso reconciliar consigo todas las cosas: haciendo la paz por la sangre de su cruz
con todos los seres, así del cielo como de la tierra.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en un principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 3 Su resplandor eclipsa el cielo, la tierra se llena de su alabanza. Aleluya.

Lectura breve

Hb 7, 24-27

Jesús como permanece para siempre, tiene un sacerdocio eterno. De aquí que tiene poder para llevar a la salvación definitiva a cuantos por él se vayan acercando a Dios, porque vive para siempre para interceder por ellos. Y tal era precisamente el sumo sacerdote que nos convenía: santo, sin maldad, sin mancha, excluido del número de los pecadores y exaltado más alto que los cielos. No tiene necesidad, como los sumos sacerdotes, de ofrecer víctimas cada día, primero por sus propios pecados y luego por los del pueblo.
Esto lo hizo una vez por todas, ofreciéndose a sí mismo.

Responsorio breve

V. Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya, aleluya.
R. Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya, aleluya.

V. Al ver al Señor.
R. Aleluya, aleluya.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya, aleluya.

Cántico evangélico

Ant. El Espíritu me glorificará, porque recibirá de mí lo que os irá comunicando. Aleluya.

Cántico de la Santísima Virgen María
Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de su misericordia –como lo había prometido a nuestros padres– en favor de Abraham y su descendencia
por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Espíritu me glorificará, porque recibirá de mí
lo que os irá comunicando. Aleluya.

Preces.

Imploremos a Dios Padre, que por la resurrección de su Hijo de entre los muertos nos ha abierto el camino de la vida eterna, y digámosle:

Por la victoria de Cristo, salva, Señor, a tus redimidos.

Dios de nuestros padres, que has glorificado a tu Hijo Jesús, resucitándolo de entre los muertos, convierte nuestros corazones, para que vivamos la
nueva vida de tu Hijo resucitado.

Por la victoria de Cristo, salva, Señor, a tus redimidos.

Tú que nos has devuelto al Pastor y guardián de nuestras vidas, cuando éramos ovejas descarriadas, consérvanos en fidelidad a tu Evangelio, bajo la
guía de los obispos de tu Iglesia.

Por la victoria de Cristo, salva, Señor, a tus redimidos.

Tú que elegiste a los primeros discípulos de tu Hijo de entre el pueblo de Israel, revela a los hijos de este pueblo el cumplimiento de las promesas que hiciste a sus padres.

Por la victoria de Cristo, salva, Señor, a tus redimidos.

Acuérdate, Señor, de los huérfanos, de las viudas, de los esposos que viven separados y de todos nuestros hermanos abandonados, y no permitas que vivan en la soledad los que fueron reconciliados por la muerte de tu Hijo.

Por la victoria de Cristo, salva, Señor, a tus redimidos.

Tú que llamaste a tí a Esteban, el cual confesó que Jesús estaba a tu derecha,
recibe a nuestros hermanos difuntos que esperaron tu venida en la fe y en el amor.

Por la victoria de Cristo, salva, Señor, a tus redimidos.

Digamos ahora todos juntos la oración que nos enseñó el mismo Jesús:
Padre Nuestro …
Oración.
Concédenos, Señor, que, así como ahora celebramos en la fe la gloriosa resurrección de tu Hijo Jesucristo, así también merezcamos regocijarnos con todos los santos, cuando vuelva él triunfante al fin de los tiempos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Conclusión.

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal
y nos lleve a la vida eterna.
R, Amén.